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Thursday, July 18, 2013

Marchas rima contramarchas.


El calor de diciembre la humedad que se siente y se desplaza con la neblina que circula cerca de los pantanos, los mosquitos que dificultan las concentraciones porque atacan de a cientos de miles, la falta de agua todo se junta como una contra para las fuerza del mariscal brigadier don Solano López que en medio de esos pantanales desde su tienda de campaña, solo como una ostra porque los oficiales desaparecen por muertes o deserciones, va ordenando a sus comandantes pero sobre todo a sus  lugarteniente Bernardino Caballero resistir todo lo que pueda, atacar primero replegarse si lo considera necesario retroceder atacar de nuevo con avances envolventes por más que sean como tres veces más en cantidad de soldados artillerías y pertrechos, mientras el otro sin escucharlo demasiado le enumera los fracasos las pérdidas, y las razones por las que ahora después de cuatro años de andar entre victorias y derrotas, después de tantas desventajas en números de soldados y en artillería importada y pagada con los créditos conseguidos en Londres, deben replegarse por qué deben y tienen que replegarse para qué, para reforzar ese ejército que tienen que es cada vez más un ejército de pocos varones que van quedando menos esos valientes voluntarios que se unen en los pueblos en los lotes de campañas apenas cosecheros algunos otros peones de cargas convertidos por la fuerza y contra su voluntad en soldados maltrechos de escuadras enteras de un ejército que además cuenta con niños y mujeres porque los varones van muriendo o van desertado unos tras otros, por brava esa igual de brava que otras por esos días por la gracia de fuerzas de los aliados es que después salieron a decir que fue la batalla paraguaya de las puertas calientes de las termopilas, esa batalla que algunos relatan de griegos y persas hace miles de años, en el arroyo de Ytororó las columnas concurridas de brasileños uruguayos y aldeanos que castigaron a los paraguayos y les restaron todas las posibilidades de defender asunción, de todos ellos de los vivos y de los muertos el único que no se cansa es el brigadier mariscal que no se rinde aunque algunos anduvieron sembrando la cizaña que ya ni se acuerda porqué están peleando, el da las órdenes para andar y los otros no avanzan aunque avanzan aún cuando él no de las ordenes, su oficial Caballero es más que uno del montón de oficiales que durante todas las jornadas van u vienen heridos transportados en carretas a las carpas donde los cirujanos los cosen y les dan pócima para que se recuperen.


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