Broncas.
Cuando Liborio le dio la noticia con el ánimo de estar dando una gran noticia, mujer dura como el hierro Isabel que era intensa como el fuego y mandona como ella misma, tuvo el presentimiento que esos cuentos eran como un cielo con nubarrones.
Las primeras redes de gas natural se estaban tirando en el centro, y en algunas casas el progreso entraba con las garrafas de cuarenta y cinco kilos transportada por hombres forzudos y morrudos, y gas natural que con la instalación correspondiente permitiría a los vecinos contar con agua caliente y cocina sin leña, todo eso, pensaba, traería todo un cambio en su vida cotidiana.
Y esas noticias la entristecieron, aunque el presagio, vaticinios de congojas propias o los nubarrones fueran para ella solo augurios de cosas que desde ya no quería hacer.
Y no lo iba a hacer, ella era un cometa en la órbita de Marte.
Cabeza dura mujer de rutinas inconfundibles heroína solitaria en cada yugo del día, que empezaba a tientas y apenas con una llama débil en la salamandra, que ella aventaba con un cartón duro y un rastrillo pequeño que le permitía ir acomodando el carbón y las primeras brasas, en esas soledades tuvo la certeza, mujer de armas tomar, para la que las armas eran la espumadera y el cucharón, tuvo la seguridad que con ese augurio aparecerían también sus resistencias que eran resistencias de Ariana.
Mujer de pura fuerza, para andar todas las mañanas haciendo lo mismo, para no enfermarse pero tampoco quebrarse.
Y aunque estuviera en un lugar y en una época en que nadie discutía que había que ser sumisa con el marido, justo con el vivo de su marido que, con el cuento de su trabajo como comisario, se pasaba muchas jornadas afuera y mucho tiempo, tanto tiempo que por esos días, también, supo que el majadero tenía una familia paralela con otra mujer y por lo tanto toda una familia en otra parva de niños parecida a la parva que le hiciera a ella.
Viejo pituco que se hacía el compadrito cuando despuntaba los cuarenta y ella apenas había pasado los quince años, y que ahora se andaba haciendo el distraído porque de eso pasaron como veinte años.
Qué bronca.
O broncas.
Acumuladas broncas.

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