El sapo cancionero de la zamba no es porque este ni sueña junto a su laguna ni es tenor de los charcos ni grotesco trovero que esté embrujado por amor a la luna, con el perdón del sapo por traer
lo que aporta que es una bocota y una lengua que se estira mucho como para
pescar un mosquito al vuelo o moscas también que también andan por los aires
volando en las atmósferas cercanas, con perdón del sapo por robarle la figura
de batracio pacífico, ¿se puede ser traicionero y poeta al mismo tiempo?, ¿no
renunciar a la libertad de pobre que brinda mantenerse con los principios
propios cuando se escriben poesías y aceptar la esclavitud de rico de vender
los principios propios por un peso como cuando no se escriben poesías?, siervo
el hijo como siervo el padre alguna vez en algún momento de sus propias
historias allá lejos cuando servía la sopa caliente a sapos glotones que se
sentaban en mesas reservadas del opulento hotel de los empleados jerárquicos
que llegaban por el ingenio de lejos para hacer auditorias que en realidad eran
parte de purgas que de tanto en tanto se tomaban para dejar en la calle al
treinta por ciento de los trabajadores sin indemnizaciones ni resarcimientos
cuando los sindicatos igual que el esclavo chico se vendían por un peso a la
voluntad de los patrones que les dictaban las letras para armar sus asambleas, siervo
el hijo como siervo el padre cuando se desvivía por llegar con sus platos
hondos de lozas blancas con filigranas azules con el nombre de la empresa que
también estaba en las servilletas y en los manteles y en el ajuar del hotel de
los jefes, al sapo mayor que por sus predisposiciones lo fue premiando el jefe
de las relaciones públicas y de mozo que era le terminó regalando el hotel para
que fuera patrón porque se lo vendió en cuotas a cincuenta años, de pobre a
rico sin escalas el padre le besaba las manos al sapo panzón de las relaciones
públicas que también abría las piernas para comer más que en otras
oportunidades en los locros del doce de octubre o en la empanadas del
veinticinco de mayo, y de agradecerle mucho ya se hizo un padre obsecuente y
chupamedia, siervo el hijo como el padre alguna vez que le pudo dar un buen
pasar al chico que pudo leer y porque de lo que pudo leer sin apremios de una
panza que sonara se hizo poeta y anduvo de reconocimientos y premios por mucho
tiempo hasta que le vinieron a comprarle la vida del mismo sapo de relaciones
públicas que lo hizo rico a su padre pobre, y lo entregó nomás como batracio
traicionero, que los hay por cierto.

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