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Sunday, July 10, 2011

discurso de la vida y la muerte

Discurso de la vida y la muerte.
Algo no encajaba en aquel mecano de todos los días había ladrillos en aquella construcción que no eran parecidos a los ladrillos de goma que nos compraban y nos regalaban para hacer casitas con nuestras torpes y regordetas manitos, ladrillos que encajaban perfectamente uno tras otro aunque había algunos que se deformaban o rompían o rompíamos que era lo mismo, la vida parecía abrirse a cada día con cada hora con cada instante que pasábamos cargado de novedades de todo tipo, programas obligaciones instrucciones que se cumplían con gusto y rápidamente otras que se cumplían rezongando, lugares que fuimos conociendo y fuimos incorporando distraídos del instante y del largo plazo lugares que fuimos haciendo nuestros historias, la vida se abría como un arco iris deslumbrante como esos que aparecen alguna tarde temprana después de esas lluvias cuando el cielo se viene abajo, un arco iris de muchos colores que representaban sonidos ruidos diferentes, olores, sabores, sensaciones que nos iban dejando depositados en este lugar confortable que es el mundo sin advertencias cercanas por lo que no tiene de confortable, la vida era hoy a los sumo la de mañana aunque viviéramos escuchando charlas tranquilas o discusiones fuertes por mañanas que entonces ni conocimos, los mañanas estaban en nuestro sueños, la vida era hoy sin ayeres no había prejuicios perspectivas de lo pretérito confundidos en el torbellino de un presente que vivimos entusiasmados probablemente visto a la distancia sin los apremios de algunos chicos de la barra que a veces se quejaban en quejas que nosotros no escuchábamos, pero la contrapartida de este blanco brillo era un negro brillo que se fue completando con la secuencia de la ausencia definitiva del ruso de la ausencia definitiva de mamadera y de otras ausencias definitivas que comenzamos a escuchar cada vez más seguido de presencias que ni siquiera vivimos, vinieron las ausencias definitivas del abuelo Franklin de la abuela Catalina de la abuela Isabel del tío Rubén que arrasaron con aquel blanco brillo y lo fueron destiñendo de a poco sin que tomáramos cabal conciencia, fuimos viviendo en medio de llantos de comentarios de peleas de costumbres encontradas entre familias diferentes miserias diferentes como la plancha que nuestra madre le quiso poner al cuerpo inerte de su hermano para que no se hinchara y nuestro padre se alzó en gritos protestando contra la ignorancia y la magia negra agrandándolo, pero otras ausencia aparecieron que eran de muertes presuntas desapariciones de hermanos parientes que comenzaron a desaparecer de nuestros presentes con presunciones de regreso porque primero se trataba de detenciones por averiguaciones de antecedentes en un lucha que para nada entendimos de mayores que hablaban de sus poderes, esas ausencias comenzaron a contar porque fueron transformándose en un futuro que se hizo presente y fue quedando en un pasado, convertido en impotencias broncas llantos y vaya a saber qué otras emociones inconfesables, ausencia muy parecidas a la de la muerte que se hicieron como ella porque los que se fueron no solamente no volvieron sino que desaparecieron, ¿desaparecieron?, no eran muerte eran muertes no lo eran por lo que no habíamos ratificado los escándalos que fuimos viendo se producían entre los mayores cuando los había, remolinos de lloriqueadas discusiones compungidos comentaristas, no había nada de todo esto en esta últimas muertes ante estas había solamente silencios.

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