El discurso de las confusiones solitarias.
El problema no fue nunca que por su lado los que quisieran dijeran de sí mismos todo lo perfecto que eran, que nosotros distanciados en el tiempo trabajando de hijos y dependientes debíamos copiar esas perfecciones de tal manera que paulatinamente fuéramos siendo más perfectos, el verdadero problema radicaba en que esas perfecciones eran más declarativas que ejercitadas y que entonces aún sin tenerlo totalmente presente causaba en nosotros choques emocionales tropiezos de sensibilidades y tropezones de vaya a saber que cosas iban formando nuestros caracteres con esas contradicciones entre el decir y el hacer, que se iban haciendo más pronunciadas a medida que el tiempo pasaba e íbamos comprendiendo cada vez más, había distancias que por lo menos parecían infinitas entre los preceptos y las acciones aunque esas acciones fueran nimias e intrascendentes, conjugando que nos dijeran que fuéramos cuando no lo éramos o lo hacíamos mejor de los que ellos lo hacían, comparado nuestro mundo con el mundo que vivían ellos los que estaban más allá de nosotros, y si bien en esas contradicciones estaba la perfección según la opinión de los opinadotes estaba también la imperfección en uno mismo pero también en los otros estaban los aciertos estaba el éxito estaba lo competente lo competitivo estaba lo superlativo, el triunfo el éxito y todo lo opuesto era ajeno, nuestro de nadie más, igual que en las primeras confesiones que encaramos tonel Jesús en la boca, lamentando mencionarlo en vano de nuevo y sin querer porque ya entonces lo quisimos mucho al Nazareno aunque algunos de sus representantes por acá dejaban más que desear mucho más que desear como el cura maricón que pasó por ahí queriendo manosear lo que no debía causando uno de nuestros primeros enojos con los pastores representantes que lo único que hacen cuando son malos es dejarlo mal a El que fue tan cuidadoso, al frente quedaban para nosotros los errores reconocer los errores las equivocaciones las actitudes de saña o injusticia, del lado nuestro estaba lo unilateral lo menos ponderado lo superfluo era propio y sin ninguna posibilidad de que eso fuera diferente, y en eso estuvimos casi solos en apariencia porque con el otro niño y los otros niños y los otros y los otros no compartíamos esas inseguridades y como si esto fuera poco los pocos que contaban de lo que les pasaba no se sentaban con nosotros y tampoco les interesaba sentarse y había unos pocos no pocos que al contrario como eximios alumnos iban apareciendo como adalides de las perfecciones similares a las de los mayores a esas que alentaban vanidades presunciones engreimientos que entonces no nos lastimaron demasiado porque apenas si entendíamos de todo ese conjunto de cuestiones, solitarios anduvimos aprendiendo hasta donde pudimos entonces comprenderlo como lo comprenderíamos después.

No comments:
Post a Comment