Leyenda de la mula ánima, escribiendo con Rafael Obligado, iba un anciano trepando en ágil y musculosa mula cabeza de pito y corta remontando la sierra entre pedregales, un cerro entre laderas una que otra montaña, iba un anciano con su mula de orejas largas espoleándola con sus escarpines, iba un anciano montando esas alturas montado silencioso como una parte como una partecita de la tropa de hombres bravos en el tropel de varones curtidos de mucho coraje y de pocas palabras desde el sombrero a la barba suelto el barbijo de seda enseñada la cicatriz que cruza su cara peluda faz que se hizo después del último entrevero, iba el paisano en silencio siguiendo la caravana de recios y matreros sin destinos ciertos, poncho de agreste vicuña con franjas, flecos y hojuelas, lastres brillosos del propio pelo peinado iba un anciano trepando en ágil mula de pezuñas estrechas y pequeñas bestia híbrida y forzuda nudos de nervios y músculos en sus brazos y patas hacia la cumbre pasando por los senderos, iba siguiendo las huellas de arreos que otrora han quedado petrificados en la arena en la tierra y en la cordillera, cuando bajan las nieves cuando por la primavera vuelven los brotes a los lapachos o los cactus reverdecen, seguía un anciano las huellas de los equinos de otros soldados montados que van y vienen defendiendo las fronteras que van y vienen resistiendo en las taperas que van y vienen cubriendo las fortificaciones, que con los límites van marcando los señores de levitas calzados de botines con polainas, iba el viejo con poncho de indómita vicuña con franjas y canutillos en pliegues ha medio siglo bordado por su finada, la prenda ella la ha bordado y él no se lo saca, iba un anciano trepando cansado del tiempo de muchas guerras y rencillas ganadas de muchos arrebatos y disputas perdidas, llevaba usutas (sandalias no he de decir en mi tierra) colgadas en la montura, que así le guardan los pies cuando ha de andar a pié para que las bestias descansen las usutas le sirven como le sirven de espuelas y un guardamonte de cuero con que se cubre las piernas, hace frío en las alturas pero más duelen los magullones de las ramas de los cardales que al paso lastiman iba un anciano trepando en ágil mula la sierra, con guardamonte a cuyo empuje se inclinan arbustos, cardos, malezas y huyen guanacos y cabras cuando al trotar de la bestia de insignificantes castañas sin cuernos, con resonantes crujidos sobre sus flancos golpea, cadencia de mulas con colas sin pelos de caballos cansados de burros cargados, sonidos de silencios de largas cabalgatas en silencios iba el hombre cansado, lleva aquel viejo en el alma la triste música interna de los recuerdos de las moza de los años mozos de los cortejos de las celebraciones patronales de las ceremonias por las victorias con la dama de sus sueños de sus sueños que se hicieron realidades en los besos de las ternuras maternas, el dulce abrazo infinito y el largo ¡adiós! de su prenda con todo se mezclan sus evocaciones, iba un anciano trepando en ágil y musculosa mula la sierra cuando, a través de los Andes fue a combatir y a quererla, cuidando sus pertrechos como los otros que los cuidan celosos con sus armamentos suspicaces con sus suministros, iba un anciano montando a esas alturas montado silencioso parte de la tropa de hombres bravos y allá en lo oculto, en lo hermoso, la imagen fulgida, eterna, de nuestra patria, la patria, ¿cuál patria?, esa patria de las heroicas proezas en la crónica de mentirosos cronistas que no registran la intemperie iba el anciano cansado, haciendo patria el anciano desde tiempos inmemoriales siempre en caravana con la cuadra en su referencia, hazañas de William Brown en los mares, de San Martín en la tierra, él fue con Dávila a Chile, reclutado con Güemes a la frontera ya casi ni se acuerda aunque el corazón le funciona para la montaña y la prenda, él fue con La Madrid a Tarija, a Junín con Necochea censado con el ejército, iba un anciano trepando en ágil y musculosa mula y era tan fiel en amores como atrevido en la guerra una cara y dos monedas antes que dos caras y una moneda, tiene este viejo una enjundia un triste meollo que lo ha dejado en el centro de una tormenta con refucilos entre rayos y truenos, tiene este viejo en su corazón un entripado una punzada que ni el demonio la tuesta, y donde asoma un peligro es para hollarlo una fiera tiene a este viejo una pena le ha burlado el atropello, de la espantosa mula ánima tantos horrores le cuentan, el presiente y consiente en silencio disiente que no es mula su bestia de carga con la que trepa y baja humillado en silencio por lo que el corazón en su mal agüero le muestra, espantos que por hallarla a su paso y refrenarle las riendas, hizo a la Virgen del Valle esta sencilla promesa después de cruzar vastas fronteras cerrar infinitos itinerarios, haz que la encuentre, y de alfombra pondré a tus plantas de reina este mi poncho tejido por mi finada la prenda, en su borrachera se ilusiona embebecido iba el hombre, embebido y bebido cansado en sus