El día que el cacique de mierda se
zambulló en el lago gogol en el verano de mil ochocientos ochenta, el cacique
Fayol un mapudungun tranquilo para los que lo ven sano en las cosechas y en las
guerras a veces cuando Sayhueque le pide apoyo para armar sus sanguinarios
malones lo busca y lo entona igual que a los matacos que andan con él y así se
mandan todos a poner el pecho y revolear las boleadoras y dar en el blanco con
sus lanzas blancos que son los pechos de esos huincas de porquería, el cacique
Fayol un tehuelche de mierda peleador y sanguíneo en las tardes de opíparas
libaciones cuando se junta con otros como él para compartir pacíficas
borracheras, el mismo día que se zambulló en el lago gogol en el verano de mil
ochocientos ochenta cayeron rayos y truenos de fuego cruzaron el cielo, nadie
estuvo con él ni antes ni después de ese chapuzón en medio de la tormenta de
vientos en todas direcciones y aguas de cielos encapotados, en esa inmersión de
las que muchos cuentan que volvió cargado de tesoros recónditos de la ciudad
encantada lleno de oro y de plata y de diademas y de rubíes que agarró de allá
de donde sobra de donde no hay problemas de hambre ni guerras fratricidas todos
tienen todo, de allá donde son los dioses bondadosos porque de este lado
quedaron los malos, en esa ciudad que aparece y desaparece de repente en el
espejo del lago y desaparece con la mano extendida de alguno queriendo
agarrarla esa arquitectura bella intangible que todos conocen por versiones
pero nadie conoce de haber ido y vuelto y además con fortunas de del cuerpo y
del alma, él no contó sus secretos el cacique Fayol no cuenta menos cuando anda
entrancado por días perdido con los otros indios que lo siguen, el no cuenta
menos va a contar que estuvo allí pero andan por ahí los voceríos, ese día no
volvió a sus toldería se fue a vivir al pueblo con sus amigos los blancos, unos
dicen que trajo los tesoros las joyas y los adornos de oro y de plata de sus
mayores los incas que desapareció con ellos, otros dicen que allí lo amenazaron
para que no cuente, que allá le dieron las riquezas pero le compraron la
libertad el alma y las ganas.

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