Otras muertes unas cuantas
muertes más aparecieron del cacique Mariano Rosas en el horizontes de los
chismes de la aldea, en los ocasos caldeados de los veranos o en los amaneceres
escarchados de los inviernos en la pampa, otras muertes parecidas a esas
muertes primeras a la primera muerte a la segunda aparecieron para que el zorro
más zorro de todos los zorros de la aldea se entusiasmara estas veces como
otras veces, por las muertes en las batallas de las que después resultó
resucitado como si nada como si lo de su muerte hubiera sido una mentira
inventada para que sus enemigos se pongan contentos, muertes de enfermedades
que lo enviaron a los limbos lejanos apestando de olores a podridos sin
curanderos cerca que prendieran sahumerios olorosos para volver purificado,
otras muertes que llevaron y que trajeron por los puntos cardinales los correos,
mientras él y unos cuantos de sus capitanejos vestidos con las túnicas de gala
y las pecheras robadas a los blancos, para que él y los más bravos pudieran
juntarse por días, para hablar de sus labranzas de sus gentes de la paz como
ellos la conocen antes que vengan los blancos a quitarle los lugares para
hablar de civilización cuando la hacen de salvajes, cuando el tranquilo Mariano
les ordena que se queden para emprenderlas con esa fumatas del opio que los
salvajes baqueanos y conocedores cosechan para él en lugares elegidos y
escondidos en el monte, allá donde llegan ellos solamente y ni pisan los
milicianos, esos tributos que le traen para él o para quién él lo disponga para
eso es el cacique mayor para eso anda todo el día ocupado de su gente por eso
lo quieren vivo o muerto lo seguirán queriendo, para cuando llegaran las
fumaciones que son lo mismo que las fumatas ordinarias pero con más ceremonias
y protocolos en chozas que preparan en carnavales que se extienden varias lunas
y entonces además de borrachos andan embadurnados detrás de vírgenes que
presumidas y en celo esperan que las alcancen.

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