recuerdos y penas, cuando de un rancho asentado sobre la abrupta ladera salióle al paso, en tumulto, un mocetón y una vieja y una serrana y dos niños, y hasta una cabra casera, sucias las caras, y un susto lívido y áspero en ellas, “¡va por allí!” -le gritaron-, “¡va por allí, por la cuesta!" el ánima de su amada va un anciano trepando en ágil y musculosa mula la sierra esa mula de baja altura y cuerpo relleno su mula de inconfundible cuello de única grupa transitando los senderos, "-¿quién?” -preguntó, anda el alma como los demás andamos penando y deteniéndose el del barbijo de seda, “¡ella! ¡la mula maldita!” leyenda que no se escucha es leyenda no contada la mula que muerde que mirando mete miedo la mula de uniforme pelaje de blancos y largos y blancos dientes, “la mula maldita que por la noche anda suelta”, las noches de luna nueva las noches de luna llena "-sí, dijo el mozo, la he visto al despertar de la siesta" dice el mozo chismoso", de día es como una sombra que aparece y se funde con el espejismo de la tarde ingrávida alucinación de mil temores y miedos en la modorra, gimiendo, “-y yo, añadió la serrana, desvanecerse en la niebla" liviana en la polvareda disiparse en el sereno "-mas, cuando pasa de día, como esta vez, se presenta de viuda, toda enlutada”, cuando nadie se le ha muerto espantos que por hallarla a su paso y refrenarle las riendas, él hizo a la Virgen del Valle una sencilla promesa, “en dirección a una iglesia", justo para donde camina en su ausencia, ojos que no ven corazón que no siente va un anciano trepando su ilusión lo traiciona, viuda falsa que a la iglesia camina es mujer del cura vivo el avivado del curita que se la curte en ausencia del guerrero, "-y al regresar cada noche, le cuentan es mula en llamas envuelta", que además de relinchando anda otras veces gimiendo de mujer a mula animal sin fronteras ¿serán sus penas lo que vomita?, ¿sus gustos sus padecimientos?, ¿serán sus ilegítimos deseos las igniciones sus llamas?, las llamas de su infierno "-pues a esperarla me quedo", dijo el del poncho de hojuelas lastres brillosos del propio pelo peinado, "-¡ah, qué mujer!" -persignándose murmura al cabo la abuela, hay que rezar para que su alma se libere que ella fue mala pero el curita no tendrá ni perdón ni consuelo la nana que pega, mientras el viejo soldado entra a su rancho y se sienta-, "¡ah, qué mujer!, piensa era blanca como las nieves eternas y fue buena como las almas en pena.
Pages
▼
Friday, March 18, 2011
con todo mi respeto a cronopios inolvidables esta vez a obligado
Leyenda de la mula ánima, escribiendo con Rafael Obligado, iba un anciano trepando en ágil y musculosa mula cabeza de pito y corta remontando la sierra entre pedregales, un cerro entre laderas una que otra montaña, iba un anciano con su mula de orejas largas espoleándola con sus escarpines, iba un anciano montando esas alturas montado silencioso como una parte como una partecita de la tropa de hombres bravos en el tropel de varones curtidos de mucho coraje y de pocas palabras desde el sombrero a la barba suelto el barbijo de seda enseñada la cicatriz que cruza su cara peluda faz que se hizo después del último entrevero, iba el paisano en silencio siguiendo la caravana de recios y matreros sin destinos ciertos, poncho de agreste vicuña con franjas, flecos y hojuelas, lastres brillosos del propio pelo peinado iba un anciano trepando en ágil mula de pezuñas estrechas y pequeñas bestia híbrida y forzuda nudos de nervios y músculos en sus brazos y patas hacia la cumbre pasando por los senderos, iba siguiendo las huellas de arreos que otrora han quedado petrificados en la arena en la tierra y en la cordillera, cuando bajan las nieves cuando por la primavera vuelven los brotes a los lapachos o los cactus reverdecen, seguía un anciano las huellas de los equinos de otros soldados montados que van y vienen defendiendo las fronteras que van y vienen resistiendo en las taperas que van y vienen cubriendo las fortificaciones, que con los límites van marcando los señores de levitas calzados de botines con polainas, iba el viejo con poncho de indómita vicuña con franjas y canutillos en pliegues ha medio siglo bordado por su finada, la prenda ella la ha bordado y él no se lo saca, iba un anciano trepando cansado del tiempo de muchas guerras y rencillas ganadas de muchos arrebatos y disputas perdidas, llevaba usutas (sandalias no he de decir en mi tierra) colgadas en la montura, que así le guardan los pies cuando ha de andar a pié para que las bestias descansen las usutas le sirven como le sirven de espuelas y un guardamonte de cuero con que se cubre las piernas, hace frío en las alturas pero más duelen los magullones de las ramas de los cardales que al paso lastiman iba un anciano trepando en ágil mula la sierra, con guardamonte a cuyo empuje se inclinan arbustos, cardos, malezas y huyen guanacos y cabras cuando al trotar de la bestia de insignificantes castañas sin cuernos, con resonantes crujidos sobre sus flancos golpea, cadencia de mulas con colas sin