A los gauchos alrededor de los
fogones les gusta contar su historia y decir que aunque el ilustre maestro los
persiguió a todos mientras pudo llamarlos la barbarie y convencer a los que lo escuchaban
en la aldea, que también el ilustre gaucho Santo Guayama anduvo mucho por mucho
tiempo desde siempre por el monte con su poncho rojo de los gritos federales,
unas veces peleando otras veces cantando y otras veces muriendo de morir diciendo
los versos que portaba en su memoria, anduvo altivo con su chiripá y el
calzoncillo cribado y la guitarra colgada poeta de nueve lunas como las nueve
lunas en que fue dado por muerto, por esos que más que matarlo quisieron
matarlo todas esas veces como lo hicieron más con la pluma y la palabra que con
el facón como se mata a un gaucho, a él justamente que más que morirse ya
cabalgaba muerto entristecido y al paso de su caballo en el monte, a él que justamente
que cuando lo fusilaron un día después de matarlo en los papeles que circulaban
con los chasquis de posta en posta de cabildo en cabildo, esa misma cantidad de
veces dicen algunos que por ahí mil ochocientos noventa, cuentan los payadores
que su caballo indómito mordió como a seis soldados del batallón de
fusilamiento el criollo José de los Santos Guayama tuvo con eso su revancha, lejos
de su escondite donde alguna vez había llegado por primera vez después de haber
matado a dos ladrones, a la Lagunas de Guanacache donde vivió toda su vida en
las frontera de las provincias cuyanas, en desiertos con oasis enclavados y enclaves donde
se juntan las montañas de la pre cordillera por las que bajan las aguas
cristalinas y llegan a las termas que curan los dolores a cualquiera, allí armo
su rancho, en las tierras de los indios huarpes o en las partes de esas mismas
tierras por donde no llegaron por entonces los depredadores de los blancos si
los blancos que se cruzaron con ellos, un gaucho de buenas maneras y querido eso
fue querido por la gente de los pueblos nunca se quedó con nada del producto de
sus saqueos ni él ni Agapita González su china, una pila de años después de
esos tiempos después de un tiempo cuando ya nadie lo recordaba cuando apareció
al frente de una banda de salteadores de caminos que fue haciéndose cada vez
más importante y temida los habitantes del lugar lo respetaban porque compartía
con ellos el producto de sus tesoros, como otros habitantes de las lagunas fue
un importante soldado de las fuerzas del Chacho Peñaloza fue jefe del Batallón
Laguneros luego que a este lo fusilaron.

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