Descansos para recuperar las
fuerzas aflojar los músculos para estar en forma, velan antes de los combates y
allí corren los cuentos por los fogones que hay tantos fogones como grupos que
se juntan a calentarse en medio de las noches en el chaco y a comerse lo que se
haya asado, así van con yetapá en la punta de las cañas de bambú yetapá las
tijeras o las partes de las grandes tijeras que acarrean en los baúles en los
que llevaban en otros tiempos los botines y donde fueran que quedaran con las
tolderías, cuando fueran enemigos de los blancos que ahora son sus amigos,
yetapá en sus lanzas en las varas que sirven tanto para combatir como para
hacer de pastores como los curas leen que enseña Moisés que a esos los condujo
a la tierra prometida peleando con otros que le entendían si levantaba su vara
o si la bajaba para que ellos avancen para que se detengan, no como estos de
los paisanos de la aldea que ahora después de perseguirlos por años en el desierto
para darles las tierras a los huayra aparecen ahora que los necesitan, desde
Lavalle el restaurador y el zorro que es el presidente, y les dan uniformes del
ejército nacional, como los otros indios nacidos de los nacidos antes de otros
que nacieron antes de otros nacidos de otros indios de hace mucho que son como
las tijeretas que aparecen y desparecen como de golpe como si vinieran y si se
volaran y se esfumaran en el cielo allá donde está, él es el que los hizo como
la miel silvestre fuerte y positiva si no se la hace aguachenta, Taygoyik el
toba piogonak y cornudo que en cautiverio mira al horizonte y habla por su
cuenta de sus tiempos cuando comenzó como oficial de las fuerzas nacionales en
los frentes de la guerra con Paraguay, amo del virín y virín de clavar las
miradas en los pájaros para leer lo que cuentan o los mensajes que llevan y
traen del cielo y el infierno averiguarlo en sus cantos y en calmar a los
perros cuando se embravecen por los celos o por el hostigamiento, el toba
cacique de prestigio entre los suyos el que les arma relatos del secreto de los
secretos de Tupá que hace que las almas de los que mueren de los que deben
llegar al cielo, lo hicieran volando con unas alitas que el les manda a la
tierra por medio de sus emisarios unos pajaritos chiquitos que vienen y se van
de golpe aparecen de golpe y de golpe desaparecen unos pajaritos con unas
alitas invisibles, para llegar al ibaga ese paraíso al que quieren ir todos
pero al que van algunos si son indios buenos, ese bueno y generoso de Tupá que
le da una alma a un ave para que lo lleve y lo cuide, y si es más o menos bueno
quien haya tenido vida en vida la persona a quien pertenecía, anda siempre
revoloteando por lugares hermosos, les cuenta siempre de esa mujer la costurera
que andaba con la tijera a su cintura teniéndola ahí para usarla en cualquier
momento hasta que su madre murió una noche de invierno, cuando el frío era muy
intenso y los dioses del viento soplaron muy con fuerza porque la otra anduvo triste
su alma triste andaba con la tijera así suspendida al ritmo de su paso y triste
que brillaba al reflejo de la luz cuando ella va de un lugar a otro así enfermó
de tristeza y de dolor, tan gravemente que no fue posible salvarla por eso Tupá
llevó su alma al cielo y allí creó para albergarla un pájaro de plumaje negro,
con la garganta, el pecho y el vientre blancos cuando hubo terminado ella lo miró
y miró a Tupá como intentando pedirle una tijerita y allí Tupá le alargó la
cola a los virín, lo cuenta en las noches ventosas en el desierto cuando
esperan a esos guachos de los paraguayos.

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