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Saturday, May 11, 2013

Muchas rima pocas.


Muchas rima pocas.
Fayol no supo cuál de las ciudades encantadas es la que vio, antes de verla ya conocía muchas ciudades de la misma ciudad muchas versiones de la misma versión, una ciudad distinta por cada uno de lo que lo contaba de los que llegaban a contarlo porque había también unas cuantas historias con los que no llegaban a contarlo porque palmaban antes, muertos y ahogados había de tanto en tanto en tanto muertos y despojados, los salvajes dicen que ahí viven los dioses y entonces hay un castillo para cada uno de ellos y lo que se ve que sobresalen del ras del agua son la torres de las docenas de castillos de ese limbo de indios poderosos e inmortales, allá están también sus tesoros eso es lo que dicen, los paisanos blancos dicen que ven en la ciudad encantada edificios de adobe como en la aldea con casa señoriales y jardines del paraíso, allá también están sus pertenencias guijarros de oro cuchillos de plata brazaletes y collares, los gauchos ven las casas de mandinga de varios mandingas que en medio de las tormentas vienen a pelear con la pachamama, y que allá están también los baúles llenos de botines de se rebalsan de monedas de los incas o de vaya a saber de quién de dónde las trajeron y cómo porque los que trajeron tienen que haber venido en caravanas enteras, y así cada uno tiene su versión de lo que no ha visto porque también están los que dicen que son todos unos mentirosos y que no hay nada que se puede ver en el espejo de agua del lago, ni perros ni gatos no loros ni langosta hace más días de fríos de congelarse como en los picos de las montañas, que los días del verano, nadie anda a campo traviesa así no más deambulando sin rumbos y menos en los días de tormenta cuando el día se vuelve noche y la noche se vuelve una tempestad que trae el día por segundo en la claridad de la luminosidad de los rayos, y los vientos enojados arrastran tierras y arenillas que andan en el aire desde los cerros de la cordillera cuando la vista se acorta y cerca no quedan ni sapos ni lagartijas, Fayol no supo cuál de las ciudades es la que vio para él mismo que la vio unas cuantas veces, de cuando anda en borracheras y discute que lo que hay no es una ciudad sino un dinosaurio de tres cabezas que emerge cuando presiente que los peones andan cerca para pasarse uno, de cuando anda sin borracheras y se trepa a la lomada para mirar por horas ese redondel de agua azul que se pierde en la montaña a la distancia, del agua azul que se confunde en el horizonte con el redondel celeste del cielo congelado, muchas son las versiones de la ciudad que jamás nadie ha visto pocas son las ciudades de la ciudad a la que él fue a la que volvió.

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