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Tuesday, August 16, 2011

rutinas

Rutinas.
Isabel nunca osó quejarse de esa rutina repetida, si como lo murmuraba para ella misma y a veces en el silencio de las mañanas, se trataba de un par o a lo sumo tres horas que eran absolutamente de ella, aunque fuera pesado u riesgoso el trabajo de cargar con leña el horno de la cocina y atizar el fuego que debía estar a pleno cerca de las siete de la mañana, cuando él se levantaba cuando se levantaban lo cinco retoños.
Nunca osó quejarse de esa rutina repetida madrugada tras madrugada de caminar a tientas por el pasillo que separaba su dormitorio de la cocina, ni de tantear a tientas la pila de leña acopiada en la leñera, de buscar con su mano y al tacto en la mesada los fósforos que prendía con sumo cuidado para que Liborio no le sacara en cara el dispendio, uno o dos debían alcanzar desde el comienzo, para el primer calor para la primera lumbre, destellos que le devolvían sus miradas y chispazos que espantaban las reales o las imaginadas tarántulas que se filtraban en los paquetes que se armaban en el monte y los peones dejaban una vez por semana.
Eran momentos para ella sin nadie que la molestara, por eso mucho se molestó cuando comprendió una noticia que Liborio le diera, algo en eso no le cerraba, algo le indicaba un cambio.
Habían comenzado el tendido de la red de gas natural, no supo lo que era pero presintió que por eso ya no habría más cocina a leña, y tampoco esas horas de estar a solas sin nadie que la moleste.



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