A la propia entraña de la
pachamama Pangitruz, o como lo escribía cuando lo llamaba para comunicarse con
los traicioneros de los huincas el más leído de todos esos capitanejos
obedientes hasta el último aliento Paguithruz el cacique Mariano Rosas, pasó a
la otra vida igual que vivió con paz y dignidad y con todo poco o mucho que
necesitaría para el viaje que emprendió, tres de los mejores caballos y la
yegua más fértil para renovar los caballos, el viaje es muy largo más largo de
lo que puede imaginarlo entre pedregales seguro nunca se es tan buenos como
para encontrar buenos caminos en montes desconocidos, más largo el vieja de los
que puedan imaginarlo cualquiera de los que quedan de este lado, es un viaje
eterno así que el sabrá lo que hará con esos preciosos animales que él más
cuidaba cuando estuvo por acá, allá se estará yendo en ese viaje largo desde
acá para allá en ese lugar de nubes y viento donde se viaja solo donde no hay
más traicioneros como Lauquelén, bien lejos allá donde se piala, se cuerea y se
sala solo digan lo que digan los diarios “Las exequias que los Ranqueles han
hecho al cacique Mariano Rosas, muerto hace unos días han sido verdaderamente
regias. El cuerpo de Mariano ha estado expuesto a la puerta de su toldo por
espacio de veinticuatro horas y lo rodeaban más de doscientas mujeres que
lloraban como las antiguas plañideras. Todos los objetos de que se servía en
vida, estaban a su cabecera, es decir el apero, lazo, boleadoras, etc. A las
veinticuatro horas después de haber dejado de existir fue llevado a su última
morada, acompañándolo todos los indios de Ramón, de Caiomuta, de Epumer y
Baigorria [Baigorrita]. Las mujeres lloronas, seguían las angarillas, en que
iba conducido por cuatro mocetones. Llegado que hubo el cortejo al sitio donde
debía ser sepultado el cadáver, varios cautivos e indios procedieron a abrir un
gran hoyo. Mientras unos hacían esta operación, otros degollaban tres de sus
mejores caballos del finado y una yegua gorda. Después de haber concluido de
abrir el hoyo, se hicieron las ceremonias de estilo. En la fosa se sepultaron
los caballos, la yegua, varias prendas del finado, etc., para que pueda
emprender el largo viaje con felicidad. Encima de todo se puso el cuerpo de
Mariano, y los primeros que echaron tierra sobre su cadáver, fueron los
capitanejos. En ese mismo lugar han pasado dos días, las mujeres llorando, y
los hombres desechando penas, es decir emborrachándose. He aquí como cumplen
sus últimos deberes los hijos de la Pampa.”

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