Después de Curupaytí en los
interminables sitios de Humaitá quedaron los tendales de muertos de heridos y
de tocados en todos los sentidos de las palabras porque además de las bajas de
la triple alianza y la de los propios paraguayos, de quienes ganaron en las
escaramuzas para perder en las batallas en los combates de fondo, de quienes
perdieron en entreveros menores para ganar en entreveros mayores, de todos los que
quedaron tirados en las fosas de las trincheras que más que trincheras quedaron
como tumbas improvisadas de milicianos que cayeron por decenas, que más que
como tumbas improvisadas quedaron como charcos de aguadas infectadas con
cadáveres flotando de despojos de hombres con uniformes diferentes, de brasileños
de patricios de la aldea de uruguayos de paraguayos en contactos de ingrávidos
como si se estuvieran tocando, como si se hubieran estado hermanando en sus
destinos póstumos, con la excepción de los ingleses que prestaban las plata
para todos estos entreveros, también se dieron de baja a los oficiales
extranjeros especialmente esos veteranos rescatados de los ejércitos franceses que
cobraban jornales más elevados que los oficiales locales por su habilidades en
las batallas en los sitios ofensivos y defensivos, que después de los años en
la cuña de Humaitá no sirvieron al final para ganar o perder para andar
perdiendo o ganando comparados con los estragos del cólera la fiebre amarilla y
las pestes, que corrieron en esos campos donde los paraguayos ganaron muchas
batallas porque conocían más de esos mares de juncos y de calas de los
pantanales que servían para esconderse y aparecer de repente atacando como los
yacarés y todas las alimañas que superviven en esos tajamares, no sirvieron sus
conocimientos de guerras que se acababan donde aparecían las inclemencias del
tiempo como las lluvias el calor y lo mosquitos que son más efectivos que los cañones
las tercerolas o las bayonetas que al final hicieron que ganaran los otros, lo
mismo que los oficiales del almirante Tamandaré anduvieron pidiendo que Mitre
dejara de meterse porque al final las partidas más grandes de soldados son las
del emperador Pedro segundo.

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