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Monday, July 11, 2011

discurso de la vida y la muerte, dos

Discurso de la vida y la muerte, dos.
Algo no encajaba en aquel mecano de todos los días había ladrillos en aquella construcción que no eran parecidos a los ladrillos de goma que nos compraban y nos regalaban para hacer casitas con nuestras torpes manitos ¿las manos son torpes o somos nosotros los torpes que manejamos nuestras manos con señales del cerebro tope? regordetas manitos, cuando ni imaginamos que pudimos imaginar que a veces se muere para vivir o que se vive para morir o que había personas deambulando por todos lados con los discursos de la perfección propia y la imperfección ajena, vivos muriendo en cada uno de sus pasos por este mundo, o muertos emergiendo a la vida como las aves fénix sobreponiéndose a los infortunios tocados en suerte, de muertos que se van muriendo progresivamente en el lado oscuro de la miseria de la vida que no es precisamente la misma miseria de las posesiones de patrimonios que seguramente nunca se conseguirán porque para eso hay muchos custodios por todos lados entronizados en este reino, clones del viejo Midas discurseando sobra la moralidad de la riqueza en seminarios que ellos mismo y organizan con aplaudidores a sueldo que les dan la razón a sus sinrazones, porque en el reino del señor no tendrán cabida porque como fuimos aprendiendo El se lo dice una y otra vez con parábolas o directamente como se cuenta en la Biblia y en todos los libros sagrados cuando Jesús se enchivaba, lamentábamos de lo que recordaríamos para siempre de la ausencia definitiva del ruso de la ausencia definitiva de mamadera y de otras ausencias definitivas que comenzamos a escuchar cada vez más seguido de presencias que ni siquiera vivimos, ausencias de ausentes y ausencias de presentes que presuntamente fueron de nuestros círculos vinieron las ausencias definitivas, esas ausencias comenzaron a contar porque fueron transformándose en un futuro que se hizo presente y fue quedando en un pasado, convertido en impotencias broncas llantos ciertos preocupaciones que dejan huellas en cada arruga que fuimos amontonando con el tiempo comisuras que nos atravesaron sin que no fuéramos dando cuenta, y vaya a saber qué otras emociones inconfesables, ausencias muy parecidas a la de la muerte que se hicieron como ella porque los que se fueron no solamente no volvieron sino que desaparecieron, ¿desaparecieron?, no eran muerte eran muertes no lo eran por lo que no habíamos ratificado los escándalos que fuimos viendo se producían entre los mayores cuando las había, remolinos de lloriqueadas discusiones compungidos comentaristas, no había nada de todo esto en esta últimas muertes ante estas había solamente silencios, estas muertes no eran muertes pero lo eran, partidas sin retornos sin nadie que se hiciera cargo porque había millones de culpables.

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