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Monday, July 18, 2011

discurso de los finales

El discurso de los finales.
Si hubiéramos tenido un poco más claro entonces que los finales son iguales que los inicios, que naturalmente uno empieza solo el viaje de la existencia y termina de la misma manera, así de un momento para otro sin protocolos aunque hay protocolos diferentes de acuerdo a nuestros rangos sociales, que terminar es tan natural como empezar, que cuando se empieza el universo no está armonizado y que por lo tanto es como inútil la pretensión exagerada de creer que se ha venido con la misión redentora de devolverle al universo propio el propio equilibrio porque en definitiva el propio universo no es más que una ínfima parte de otros universos inmensos e inconmensurables, cuyo centro ni siquiera somos nosotros que apenas tenemos conciencia y un mínimo de conocimiento que nos lleva largos períodos articular, si hubiéramos entendido una millonésima parte de estas consideraciones hubiéramos tomado en forma diferente las perfecciones relucientes de los otros que no eran más que fachadas de imperfecciones y las imperfecciones manifiestas las nuestras que no eran más que la fachadas de normalidades que algunos voladores denominan perfecciones, pero no, sin entenderlo navegábamos esos primeros años con más preguntas que respuestas pero con más preguntas de cómo nos iríamos acomodando al pasar equivocado antes que al pasar entendiendo la inmanencia tremenda que como mochilas llevamos sobre nuestras espaldas.

El gringo Matos se dio cuenta que por lo menos una parte de sus privilegios se habían modificado la vez que organizó por última vez el baile del doce de octubre en Club Social Recreativo por el escaso apoyo que recibió de la administración del ingenio, a la disponibilidad de fondos para pagar el traslado y la estadía de los músicos de la orquesta de Jorge Ardú, que como todos los años significaba la llegada al pueblo de una veintena de personas entre artistas, cantores y animadores que solamente por una noche o, más bien por unas horas que iban de las nueve de la noche a las cuatro de la mañana, hacían bailar blandiendo sus instrumentos y cantando a los miembros de las familias de clase media del pueblo.
Eran las oportunidades en que el Toto y sus amigos deambulaban por las pistas de bailes recogiendo las chapitas que quedaban de destapar docenas de cervezas y estorbaban las danzas que primorosas parejas llevaban para deleite de todos los que miraban, suegras vigilantes y malhumoradas maridos dominados cornudos y solterones, para ellos también la noticia de la suspensión de esos bailes significaba finales de risas de permisos extraordinarios para jugar sin las presiones de los mayores que en esas noches bailaban y se emborrachaban.
Con los repertorios estudiados de ese grupo de músicos divertidos que tenían un repertorio de mambos, tangos, pasodobles y canciones de Glen Miller que ponían en vilo a todas las parejas esa única noche en el año.
Había que pagar semejante movimiento y cuando su amigo el contador le dio la mitad del dinero del año anterior, las palabras de sus reclamos se interrumpieron con la contestación lacónica y terminante de su compinche, el padre de mamadera, son ordenes del ingeniero, vienen de arriba, y supo ahí el gringo Matos que no se trataba de una parte de sus negocios, que seguramente sería lo mismo con todos los negocios que tenía, privilegios de ahijado del suegro fallecido del ingeniero, el apriete por menores sumas del dinero que financiaba, sería para todos los bailes que entonces organizaba, en el Club Recreativo y en el Club Boca Junior para los tres días de carnaval grande y los tres días de carnaval chico, que llenaba con las familias más pobres del pueblo.
Para esos bailes sí se contrataban músicos popularmente conocidos que bajaban de Buenos Aires haciendo rondas de varias noches en parrandas de poblaciones cercanas, costaba el doble montarlos pero las ganancias se doblaban.
Y presintiendo más finales a sus privilegios finales, sin esa regalías de mucho tiempo y acondicionando su galpón para esos bailes, comenzó de nuevo.

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