Allá en un pedacito de selva
apenas una cuña que entra desde el centro boliviano, donde el cielo de día y
mirado desde abajo parece un cuadro de manchas azules que apenas se distinguen
en medio del follaje verde amarillo y rojo de los árboles, de esos mismos
árboles desde donde la emprenden hacia arriba mirados desde abajo manadas
enteras de loros en los atardeceres, abriendo en vuelo que hacen de a docenas
de a cientos, un abanico un arco iris de muchos colores, chillando dejando el
eco chillando de nuevo los loros parecen quejosos inmortales porque siempre
están y se presiente que no son los mismos pero ahí están con lo años los
mismos, de esos mismos árboles que parecen fantasmas tristes en las noches
solitarias fantasmas inofensivos y silenciosos y mudos, fantasmas diablos de
mentirita que ni siquiera meten miedo, allá en un pedacito de selva apenas una
cuña que entra desde el centro boliviano a esta tierra de mierda en donde la
gente se ama y se destroza con la misma cara en donde la gente hace negro y
blanco sin que se le mueva una sola facción de su cara, apenas una cuña rodeada
de chaco de valles de puna donde las corsuelas deambulan silenciosas e
invisibles donde una media docena de ríos secos pintan el paisaje desolado de
un agua que no llega nunca lo que no importa porque cerca están las aguas
termales de caimancito a las que llegan los reumáticos y los lunáticos a
curarse de más cosas de las que curan esas aguas, allá ahí mismo nací en el
único pueblo que nace y que muere cada año a lo sumo cada par de años cuando llegan los ingenieros civiles y en unos dos meses levantan media docena de casas de material donde vivirán los capataces y más de un centenar de pabellones y ranchos para los zafreros solteros y para los otros que vienen con la familia y los casados y también improvisan una iglesia y un cementerio y le entregan al borracho que siempre se queda un mamotreto de actas con las hojas en blanco para que anote los nacimientos que se den por esos meses porque cuando llueve los caminos se anegan como para ir por el trámite al pueblo más cercano, así nace y se pone como viva la aldea, hasta que después que los patrones la recogieron con pala no solamente la caña de azúcar sino también a la plata que los chupamedias recaudan en los puestos de ventas llegan las topadoras con obreros que trabajan doce por doce y con tres de esas moles destrozan todo para dejar de nuevo ese páramo vació solitario un pozo de selva por un tiempo donde las espinillas y las calas de humedales salteados invadirán lo que fueron los jardines temporales en las casas del lote un desierto salvo el sucucho del gringo Matos una mezcla de casa cantina y pulpería que se la dejan en pie para que cuide el predio propiedad privada de los patrones que tienen miles de hectáreas el ñato del gringo que se queda con el borracho del juez de paz chupando unos vinitos hasta el próximo año, mi
querencia que hoy está y mañana no está mi querencia presente y ausente que se
mueve como se mueven los hombres que cada año van y vienen a la zafra, mi querida
querencia el talar en el departamento Santa Bárbara de la provincia más norteña
de esta tierra de mierda, que es presencia y ausencia como yo mismo que estoy
presente y ausente.

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