Encantadora la ciudad la
encantada ciudad que tantos encantadores tesoros sus encantados habitantes le
dieron al encantador cacique Fayol, flota de la nada en la ciénaga emerge como
un monstruo brillante en el medio de la marisma no tiene forma ni ojos ni
escupe fuego como los monstruos más temidos, mágica la ciudad que no está ni en
las mágicas orillas mágicas del mágico y magnífico lago gogol no está en medio
de los pinares circundantes ni más allá donde están los cauces por donde baja
muy rápido el agua de los derretidos glaciares, a menos de una legua de las
mágicas tolderías de sus indios recios y guerreros mágicos y encantadores,
sublime ciudad que aparece en las sublimes tormentas en las extraordinarias tormentas
del verano sublime, cuando los magníficos nubarrones negros quedan arrinconados
en magníficos paredones majestuosos murallones de rocas que se elevan hasta el
cielo en la cordillera grandiosos nubarrones que aparecen con ruidos y
refucilos encantadores que alumbran por segundos el resplandor de la ciudad
encantada, es una ciudad vacía sin gente en las calles tal vez con gente en sus
ranchos, es un emporio con riquezas hay perlas tiradas en las calles más sus
magníficos tesoros que el encantador cacique va amontonando en algún rincón de
la montaña donde no va ni conoce nadie cuando sale de ese portento después de
zambullirse de la ciudad cargado de piedras preciosas y monedas acuñadas en el cusco,
elevada ciudad que aparece en las eminentes tormentas en los sublimes vendavales
encumbrados del invierno sublime, cuando son más borrascas de nieve que tempestades
de agua en la estación en que todo se congela menos la encantadora ciudad
encantada de la que el cacique trae sus tesoros, el encantador cacique que
encantado de borrachera en borrachera anda diciendo por ahí en medio de los
indios que lo acompañan que para qué querrá el hombre riquezas que a lo mejor
es para comprarse algo en la otra vida, que a lo mejor más allá de la
encantadora ciudad que se encuentra en el fondo del lago, hay quien vende y
compra la vida después de la muerte, cada vez que lo escucha el encantado amigo
el encantador perito Moreno termina con lo mismo diciendo que todo eso son
porquerías de locos.

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