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Sunday, May 01, 2011

trago largo mentiras de patas cortas - I -

Trago largo- I –
Aceleró para que a su enduro le entrara la tercera, esa tercera automática que da justo la velocidad que lo lleva a unos y otros de los conocidos lugares en los que como siempre habrá gente para mirarlo, fijándose en él las mujeres y emulándolo y diciendo por los bajo miserable los varones, esos tipillos cuya mala leche será neutralizada con sus trampas, con su pinta con su prestancias con su porte con sus estampas, minutos antes casi segundos casi milésimas de segundos, marcó su destreza convalidó su maestría en la salida gloriosa desde su casa, en la parte del espectáculo que es para el público de la cuadra, a lo sumo para el numeroso gentío de la cuadra en los que vive desde que se acuerda, gastando cubiertas que no paga y paga el padre, con el envión inicial y un willi increíble que lo puso de cara al cielo, de cara a la vida que derrocha de cara a la plenitud de todas las plenitudes, y que le valieron de seguro porque lo siente desde hace mucho, dos o tres suspiros profundos de las niñas que lo aman en secreto, dos o tres dicterios de los papás de las niñas que piensan porqué no se va con el ruido a otra parte, o ahí mismo donde él debe suponer cada vez que arma el bochinche, y dos o tres rabietas que pasan de castaño oscuro los novios barriales de las niñas que de seguro piensan si puedes hacerte pomada por ahí lo antes posible, joya.
Una noche del séptimo día de la semana empieza y pinta invariable aunque truene o llueva, preocuparse por eso es cosa de giles, como todas las noches de los sextos y séptimos días de las semanas de todos los meses de todos los últimos años, bomba, dice él mismo, y bien al estilo de los potros, aunque ha empezado a sentir un poco de cansancio y presienta que está un poco pasado de años, pero minga que lo va a demostrar, porque asó marca a los que tienen algunos años de menos y a los otros con unos cuantos abriles de más, a esos que cuando miran una mina ellas mismas los califican de babosos aunque se desesperan porque las mires, babosos, categoría a la que él nunca entrará, a él las mujeres lo escudriñan y hay que verlas y lo hacen con todo un reaseguro por las dudas lo pierdan, se repite vanidoso sabiendo que no solamente lo aman sino que también lo mantienen.
Atravesó avenidas iluminadas con la luz amarilla del gas neón y concurridas calles de gente festiva y noctámbula, sonámbulos en estados de diversos trances, atravesó bulevares y plazas para llegar al lugar del aguante, tipo espléndido fiesta espléndida joda espléndida, se va repitiendo pagado de sí mismo como le repiten sus amigos, cuando se animan a hablarlo y a él no le importa si lo hacen o no lo hacen, tipo rumboso emergiendo de la vulgaridad, así y engreído y excéntrico se apresta a continuar con sus rutinas conocidas y preferidas, por un tris ceremonias lisas y llanas y llenas de formas y formalismos, de informalismos que solo él conoce de palmo a palmo, y bien de memoria, que recita de memoria que no utilizó y como no recitó en los colegios donde fuera, oraciones que son sus oraciones y que repite como si fuera una obligación, y una estricta disciplina apuntalada por sus padres, que lo consienten más de la cuenta con un amor cercano a lo enfermizo, para el hijo que llegó después de varios intentos, esos intentos que a veces agradan y a veces desagradan y a veces desangran y a veces desgarran, el flaco ahora rociado de perfumes de macho, fragancias no convencionales y con nombres estrambóticos como axe o embrujo gitano, elegidos personalmente y con picardía para que nadie dude de su hombría, en una época de tanto maricón y encima andando por la calle.

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