Pages
▼
Saturday, December 01, 2012
Alianzas rima desacuerdos.
Solamente imposturas, mentiras urdidas como si se estuvieran haciendo tejidos en los telares de los indios que mezclan las hebras y los hilos con la misma destreza que mezclan estos los cuentos y las versiones, ni cuerdos porque no saben distinguir las cuestiones personales de las otras cuestiones de las que los involucran a todos ni lerdos ni perezosos son, unitarios o federales republicanos o mazorqueros, unos locos todos los que andan en este gran entrevero parece un pericón de esos que bailan los paisanos con sus chinas solamente en los días de fiestas populares cuando andan todos paseando por las calles y las quermeses que organizan los curacas para juntar vituallas para sus capillas, cuánta razón le está dando por estos días el restaurador al general de los andes a su amigo el protector de los peruanos esos traicioneros que nunca terminaron de aceptarlo, cuánta razón le va dando el restaurado a su general exiliado de no meterse en estas rencilla intestinas que terminan siendo peor que las luchas que emprenden con los extranjeros que vienen para quedarse con el comercios las ganancias y los pocos negocios interesantes que hay en la aldea, por no meterse en estos embrollos de acuerdos que los llevan a los gauchos de un lado para otro como si estuvieran bailando un gato, los unitarios del norte entrando en componendas con los federales de oriente, los federales cismáticos del naciente negociando con los federales cuyanos los unitarios cuyanos haciendo acuerdos con los federales del norte, los federales mediterráneos peleados con los federales de la aldea y negociando con los federales cismáticos santafesinos que a la vez hicieron algunas negociaciones con los unitarios santafesinos, como para entenderlos exclama en todas las oportunidades el restaurador y ahí se acuerda de su general emblemático confinado por allá en el sur de la campiña francesa, el restaurador reniega con la carta de López en la mano donde el otro le dice que ningunas relaciones había tenido yo con Don Pancho Reinafé que mereciesen la pena de ocuparse de una correspondencia y ella es que, poco antes y después de la desgracia del General Quiroga, ese hombre me mandó un diluvio de chasques seguidos, y casi todos ellos tan sin asunto que ni contestación exigían, al principio no me ocurrió ni me pudo ocurrir la causa de esos chasques más, ahora que estoy en el caso de fijarme en todo, deduzco que fue un ardid para hacer entender que existían entre él y yo grandes relaciones, acaso con el fin, como ya he dicho, de parapetarse de algún modo, mientras yo, conducido por el deseo de la paz, y de que terminasen los disturbios entre Ibarra y Reinafé, hacía uso de cuantos arbitrios me sugería mi razón para conseguirlo, son para mí tan incontestables las razones que presenta usted en su carta sobre las sospechas que hay contra los Reinafé en la muerte del General Quiroga y su comitiva, que si el Gobierno de Córdoba me hiciese alguna observación sobre lo que le digo en mi oficio y en la carta de la misma fecha, estoy en la resolución de copiar al pié de la letra todas sus observaciones y remitírselas en contestación, un gobierno que se queja de otro y este otro gobierno que se queja de un tercero en largas misivas que los chasques llevan al galope de un lado para otros, para qué involucrarse con toda esta jauría de traicioneros leales y desleales que no le dan ninguna importancia a los compromisos que toman de palabra o comprometen su palabra.

No comments:
Post a Comment