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Thursday, December 08, 2011

afuera y adentro

Afuera y adentro. Ella no se cuidó nunca para que él no lo supiera. No se hizo drama. Ni dramas. Cuando fue la oportunidad ella pidió que la dejara tranquila que no fuera mal pensado y que si no estaba de acuerdo con lo que ella hacía se podían separar, que no será legal pero que es lo más práctico. Ella supo con qué apurarlo. Y en la intimidad sabía con qué apurarlo. Después de una escena de celos se metían en la cama y ella dejaba que el otro le hiciera lo que quería mientras le susurraba perra y santo remedio. Había que aguantarlo, bastante calentón y dotado era el capo. Encima a ella el susurro de él la excitaba. Santo remedio hasta la próxima vez, total ella sabía que el capo estaba casado con la empresa. Que es una manera de decirlo. Las órdenes y los pedidos de ella son menos importantes que los de los patrones. Al otro día de cada lío ella comenzaba de nuevo con sus caprichos y decisiones que al otro le molestaban, especialmente un par de compañeros de la mesa de la canasta que tenían la cara de lo que eran, unos hijos de puta, eso era lo que eran, justo lo que parecían, y otro par de compañeros del tenis en cancha de polvo de ladrillo. Ella se los arrinconaba pero los otros eran unos arriesgados porque para congraciarse cualquiera le llevaba información al capo. Lo hacía adentro o afuera. En su casa o en el club. En un dormitorio, en un corredor, una galería o un pasillo. Adentro, en cualquier parte para que no la vieran. Afuera, en cualquier parte para que la vieran, a propósito. Ella no se cuidó nunca para que él no lo supiera. Sabe que nadie sabe si fornicó o si franeleó, y ella quiere que nadie lo sepa. Menos el otro que está metido todo el día en la oficina. Y ella con semejantes calenturas, de adentro y de afuera.

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