De fregar una y otra vez la
vagina con heridas de la india se tuvo que contagiar el altivo, el placer está
más allá de las angustias de los miedos de las inseguridades, de rozar una y
otra vez esas zonas húmedas abiertas para él terminó apestado, las versiones
son eso, apenas secretos que van de oído en oído que no son mentiras ni
verdades tampoco, leyendas que pueden ser de esas que hay que mirar antes de
asegurarlas, son chismes que se llevan y traen que cambian opiniones y ordenes
si se dieron, como contestando a las correos que le llegan de la aldea, que así
como le llegan que haya correos que salen que si aprendió algo en las estancias
del colorado que le puso el apellido, allá donde trabajó con los cueros el sebo
las cerdas, es que también los indios son capaces de andar organizados como
andan organizados los blancos, armar sus producciones vivir en paz con
ausencias de guerras, en las mismas guerras en las labranzas los indios como lo
hacen los blancos, como contestando a eso que le trajeron, que el presidente
Mitre sigue negociando con los traicioneros como LLanquelén que en otras lunas
la lunas malas lo entregó a los huinca cuando apenas tuvo nueve años, ahora es
el propio cacique el que hace el que inventa el cuento de su próxima muerte
para sacar más provecho, el manda por aparte a sus caciques a negociar con el
barbudo, sumando lo que les da es más de lo que él mismo conseguiría, con la
ventaja que tiene que el otro esté siempre más pendiente si está muerto si
verdaderamente ha muerto y no que anda vivo, poderoso y respetado como es, lo
que sus capitanejos traen al cabo es más de lo que él obtendría de ese que él
no quiere ni mirarle la cara, hay que confundirlos como se confunden siempre,
con los mismos traicioneros que se prestan, a los huinca a los blancos
mentirosos y sarnosos, para andar entregando a sus hermanos de tribu pero
también a sus hermanos de madre, la próxima vez esta vez aprovecha el cacique
pangitruz, una partida de baqueanos y salteadores que de casualidad anduvieron
cazando corzuelas cerca de las tolderías, para hacer correr la voz para que
avisen que por fin murió, de nuevo, de sífilis con un par de úlceras
importantes y la espalda cubierta de sarpullido que no se baja, hizo contar que
se cortó su racha con la última virgen que metió en su toldo que el brujo
después de lo que pasó, después del contagio del cacique, anduvo desparramando
que él sabía que la doncella no era doncella que la había desflorado un sucio
soldado del ejército nacional un roñoso contagiado de chancro.

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