Se han ganado varias batallas
otras se van perdiendo como las últimas los aliados han entrado en Asunción y a
nadie le alcanzan los pertrechos para sacarlos, en Piribebuí la Basilia pelea
por tironear niños del infierno de la maleza que arde en infinitas llamas, es
que por buscar a dos de los suyos va encontrando muchos tirados, llorando a
moco tendiendo, hediendo en medio de los hedores de los otros que transpiran
por las fiebres y la heridas que tienen, de a uno o de a dos va encontrando a
otros pequeños que preguntan por sus madres que ella sabe que andarán por allá
igual que ella inhalando y exhalando ese humo que a ratos es blanco y de a
ratos negro retinto, buscando lo que no encontrarán encontrando lo que no
buscan, las fuerzas sus fuerzas le dan para arrastrarlos unos metros y dejarlos
al menos cerca del arroyo que no tranquea para volverse a meter en el huno
denso a buscar lo que no encuentra y casi seguro que no encontrará, la Basilia roñosa
y con laceraciones de quemaduras en todo el cuerpo se conforma en ese drama que
desataron estos brutos que buscan al brigadier Solano López, llora y saca
fuerzas de donde no tiene para seguir con lo que hace, cobardes de porquería
que si lo quieren podrían buscarlo directamente a él en vez de andar matando
paraguayos, después de tanto lío que hacen por uno solo es que andarán buscando
otras cosas ladrones de porquería venirse desde lejos para matarlos a diestra y
siniestra de campinas y de la aldea de salto y de corrientes de donde hay
muchos desertores, la Basilia reniega mientras llora rezando una y otra vez a
su virgencita de Caacupé ellas le pide que la convierta en valiente como los
indios guaraníes que la quisieron desde siempre aunque no las tenga que le de
las fuerzas para tener las pelotas que tuvieron esos indios que le resistieron
hasta la muerte a esos invasores que les vinieron a quitar lo que tenían, y
reza avemarías y padrenuestros que apenas aprendió de los curitas que llegaban
a su pueblo, ellos le enseñaron que cuando se sienta que el mundo se le viene
abajo haga lo que está haciendo, reza pide vuelve con sus oraciones la Basilia
y vuela y va tironeando guaguas que ni sabe si están vivos o muertos, suma
niños en el lugar donde los va dejando después de sacarlos del campo de batalla
pero no se pone a contar cuántos van quedando sacrificados, sin las tres
estrellas de esa virgen morena madre de todos los que quedan rezagados entre
los sembradíos de yerba destrozados pisando la pasiflora del fruto de las
mujeres que como la virgen están para andar protegiendo a las proles, en ese
campo donde proliferan al mismo tiempo los odios y las sañas la maldad y hay
más serpientes que tropas que escapan arrastrándose de las llamaradas.

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