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Tuesday, February 28, 2012
siembras
Siembras.
Como si fueran acres y más acres de sembradíos de hortalizas o frutales parecidos a lo que pisó cuando fue niño en las inmediaciones del retiro cuando seguramente estuvo a cargo de algún pariente que ni recuerda pero sí recuerda mucho antes de entrar al hospicio, como si fueran campos de batallas sembrados de heridos y de muertos y de personas y de bestias y de comedidos nutridos por la sangre corriendo en surcos que se abren también con la lluvia y el barro, como fue en curupaytí o en San Pedro o ahí mismo cuando vinieron las dos veces los piratas a querer apoderarse de la aldea, cuando despertó, después de segundos minutos u horas, el agua de la olla del infierno sigue en plena ebullición, el terreno sembrado por todos lados al costado arriba, más abajo en los establos, siembras de voluptuosidades de excesos de sexos de fruiciones de procacidades de la promiscuidad que circula entre unos y otros o entre unas y otros con la sífilis y los aromas fuertes del revoltijo sin higienes, el sargento vio a su dama tendida a su lado todavía sin sus lienzos y con sus piernas bien abiertas como esperando nuevas arremetidas, pero en medio de su borrachera sintió compasión por la mujer que ocasionalmente le dio hasta el alma y arropándola con lo que encontró a mano se la llevó en andas hasta el pescante de un par de vigas que en forma de ve sostienen las chapas de una pequeño pesebre que alguien por algún motivo levantó dentro del galpón donde la fiesta llegó a su paroxismo, el galpón de la cuadra de los soldados sembrado de sensualidad y de lujuria contenida en las mujeres semi desnudas arriba de hombres con sus torsos descubiertos, dos mujeres y un hombre dos hombres amontonados y desmayados, más allá hombres sin los pantalones de brin blanco de sus impecables uniformes con mujeres de pechos inmensos y expuestos, el cuartel de las temporalidades convertido en burdel por obra y orden del sargento Alfonso para darles a los hombres una alegría después de días de estar acuartelados esperando las reacciones de los doctores de la junta que fue grande pero que ahora se hizo tan chica que manda solamente Rivadavia, cuando la dejó abandonada a su suerte tuvo la impresión que de tanto penetrarla él debe haber dejado sembrado tal vez otra cosa, y un sentimiento de ternura instantánea lo invadió dos segundos.

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