Medico después de soldado y
soldado después de ciudadano de los franceses deportados sin que fueran
deportados porque nadie lo corrió ni nadie los corrió aunque después del enano
emperador no eran considerados, por ser sus siervos de él y no siervos de la
monarquía, marchados al exilio en la aldea por cuenta propia y de ese Rivadavia
que por orden de un tal Pueyrredón anduvo por allá buscando reyes para un lar
digno de un principado allá lejos en las américas, exiliado igual que otros
para no tener represalias de nadie, de nostálgico el unitario nomás que se ha
vuelto al tuerto capitán de la primera compañía del segundo escuadrón del
cuarto regimiento de las fuerzas de Ituzaingó y de Bacacay siempre con los
unitarios que igual que el otro ese que anduvo por allá por acá también podrían
haber cambiado las matemáticas y los nombres de los meses aunque con un rey al frente, se le escapan las lágrimas y
las babas y las palabras cuando se acuerda de su larga carrera y entonces los
que le rondan cerca para cuidarlo que no se ande golpeando la cadera se
molestan y se enferman con el viejo que está achacoso pero que no pierde la
conciencia ni las ganas de jorobar, él que fue siempre más soldado que médico en
sus años de mozo cuando apenas cumplió los dieciocho y también más soldado que
ciudadano desde temprano, primero y en sus comienzos para el corso cuando
apenas andaba con dieciocho años y se alistó con el grado de cabo el ocho de
ventoso del año siete de ese calendario difícil que cuando lo terminaron de entender
lo prohibieron y lo echaron en desuso, cuando anduvo con todos los
revolucionarios, y después en los días en que lo estuvo sirviendo con lealtad como
quince años hasta que al otro lo mandaron a Santa Elena para que se deje de
meter en las cuestiones de los reyes, cuando pasó de oficial con jinetas en el
onceavo regimiento de tiradores de la guardia imperial, y después cuando recaló
por Rivadavia en el río de la plata exiliado como otros buscados allá por ser
contrarios a la monarquía, republicanos y bonapartistas que lograron subirse a
un barco antes que los sumariaran, teniente del batallón cazadores de la patria
que la patria es la que cobija a sus hijos como a los hijos de la república
perdida, fue siempre más soldado que médico en sus años de mozo cuando apenas
cumplió los dieciocho y también más soldado que ciudadano desde temprano, fue
el encargado de recibir los restos del general por orden de los convencionales
en el año de mil ochocientos sesenta y cinco, nadie supo entonces, lo que él
supo todo el tiempo, cuando para que el cuerpo no se siguiera descomponiendo y
los rosistas no lo encontraran, lo descarnó entero con las prácticas y las
meticulosidades que el conoció como cirujano antes que como soldado antes que
como ciudadano antes que como el teniente del primer escuadrón del tercero
regimiento coraceros defensores de la aldea, en las batallas de patriotas
contra patriotas.

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