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Sunday, July 28, 2013

Deposiciones rima invasiones.



Camposantos permitidos en trincheras abandonadas para amontonar cadáveres a razón de media docena por día óvalos de pastizales cercanos quemados también para quemar cadáveres a razón de unos cuantos por día, olores pestilentes hileras de mierda de líquido blanco aguachento en cada centímetro de las huellas abiertas para llegar a los pozos ciegos habilitados en la campaña para los soldados de un lado o del otro carpas para atender de urgencia a los enfermos con vómitos incontenidos tres por cuatro leguas más o menos desde la desembocadura del rio hasta Humaitá, mucho tiempo estuvieron en ese cuadrilátero resistiendo la invasión de más de cincuenta mil hombres de la triple alianza los paraguayos hasta que comenzaron las deposiciones, como al año del primer desembarco de los brasileños que unas veces invaden y otras se tienen que aguantar ser invadidos como esos traicioneros de la aldea que van en la retaguardia siempre en la retaguardia que es el lugar en el que quedan los cobardes, los soldados unos tras otros comenzaron a cagar a infectarse mutuamente con sus heces más o menos contaminadas armas más mortales que las propias de la artillería o de la caballería de los caballos diezmados por el hambre, aunque en eso funcionó como en los combates las cantidades de milicianos voluntarios e involuntarios, y los oficiales de los bandos desbordados en habilidades para las guerras, en guerras largas donde hay novedades como esta y el cólera puede hacer lo que no hacen las armas ni las indicaciones de estrategias o las tácticas, cuando al tata dios se le ocurre llegan las plagas y las enfermedades y se acaban las ambiciones de los hombres, de hombres como el mariscal Francisco Solano López, como Mitre o como los oficiales de Pedro segundo.  

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