Discursos de la curiosidad y de los miedos.
Pudiera haber podido conservar aquella curiosidad de los primeros tiempos, la que se da sin prejuicios la que ayuda vivir el día a día, sin presunciones sobre el futuro sin recuerdos de un pasado que no sea más que el pasado corto de los sueños que apenas se concentran en unos pocos días y entre esos días en los días que fueron especiales y buenos si no se tuvo la mala suerte de topar con una desgracia, y el futuro igual, apenas confundido con el día de mañana o con los sueños del porvenir que también concentran expectativas buenas si no se tuvo la mala suerte de topar con una desgracia, pudiera haberlo hecho quedar en aquel aura de confianzas de dudas de miedos de primera mano, hálito del instinto de supervivencia del dimensionamiento de las posibilidades desconocidas de la propia vida sin esa acumulación de prejuicios que poco a poco sin mucha conciencia para cualquiera va arrimando la muerte, pudiera haber optado por cambiar el curso de tener la presunción que es en esa curiosidad ingenua, en esa indagación nueva renovada y renovadora en la que se plasman los sueños que alimentan la realidad que se vive, que algunos se empeñan en modificar para mal de otros incluso de aquellos que pasan jugados por pasar desapercibidos, pudiera haber podido conservar esos miedos originales que se van construyendo a fuerza de ir distinguiendo entre lo que gusta y de lo que duele, a fuerza de ir reconociendo que es lo mejor y que es lo peor, no solamente en el horizonte del ego que presiona sino también en el del alter ego que interesa para todos, haber podido conservar esos arranques de somatizaciones de temores mezcla de intuiciones experiencias sensoriales clasificaciones, miedos reflejados en temblores en corazones latiendo de manera extraordinaria, o al menos pudiera de haber podido conservar la sensibilidad, la aptitud de algunos sentidos, para no endurecerlos, para dejarlos blandos, curiosidades y miedos blandiendo sueños reparadores para realidades reparadoras, en las que haya menos resentimientos sin sentidos, menos odio, menos indiferencia, menos ensañamiento, de los que habitualmente se vislumbran y dejan el plus cuan perfecto intacto.
Si hubiéramos sido como quisimos serlo.

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