pelos de caballos cansados de burros cargados, sonidos de silencios de largas cabalgatas en silencios iba el hombre cansado, lleva aquel viejo en el alma la triste música interna de los recuerdos de las moza de los años mozos de los cortejos de las celebraciones patronales de las ceremonias por las victorias con la dama de sus sueños de sus sueños que se hicieron realidades en los besos de las ternuras maternas, el dulce abrazo infinito y el largo ¡adiós! de su prenda con todo se mezclan sus evocaciones, iba un anciano trepando en ágil y musculosa mula la sierra cuando, a través de los Andes fue a combatir y a quererla, cuidando sus pertrechos como los otros que los cuidan celosos con sus armamentos suspicaces con sus suministros, iba un anciano montando a esas alturas montado silencioso parte de la tropa de hombres bravos y allá en lo oculto, en lo hermoso, la imagen fulgida, eterna, de nuestra patria, la patria, ¿cuál patria?, esa patria de las heroicas proezas en la crónica de mentirosos cronistas que no registran la intemperie iba el anciano cansado, haciendo patria el anciano desde tiempos inmemoriales siempre en caravana con la cuadra en su referencia, hazañas de William Brown en los mares, de San Martín en la tierra, él fue con Dávila a Chile, reclutado con Güemes a la frontera ya casi ni se acuerda aunque el corazón le funciona para la montaña y la prenda, él fue con La Madrid a Tarija, a Junín con Necochea censado con el ejército, iba un anciano trepando en ágil y musculosa mula y era tan fiel en amores como atrevido en la guerra una cara y dos monedas antes que dos caras y una moneda, tiene este viejo una enjundia un triste meollo que lo ha dejado en el centro de una tormenta con refucilos entre rayos y truenos, tiene este viejo en su corazón un entripado una punzada que ni el demonio la tuesta, y donde asoma un peligro es para hollarlo una fiera tiene a este viejo una pena le ha burlado el atropello, de la espantosa mula ánima tantos horrores le cuentan, el presiente y consiente en silencio disiente que no es mula su bestia de carga con la que trepa y baja humillado en silencio por lo que el corazón en su mal agüero le muestra, espantos que por hallarla a su paso y refrenarle las riendas, hizo a la Virgen del Valle esta sencilla promesa después de cruzar vastas fronteras cerrar infinitos itinerarios, haz que la encuentre, y de alfombra pondré a tus plantas de reina este mi poncho tejido por mi finada la prenda, en su borrachera se ilusiona embebecido iba el hombre, embebido y bebido cansado en sus recuerdos y penas, cuando de un rancho asentado sobre la abrupta ladera salióle al paso, en tumulto, un mocetón y una vieja y una serrana y dos niños, y hasta una cabra casera, sucias las caras, y un susto lívido y áspero en ellas, “¡va por allí!” -le gritaron-, “¡va por allí, por la cuesta!" el ánima de su amada va un anciano trepando en ágil y musculosa mula la sierra esa mula de baja altura y cuerpo relleno su mula de inconfundible cuello de única grupa transitando los senderos, "-¿quién?” -preguntó, anda el alma como los demás andamos penando y deteniéndose el del barbijo de seda, “¡ella! ¡la mula maldita!” leyenda que no se escucha es leyenda no contada la mula que muerde que mirando mete miedo la mula de uniforme pelaje de blancos y largos y blancos dientes, “la mula maldita que por la noche anda suelta”, las noches de luna nueva las noches de luna llena "-sí, dijo el mozo, la he visto al despertar de la siesta" dice el mozo chismoso", de día es como una sombra que aparece y se funde con el espejismo de la tarde ingrávida alucinación de mil temores y miedos en la modorra, gimiendo, “-y yo, añadió la serrana, desvanecerse en la niebla" liviana en la polvareda disiparse en el sereno "-mas, cuando pasa de día, como esta vez, se presenta de viuda, toda enlutada”, cuando nadie se le ha muerto espantos que por hallarla a su paso y refrenarle las riendas, él hizo a la Virgen del Valle una sencilla promesa, “en dirección a una iglesia", justo para donde camina en su ausencia, ojos que no ven corazón que no siente va un anciano trepando su ilusión lo traiciona, viuda falsa que a la iglesia camina es mujer del cura vivo el avivado del curita que se la curte en ausencia del guerrero, "-y al regresar cada noche, le cuentan es mula en llamas envuelta", que además de relinchando anda otras veces gimiendo de mujer a mula animal sin fronteras ¿serán sus penas lo que vomita?, ¿sus gustos sus padecimientos?, ¿serán sus ilegítimos deseos las igniciones sus llamas?, las llamas de su infierno "-pues a esperarla me quedo", dijo el del poncho de hojuelas lastres brillosos del propio pelo peinado, "-¡ah, qué mujer!" -persignándose murmura al cabo la abuela, hay que rezar para que su alma se libere que ella fue mala pero el curita no tendrá ni perdón ni consuelo la nana que pega, mientras el viejo soldado entra a su rancho y se sienta-, "¡ah, qué mujer!, piensa era blanca como las nieves eternas y fue buena como las almas en pena.
No comments:
Post a Comment