Ellos no distinguen un desfile de un combate no distinguen entre cuadrarse y el descanso no distinguen entre un corral y el empedrado de la plaza de la victoria para ellos es lo mismo un lugar que el otro una senda en el monte que lleva a lugares ignotos o ir formados en la escuadra de custodia del presidente, los caballos muestran sus
nervaduras cada vez que van a abrir el culo para tirar la bosta si van al
galope se frenan de golpe arrancan de nuevo viven y mueren con los soldados,
pastando alborotan como ninguno, ellos no tienen no pueden tener ni idea que se
encuentran en un campo de batalla mantienen sus pasos holgados cortitos
seguidos, los caballos se enervan, relinchan bufan resoplan como si quisieran
hablar como si quisieran quejarse, la primera vez que el mariscal mayor de los
paraguayos se dio cuenta que los traicioneros de la alianza le ganarían por
mucho que él pusiera, fue en Tatayibá donde se trenzaron cerca de tres mil
almas en un combate de caballería, puros caballos torpezas en el campo de
batalla, bestias de más de cuatrocientos quilos cayendo de los balazos y las
puñaladas recibidas de los mañosos jinetes que intentaron hasta que les dio las
fuerzas no aflojar en sus monturas, es que a diferencia de otras veces de otros
combates de otras zarandeadas los cuerpos tirados la sangre fluyendo los
hedores, esta vez fueron más de las bestias que de los cristianos, que también
murieron pero más que diezmados por las armas de la contienda, por
aplastamientos de esas criaturas del señor cayendo y manoteando por salir de
esos infiernos, la primera vez que el mariscal mayor de los paraguayos se dio
cuenta que le ganarían por mucho que él pusiera, fue por esos campos cercanos a
Humaitá donde los hombres de Caxias emboscaron a los suyos piratas sin códigos
porque los encontraron desprevenidos.

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