Pages

Saturday, July 16, 2011

el discurso del porvenir

Discurso del porvenir.

Venturosos se hubieran venido los días para el rusito, y para el ruso grande también los días como venían, felices eran sin más necesidades de felicidades, felices eran con la vida empezando a cada rato y con un porvenir iluminado, iluminándose en cada una de las ocurrencias de ambos, el más niño abrazando el más grande abrazado, animados se hubieran venido los días para el rusito el quinto hijo después de cuatro chancletas que de todas maneras con tanto mimo para él en el medio también eran muy amadas en el seno de una familia modelo como ellos la tenían, ellos aseados e impecables casa con todo en su lugar y Káiser Carabela último modelo además de ese padre presumido que andaba diciendo a quien lo quisiera escuchar que por fin Dios le había mandado al benjamín de la familia su príncipe heredero de sus fortunas mundanas y no mundanas, venturosos hubieran sido como lo fueron y en un instante se interrumpieron los días para el rusito que los padres vestían en la Casa Blanca y en El Porvenir en los que media docena de vendedores se desesperaban por atenderlos porque le habían descubierto la debilidad al ruso grande para quien el rusito era la luz de sus ojos, y entonces se agolpaban cada vez que buscaban un par de marineritos o un cardigan en los inviernos, un par de zapatos o guardapolvos para niños pequeños, el ruso dejaba unas propinas que los otros adjetivaban de generosas.
Venturosos se hubieran venido los días corriendo de punta a punta en los inmensos salones de la Casa Blanca, en medio de los percheros y de los estantes de las diferentes secciones dispuestas por Don Manuel, el gallego dicharachero que en persona lo acompañaba al ruso en sus paseos por las distintas secciones pero especialmente por la de niños en la que se mezclaban ropas y juguetes con los que el rusito se ponía más loco que inquieto, ambulancias a cuerdas y tortugas también a cuerdas triciclos relucientes, calculando en sus adentros el gallego mientras conversaba, las interesantes y seguidas facturas que le dejaban con un cincuenta por ciento de ganancia.
Venturosos se hubieran venido los días en El Porvenir ese porvenir de baratijas de los turcos Jarma en sus destinos que competían con los gallegos más que otros en el rubro de los juguetes, que en sus providencias el ruso grande y el ruso chico compraban más que las prendas porque después les sacaban el jugo a los juguetes y a los juegos juntos o cada uno por su cuenta o cada uno por su lado, aunque había juegos que el pequeño ni entendía y entonces el grandote se entretenía solo mientras su hijo jugaba en los alrededores, como el del cerebro mágico, un cartón rectangular en una caja muy bien ornamentado, con respuestas resumidas y preguntas que se leían en unas tarjetas de cartulinas, varios puntos en un cuadrante compuesto por dos campos de veinte contactos cada uno, cuatro horizontales y cinco verticales y en el otro ídem, cada uno de los contactos de un campo estaba conectado con uno del otro campo, que al hacer empalme cerraba el puente y encendía una lamparita de uno coma cinco vatios y cinco hojas en la que un campo para las preguntas generales y desde luego el otro para las respuestas cerraba el circuito, en perforaciones adornadas sobre las que había que unir el positivo y el negativo de dos cables con puntas como puntas de punzones justo para que el foco se prendiera si la respuesta correspondía a la pregunta.
Venturosos se hubieran venido los días para el rusito si no se hubiera confundido de juguete y si ese maldito revolver no hubiera estado como estuvo en la mesa de luz en el dormitorio de sus padres, ocupando un espacio en medio de pastillas desparramadas algunos ungüentos papeles amarillentos y un valioso y percudido reloj de bolsillo, venturoso se hubiera venido para él ese día como se vino si no se hubiera acelerado con la curiosidad de siempre y no se hubiera puesto a mirar como lo hizo para adentro del caño, como si quisiera contestar correctamente a una pregunta equivocada claramente.
Venturosos se hubieran venido esos días si ese mismo día no lo hubieran encontrado con un agujero en el centro de su frente, rodeado de un charco tan inmenso de sangre que parecía ser más que la propia.
Porque ese día murió, y en el laberinto de los laberintos fue la primera muerte del ruso grande que se quedó de un día para otro sin un porvenir y sin mañanas, como sordo ciego y mudo se sintió culpable, la peor de todas sus muertes porque hace poco anduvieron diciendo que se murió de viejo y de loco.

No comments:

Post a Comment