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Sunday, February 26, 2012

cruxificciones

Crucifixiones. Ellos tuvieron capellanes como cirujanos mayores que van a todas las batallas subordinados a los mandos repartiendo pócimas y bendiciones, les enseñaron las imágenes de Jesús derrotado extenuado olvidado, ellos tuvieron capellanes como cirujanos mayores que ahora no están porque se fueron con los oficiales superiores por la invitación de ellos que no quieren involucrarlos para que los del cabildo no se las agarren con ellos, lo del pelo largo y las coletas los distinguió desde los tiempos que los doctores y los comerciantes del centro reclutaban grupos urbanos a sueldo como ellos mismos, y los montañeses y los arribeños y los famosos andaluces que era más de afuera que de adentro de la tierra, ellos tuvieron los curacas que andan curando de penas y de angustia como los galenos curan de las heridas del cuerpo, en ese cuerpo que no tiene nada que ver el pelo corto o largo como lo tuvo el mismo nazareno, y algunos capellanes que andan bendiciendo a los heridos dando sus extremaunciones amputando culpas cosiendo consuelos y desconsuelos desangrando los espíritus y las almas, para que lo que estuvo descompuesto se componga para que lo que estuvo rancio deje de estarlo y la vida comience de nuevo, pero el sargento no le dio nunca importancia a los curacas los observó desde lejos los miró de reojo, y ahora no se arrepiente porque está en la puerta misma del infierno, en medio de un menjunje donde el placer se lleva sin culpas y la satisfacción sin más trámites que apropiarse de lo que se quiere, su compañero Alfonso dispuso que todo el dinero de la tropa se gaste en aguardiente y mujeres, y él hasta que se incorporó a los patricios como a lo veinte él fue siempre un gaucho matrero, no anda con vueltas ni pidiendo esos permisos que pregonan esos curacas, nacido y criado en las adversidades de la desierta extensión de la pampa que comienza casi ahí mismo donde se encuentra el último vestigio de la aldea y se extiende nadie cuenta muy bien hasta dónde de la plana y extensa llanura, siempre fue un varón curtido con los problemas fueran del tamaño que fueran para a lucharla por su cuenta, para sobrevivir contra viento y marea, por eso cuando la vio, sonrojada y sonriéndole desde el pescante de una escalera que lleva a los depósitos de víveres de ese lúgubre lugar del cuartel de las temporalidades, inundado de meretrices de señoras de damas solamente por esa noche, de lujuria que excede de torpezas de groserías aplaudidas y consentidas, no dudó ni un instante en arrinconarla hasta que aprisionó las piernas de ella con las suyas y sintió sus tetas tan apretadas a su pecho que escuchó los latidos del corazón confundiéndose con los suyos, su manos arribas como si estuvieran clavadas arqueada todo lo que pudo sometida a su fuerza, y la dama respondiendo de la misma manera con firmeza y ganas y borrachera acomodó sus caderas para hacerse cargo de ese resuelto embate, el sargento la abrazó rodeándola con su brazo izquierdo y con el derecho comenzó la repetida exploración desde afuera hacia adentro, y empujando despacio pero sin aflojar la penetró una cuantas veces, tantas veces como las veces que ella quiso quedar crucificada.

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