Cuando los vecinos no se meten
directamente con los asuntos internos lo hacen indirectamente confiados como que
son mayores en números, encima han firmado con los otros traicioneros una
alianza, más soldados más gentes en las selvas más pueblos donde vive gente a
la que no le interesa el bando ni un bando de los que dicen de los que se las
pasan peleando, por tierra por plantaciones por haciendas, ellos serán un
imperio y por acá quedan las brigadas de campesinos y de baqueanos del paraná
guazú pero hay valientes de un lado y del otro y hay patriotas, así que el
mariscal personalmente se metió a navegar en el estuario por el delta del san
Lorenzo y por las desembocaduras del manduvirá detrás del buque ese, anhambaí que
unos dicen que lo botaron los ingleses anahmbaí y otros los mismos brasileños
con dos potentes cañones, a perseguir esa barcaza que se anda buscando para
darles un escarmiento con casco de hierro en movimiento por ruedas laterales
movidas por una maquina a vapor, dos ruedas con grandes aspas que entran y
salen con dificultades de las aguas barrosas movidas con dos cilindros
verticales y oscilantes de cuarenta caballos de fuerza, se leía toda la
información que le traían sus oficiales para debilitar a estos prepotentes de
brasileños que no vienen nunca por al mato groso y se acuerdan del mato groso
ahora que saben que él anda, porque ellos lo espoliaron primero como si fuera
una de esas rimas de gallo que también disfruta cuando cruza por los caseríos
de delta, el regente paraguayo supremo en persona detrás de ese vapor de esa
máquina un monstruo de madera y hierro alimentado por una caldera de forma
rectangular con dos bocas de fuego, monstruo de dos cabezas con una eslora de
cuarenta y un metros una manga de ocho y un calado de un metro con veinte, dato
que aseguraba que lo tenía que encontrar encallado en esos cauces de agua
barrosa, atacar para esperar el contraataque, no muy lejos de allá por donde navegan.

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