Cuando llevaba más o menos como
diez años de cautiverio Mariano Rosas se escapó y se volvió a patas a la
toldería descalzo por medio de los montes agrestes pisando espinas astillas de
los troncos raídos se fue de corajudo no más caminando sin compañía
aguantándose las lastimaduras que las janas y las hojas filosas de los plátanos
o de la caña de azúcar donde había plantaciones le lastimaran el cuero curtido
de indio ducho y joven, raspando los músculos de los brazos y del pecho poblado
como lo brazos y la piernas de surcos de rasguños con sangre y tierra y mugre
que no pasaron a infecciones por el calor que venía de un sol que partía la
tierra también en grietas, iba decidido con el rumbo que otros hermanos que no
pudieron escapar con él le indicaron, con más dudas que evidencias, porque no
sabía muy bien qué fuera lo que iba buscando cuando llegara a la toldería de su
padre que según la versiones de los otros cetrinos vivía por allá, unos le
dijeron que él era de linaje otros que no se confiara demasiado lo confundieron
porque de cuando lo agarraron en un malón con otros niños jugando en las playa
del río no se acordaba y las otras son versiones que viajan con los matacos,
esa fue la primera vez que lo dieron por muerto, por los menos en los partes de
una docena de fortines que servían de custodias por la entrada en la aldea de
generales y oficiales que reportaron al zorro de Roca, esa fue la primera vez
que redactaron actas describiendo que lo encontraron desnudo y deshidratado en
un paraje del monte chaqueño una partida del ejército nacional que volvía de
una reunión con el ulmanato para acordar la paz esa paz que es lo contrario de
la guerra que pangitruz conoce, así lo llamaron los hermanos que lo ayudaron a
escapar.

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