Discurso de lo insondable.
Hay información inescrutable, impenetrable para cualquiera incluso para uno mismo, y entonces esa información que no es ni genética ni emocional ni sensible se va almacenando en algunos de los lugares en los que se sabrá almacenar cualquier información, y venían en esos tiempos de poca conciencia de muchas inconsistencias de resistencias, sacamos después de mucho tiempos corrientes y corrientes de esa información arcana, que no es codificable ni es decodificable, información que no se registra bajo ninguna de las figuras que usualmente se conocen para clasificarla o seleccionarla, para descartarla incluso, es información que queda ahí en algún rincón de la conciencia esto es lo menos probable pero posible, en algún resquicio de la inconciencia en alguna fijación de la subconciencia, ahí sin que nadie lo sepa ni siquiera uno mismo ni en tiempo pasado ni en pretérito ni en plus cuan perfecto, sin médicos reales o potenciales que pudieran asistirlo a uno en su locura en la locura que portamos que reconocemos que negamos que ocultamos, es información que uno mismo no puede determinar si quedó en la memoria, si es fruto de la imaginación o si la imaginación tiene alguna reflexión en el inconsciente, que uno mismo no puede determinar si es parte del conocimiento, de la sorpresa de la racionalidad, de la irracionalidad, del los que llamamos instinto de los que llamamos intuición, si es la realidad que olvidamos a propósito o espontáneamente.
Hay información perfecta que desechamos para siempre por imperfecta.
Hay información imperfecta que desechamos para siempre por perfecta.
Si la reconociéramos, probablemente seríamos más hombres y menos animales en algunas cuestiones y más animales que hombres para aquellas en las que es mejor esto que aquello.
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