Versión libre de la leyenda del Ucumar en una época en que se pueden hacer todas las versiones libres que uno quiera, en las tardes oscuras de invierno cuando las sombras proyectan otras sombras en el copioso cañaveral y en el monte en las laderas de los cerros cercanos, cuando las sombras proyectan otras sombras en la selva en las yungas con empinados árboles escondidas cataratas y lianas, cuando las cotorras y los loros lanzan sus últimos graznidos del día, y las urpilas y las corzuelas ya están durmiendo, en esas tardes cuando las sombras que proyectan otras sombras y todas se mueven con la cadencia del viento como fantasmas que circulan caminando y corriendo en medio de otras alimañas, como duendes juguetones como genios que juegan a la mancha mientras las vizcachas se esconden, como apariciones que se tropiezan en los surcos levantando polvaredas transparentes como esas mismas figuras que no se ven como tampoco se ven las arañas o los mosquitos que molestan y pican confundidos en nubes de polvo que se disgregan en el aire, en esas tardes oscuras de invierno cuando los ruidos se multiplican en otros ruidos de picaflores invisibles de gorriones de silbidos ahuecados, y ruidos amortiguados en otros ecos y en otras resonancias que viajan con las sombras proyectadas de otras sombras que van y vienen, es cuando él se atreve con un leve pero potente bisbiseo, ucu ucu, llama desde algún lado de los puntos cardinales desde algunos de los lugares por donde las sombras danzan como espectros tristes o divertidos que van y vienen todo el tiempo sombras y proyección de las sombras que transitan entre hojas con formas de lanzas anchas y fuertes con movimientos y ruidos, manchas proyección de otras manchas que circulan entre hojas con formas de corazones hojas perforadas, pintas proyección de otras pintas que transitan entre hojas con la forma de lágrimas hojas largas hojas cortas hojas como onduladas hojas dentadas, entre silbidos que casi parecen quejidos más bien que entre silbos que casi parecen suspiros y entre chiflidos de la brisa cuando el viento desaparece, del viento cuando el hálito helado se fue y se llevó las sombras para otro lado, en las tardes oscuras de invierno cuando las sombras proyectan otras sombras en el copioso cañaveral y en el monte en las laderas de los cerros cercanos o en el pedemonte o en la selva o en la yunga es cuando él se atreve, ucu ucu, llama desde algún lugar del monte de la floresta cerrada desde allá donde la copa de un sauce llorón se cierra y se abre con las corrientes del viento o del agua del arroyo con agua cristalina que no termina en ningún lado desde allá donde en el cañaveral se produjo un hueco como en un verde volcán sin erupciones, ucu ucu Ucumar, llama él con un ligero pero enérgico ronroneo un ronquido apagado que mete curiosidad antes que miedo casi el ruido de un canario, ganas de fisgonear en la espesura antes que desconfianza casi el zureo de una paloma, impulso de merodear antes que desasosiego casi el zumbido de una abeja, en las tardes oscuras de invierno cuando las sombras proyectan otras sombras varón o mujer en el copioso cañaveral entre cepas silvestres desparramadas varón o mujer en el monte varón o mujer en las laderas de los cerros cercanos, cuando las sombras proyectan otras sombras en la selva varón o mujer en las yungas paseando en las lianas jugando con el arroyo, cuando las cotorras y los loros lanzan sus últimos graznidos del día, y las urpilas y las corzuelas ya están durmiendo, el Ucumar espera a quien lo escuche.
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Thursday, March 17, 2011
versión libre del ucumar en épocas de mucha libertad y en épocas que a nadie le importa la libertad si no es rentada
Versión libre de la leyenda del Ucumar en una época en que se pueden hacer todas las versiones libres que uno quiera, en las tardes oscuras de invierno cuando las sombras proyectan otras sombras en el copioso cañaveral y en el monte en las laderas de los cerros cercanos, cuando las sombras proyectan otras sombras en la selva en las yungas con empinados árboles escondidas cataratas y lianas, cuando las cotorras y los loros lanzan sus últimos graznidos del día, y las urpilas y las corzuelas ya están durmiendo, en esas tardes cuando las sombras que proyectan otras sombras y todas se mueven con la cadencia del viento como fantasmas que circulan caminando y corriendo en medio de otras alimañas, como duendes juguetones como genios que juegan a la mancha mientras las vizcachas se esconden, como apariciones que se tropiezan en los surcos levantando polvaredas transparentes como esas mismas figuras que no se ven como tampoco se ven las arañas o los mosquitos que molestan y pican confundidos en nubes de polvo que se disgregan en el aire, en esas tardes oscuras de invierno cuando los ruidos se multiplican en otros ruidos de picaflores invisibles de gorriones de silbidos ahuecados, y ruidos amortiguados en otros ecos y en otras resonancias que viajan con las sombras proyectadas de otras sombras que van y vienen, es cuando él se atreve con un leve pero potente bisbiseo, ucu ucu, llama desde algún lado de los puntos cardinales desde algunos de los lugares por donde las sombras danzan como espectros tristes o divertidos que van y vienen todo el tiempo sombras y proyección de las sombras que transitan entre hojas con formas de lanzas anchas y fuertes con movimientos y ruidos, manchas proyección de otras manchas que circulan entre hojas con formas de corazones hojas perforadas, pintas proyección de otras pintas que transitan entre hojas con la forma de lágrimas hojas largas hojas cortas hojas como onduladas hojas dentadas, entre silbidos que casi parecen quejidos más bien que entre silbos que casi parecen suspiros y entre chiflidos de la brisa cuando el viento desaparece, del viento cuando el hálito helado se fue y se llevó las sombras para otro lado, en las tardes oscuras de invierno cuando las sombras proyectan otras sombras en el copioso cañaveral y en el monte en las laderas de los cerros cercanos o en el pedemonte o en la selva o en la yunga es cuando él se atreve, ucu ucu, llama desde algún lugar del monte de la floresta cerrada desde allá donde la copa de un sauce llorón se cierra y se abre con las corrientes del viento o del agua del arroyo con agua cristalina que no termina en ningún lado desde allá donde en el cañaveral se produjo un hueco como en un verde volcán sin erupciones, ucu ucu Ucumar, llama él con un ligero pero enérgico ronroneo un ronquido apagado que mete curiosidad antes que miedo casi el ruido de un canario, ganas de fisgonear en la espesura antes que desconfianza casi el zureo de una paloma, impulso de merodear antes que desasosiego casi el zumbido de una abeja, en las tardes oscuras de invierno cuando las sombras proyectan otras sombras varón o mujer en el copioso cañaveral entre cepas silvestres desparramadas varón o mujer en el monte varón o mujer en las laderas de los cerros cercanos, cuando las sombras proyectan otras sombras en la selva varón o mujer en las yungas paseando en las lianas jugando con el arroyo, cuando las cotorras y los loros lanzan sus últimos graznidos del día, y las urpilas y las corzuelas ya están durmiendo, el Ucumar espera a quien lo escuche.
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