No es que están locas parecen
locas porque andan despeinadas y mugrientas, hace rato que vienen temiendo por
sus hijos entonces son más que locas porque andan con miedos y con hambre y con
sed y con otras carencias porque nadie les pregunta nada y ellas tienen que
preocuparse de sus propios sustentos, durmiendo en cualquier lado en ranchos
desconocidos en galpones, la Basilia y la Maria y todas las mujeres no es que
están locas con el general brigadier general paraguayo don Francisco que a
veces en las noches manda dos guardianes a elegirle entre ellas porque saben
que andan juntas una hembra, es que según lo que dicen que es insaciable, pero
ellas no van detrás de ese ejército de fantasmas que van detrás del mariscal
mujeriego, ellas van por detrás de sus pequeños maldiciendo la hora que algún
consejero de todos los que sabrá tener en Asunción le habrán dicho o le dijeron
que los chicos también hacen número sean en las brigadas de infanterías sean en
las brigadas de caballería, y que se les puede enseñar a disparar los fusiles y
usar una bayoneta, así y todo pueden usar un cuchillo si lo llevan y abrirlos a
esos maulas de los brasileños por la barriga, la Basilia y la María no van
detrás del mariscal y tampoco detrás de esos enemigos que son también
compatriotas y más que majaderos traicioneros, ellas están en Piribebuy, porque
allá andan caminando por detrás de sus guaguas calzadas con uniformes enormes
confeccionados de apuro en las fábricas para las milicias que pelean contra la
triple alianza, van llorando y entonces también participan cuando se arman los
combates, por eso guardan en sus morrales las piedras que encuentran en los
caminos las más grandes mejores porque bien apuntadas desnucan a los que atacan
por eso guardan en sus morrales las piedras y los pedazos de vidrios y otros
utensilios punzantes que les sirven para meterse en el combate o en los combates
de todos los que vienen pasando donde los que son de la alianza los derrotan a
los paraguayos, y así van y pueden proteger a sus niños que las llaman llorando
a moco tendido, la Basilia y la María y todas las mujeres, no es que están
locas con el general brigadier, ni siquiera lo obedecen cuando él les dice que
se vuelvan a sus casas y ellas no se quieren volver sin sus niños que son
obligados a pelear por los oficiales del comandante Caballero que anda
resoplando cada vez que pasa revista y repitiendo lo mismo que los brasileños
con los otros los de la aldea, que son como veinte mil hombres que al lado los
mil quinientos que ellos completan contando a los menores a los viejos y a las
mujeres que se meten porque tienen a sus hijos adentro, mil quinientos contra
veinte mil no son nada.

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