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Monday, November 21, 2011

cambios y conservaciones

Cambios y conservaciones.
Quién se iba a imaginar que el majestuoso se pondría el mameluco en cuenta de alguno de las docenas de trajes que acumuló en sus días de gloria, trajes que combinaban con otras docenas de corbatas que combinaban con una cantidad importante de gemelos y de broches de corbata de oro de plata que combinaban con calzones medias y zapatos que siempre estaban a tono las combinaciones aunque los días no dieran como para que alguien lo comprobara, lujos que se fue permitiendo como el mejor vendedor en la concesionaria de esos auto doce que vendió a montones y le reportaron armarse con un capital como para no laburar para adelante como el capital que le dejó su amigo el secretario general del sindicato de obreros y empelados para que se lo cuidara y que no quería que esté a su nombre que después el volvería a buscarlo cosa que nunca hizo, capitales no tan importantes que él mantuvo ahí nomás solamente con un poco de atención de los enjuagues que hacen los bancos con la guita de los cristianos que él los conoció bien en sus días de vendedor estrella y conoce lo miserable que pueden llegar a ser cuando están a las pesca de nuevos incautos que reemplacen a los incautos que se van muriendo o migrando a otros bancos en los que hay atorrantes parecidos, quién lo iba a pensar que cambiaría sin chistar y le aceptaría a la musa de sus dedicaciones la entrega de esa cosa inmóvil de poco más de diez kilogramos que ella le trajo y le dijo era que su hijo con problemas de atrofia, que se lo venía a dejar que no tuviera miedo de mirarlo y de abrazarlo, que no le escapara con borracheras para escaparse de cosas de las que se acordará inexorablemente mañana para volver a olvidarlas con nuevas borracheras y recordarlas de nuevo como si fuera que ella tuviera autoridad para darle consejos porque al final era el fruto del amor que tuvieron desde que él le mandaba poesía en rollitos de papel que metía dentro de los paquetes de Derby, que los médicos le dijeron que se da cuenta, el niño que le dejó a cargo pleno un poco antes de volverse loca definitivamente y de internarse voluntariamente en el loquero de la villa de las rosas, quién iba a pensar que él siendo como había sido podía sentir el amor más extremo por ese niño que lo miraba sin verlo sin demasiada conciencia que con la mirada parecía pedir la ayuda que no podía armar con frases o palabras, quién iba a pensar que aquel gigoló de tiempos pretéritos se pondría manos a la obra y se encargara personalmente de ir aprendiendo lo que ese niño silencioso que fue necesitando con el paso de los días de los meses con el paso de los años de él que justamente no mostraba filtraciones salvo esos defectos que fue dejando de fumar de chupar, quién se iba a imaginar que él cambiaría y que volviendo a ser lo que fuera antes de ser el majestuosos se diera cuenta que había conservado lo único de valor real que tuvo siempre ser buena persona sin versos ni aplaudidores.

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