El no pudo aguantar de andar
triste menos en esa aldea donde hay mucha gente mucha más gente de lo que
fueron ellos mismos cuando fueron guerreros antes que los lleven con ellos y
les enseñen a vivir como cristianos le dicen a él y con él a todos pero él fue
siempre un entusiasmado con la vida que le han prestao como le dicen los brujos
de andar corriendo pata pilas sin nadie que le marque las cosas como se las
marcan, uno de los primeros españoles que llegaron a las tolderías, el
brigadier o algunos de sus cercanos alguno de ellos con rango entre la chusma, se
la regaló a ese tatarabuelo que no conoció y que ahora recién cae que le
hubiera gustado estar con él en las campañas, donde el otro guerrero como los
de antes recio y corajudo, degollaba huincas a mansalva los abría de punta a
punta como no hacía siquiera con las bestias más temidas del monte, según lo
que fueron contando los capitanejos que tuvo, considerando que anduvieron sus
antepasados viviendo no más de treinta años bien gastados con el fervor y la
faena de las batallas para correr a todos esos que como el restaurador llegaron
a sus tolderías a robarle lo que juntaron, uno de esos españoles le hizo ver al
viejo por primera vez una tijera que después ya cuando vino él desde el mismo
vientre de su madre india también, una sola pieza con dos cantos filosos que
ellos se las ingeniaron para quedar con uno, fabricaban ellos mismos con el
metal que bajaban desde los socavones fundido en ánforas puestas al fuego
intenso que cuidaban ellas las ninfas las propias y las cautivas de caderas con
formas como le gustan, esas armas filosas esas puntas que van consiguiendo, ellos
y no ellas a puro frote de piedras y con paciencia que ellos mismos fueron
inventando eso de ponerlos en las puntas de los palos que conseguían en el
monte donde andan las tijeretas que son como ellos para vivir y para morir sin
muchos líos ruidosos en la vida silenciosos en sus muertes, armas con las que
matan blancos si antes no se asustan que es lo que él como lo indios prefieren
antes de ajusticiarlos, todo eso se le pasa por la cabeza a Nicolás el viejo y
noble cacique que llegó a su destino terminando una ligera carrera de minutos
perseguido por los empleados y el director del museo de ciencias naturales su
amigo el perito Moreno, todo eso se le fue pasando por la cabeza en la ligera
carrera entre un cuartucho que ocupaba y la sala central, eso es lo que nadie
sabrá con certeza, eso es lo que se entendió entre sus gritos de muerte, allá
bien arriba el cacique como si se hubiera parado en la tranquera del mismo
cielo o en el alambrado del infierno.

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