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Saturday, March 24, 2012
suertes y azares
Suertes y azares.
Al fin y al cabo al cabo Agustín Quiñones la suerte siempre le va en contra o siempre está en el lugar equivocado o siempre está en el lugar correcto toda su vida fue así, inoportuna plagada de imponderables y entonces anda siempre desorientado como si estuviera viviendo en otro mundo distinto al mundo de sus compañeros los otros cabos de los patricios de los mismos sargentos que se quedaron con los soldados y de los mismos soldados que lo aprecian mucho, cuando los otros están llegando a él le toca estar partiendo cuando sube es porque los otros están bajando, a veces Agustín Quiñones piensa en esto como una cábala más que nada cuando los finales no son catastróficos que son algunas veces porque otras se vive perdiendo, oportunidades que los otros u otros ganan, al fin y al cabo el cabo estuvo en la casilla del pozo ciego cuando fue lo peor de la asonada de Rondeau, que como si se viniera el cielo abajo en un día de tormenta vino con ruidos y temblores de paredes precarias de barrio y adobe, que así quedó todo tapado por una neblina de nubes y polvo y arenas levantados con las bombas que cayeron en el mismo patio de las temporalidades justo en un lugar que está lejos bien lejos de la casilla del pozo ciego que son cuatro troncos sujetos al piso con otros tantos y unas lonas para que no se vea lo que el que está adentro está haciendo, que bien puede ser lo que él hizo durante los minutos que duró el ataque del coronel hasta que los sargentos enviaron emisarios con la consigna del alto el fuego y de la rendición deponiendo armas e insubordinaciones, y él cagando, así se salvó porque varios de los compañeros con los que estuvo antes de ir tirándose pedos cuyos ruidos se apagan con los ruidos de las bombas cuyos ruidos se apagan con las descargas de los fusiles cuyos ruidos se apagan con los ruidos de los gritos de los quejidos de los llantos cuyos ruidos se apagan con los murmullos de las comadronas que deambulan curando y reparando lo que hacen las balas y las esquirlas dejan en el cuerpo de los cristianos hasta el baño estuvieron muertos o mutilados cuando volvió como a los quince minutos, todo cruzado como las noches que vinieron las mujeres que alguien tenía que hacer la guardia fuera del cuartel de las temporalidades y justo se le ocurrió al sargento Acosta que él fuera el elegido, todas sus suertes todos sus azares están amontonados, sus suertes están echadas.

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