Tuvo sus épocas de andar con los
más brutos metido con los criollos en los ejércitos nacionales haciendo tareas
que no le gustaron pidiendo relevos, nadie niega después de mucho tiempo de
andar en los círculos más selectos de los grupúsculos de alcurnia que el
maestro tiene encima maneras y poses de hombre educado como es preocupado por
la educación de sus compatriotas no de todos los compatriotas, sólo de los
decentes de los que adoran la civilización que viene del país de norte para
donde le gusta ir al gentleman todas las veces que pueda con viáticos de la
república, va y viene muy seguido ahora que anda de senador y de hombre
público, trabajando para mejorar la educación de los más atinados y no de los
bárbaros esos indios y esos gauchos que hay que borrar del mapa, a los indios
para terminar de ordenar los territorios y dárselos a las gentes decentes que
se traen en los barcos de otras latitudes con sus oficios para hacer lo que
dice el otro que gobernar es poblar, y a los gauchos porque son unos taimados
enemigos encubiertos que andan con los federales y no con los unitarios, ellos
son la barbarie, los que no van a las escuelas que ha fundado con ese ramillete
de maestras que se trajo el hombre para fornicar como es un fornicador
incasable, que es lo que le gusta cuando descansan las damas después que les
enseñan a los que no saben las primeras letras a sumar y a restar a los niños
de los inmigrantes que rebalsan las escuelas de la aldea, el conserva sus
maneras suaves aunque sabe ser tenaz y crudo no siempre comprendido cabalmente
desde sus años mozos cuando cambió fácilmente de federal para hacerse unitario
en las milicias del general Paz, nadie niega al contrario le reconocen aunque
hay círculos donde no cayó nunca ni cae ni caerá porque ha escrito en la ciento
y una ¿por qué compararme, Alberdi, con los hombres más manchados de sangre
sólo porque me les parezco en mi vanidad?, ¿no siente Alberdi toda la atrocidad
de estas injurias, más atroces todavía
por la calma infernal con que son vertidas?, ¡relea usted su libro, Alberdi, y
recuerde y se dijeron que hay complicidad de la prensa
en las guerras civiles de la República Argentina una conclusión que no cosechó
muchos adeptos, menos del otro cuando escribió que la prensa no es escalera para asaltar la familia y su
secreto, no es llave falsa para violar la casa protegida por el derecho
público; no es el confesionario católico que desciende a la conciencia privada,
el que así la emplea, prostituye su ejercicio y la degrada más que los tiranos.

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