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Saturday, February 25, 2012
delirios
Delirios.
Mujeres resignadas y excitadas, gritonas calladas fogosas, meretrices recostadas en los pisos de los pasillos en los peldaños de las escaleras y con las enaguas levantadas, féminas esperando embriagadas en celo la calentura previsible de los varones que van y vienen buscando, hembras con bombachones a medias piernas de después de los encuentros como esperando nuevos encuentros nuevas erecciones de eso que también tira pero no como una yunta de bueyes, damas adormecidas matronas que vinieron a entretenerse, mulatas mezcladas esperando no ser discriminadas en esos juegos placenteros y voluntarios en los propios infiernos, gallegas en climaterios disimulados, francesas en trances de voluptuosidad, en la promiscuidad no se anda especulando si la sirena lo hizo con uno o con otro, si lo hará después si los seguirá haciendo y lo volverá a hacer o lo volvería con el mismo tipo y por las mismas razones que la llevaron para hacerlo la primera vez, esa mezcolanza es lo que le llama la atención al moreno de Domingo que deambula desde hace más de tres horas por cuanto pasillo o escondrijo hay en el cuartel de las temporalidades, si lo vieran los curas que anduvieron por esto predios antes que los corrieran y tuvieran que dejar todos lo bártulos abarrotados que ya a esta altura están desgastados confesionarios púlpitos y santuarios, campanas y campanitas, arrumbados ahora habitados por ratas gastos y algunas alimañas menores, si lo vieran a él caminando por cuanta galería encuentra a su paso de borracho buscando lo que ha descubierto, el revoltijo organizado por sus compañeros los sargentos Alfonso y Enríquez, para los abnegados patricios que están todos entregados e una noche de juerga de sexo re intercambios de satisfacciones y de gozos, Domingo se siente pleno y ahora más que encontró su morena, un delirio.

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