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Saturday, March 26, 2011

cronopios niños con cargas de adultos, cronopios adultos con corazones de niños

Crónicas de chicos grandes crónicas de grandes chicos.
Cadetes fueron colegiales y majaderos, juguetones y aprendices, estudiantes de Salamanca, apenas niños inmovilizados por rigurosas disciplinas apenas adolescentes que asimilaron historias desordenadas de imperios legados y de combates, chicos grandes nativos y letrados de la américa temprana devastada por la corona saqueada por las traiciones, grandes chicos uno de Arequipa y el otro de Buenos Aires, virtuosos alférez y doctos fueron a sus tiempos en batallas ajenas, uno en Rosellón el otro con los vocales del Consulado por el comercio de la nobleza, y juntos varias veces juntaron sueños de grandeza juntando fuerzas y penas.
Generales fueron en sus terruños y en sus tiempos, lozanos compinches en España y en Buenos Aires, comandantes de sus ejércitos supremos, grandes chicos de tan caballerosos caballeros, chicos grandes jugando a ser coroneles y mayores de sus propios ejércitos, como antojadizos templarios de los ejércitos de sus patrias de los ejércitos de sus madres patrias, uno por mandato de los realistas el otro por los mandatos de las juntas por la independencia, chicos grandes y soñadores, brigadieres y generales de docenas de contiendas que andando sus días fueron dibujando el mapa de una emancipación incompleta, de españoles y de ingleses, y de las cadenas propias invisibles cadenas de la obsecuencia de algunos mercenarios falsos patriotas de las ideas.
Defensores de sus sueños soñadores de sueños diferentes lucharon hasta el cansancio defendiendo sueños propios y ajenos hasta que en Tucumán se encontraron, chicos grandes los generales en ese veinticuatro de setiembre del año del Señor de mil ochocientos doce, grandes chicos que ni vencieron ni capitularon, encerronas de sus defensas en sus sueños encontrados, en sus ofensivas después de guerrear y de penurias de andar peleando y soñando, paridades en combates de chicos grandes que juegan un año después y en Salta, comenzaron con rendiciones y el desarme.
Cartas de amigos juguetones fueron en los correos que se cruzaron, la del peruano que le escribió “Campamento del Ejército Grande” y la del argentino que le contestó desde el “Cuartel del Ejército Chico”, cruces de bromas en misivas y señales.
Chicos grandes, grandes chicos los generales, Juan Pío de Tristán Y Moscoso el tío sin cara de europeo con toda la agilidad del habitante de la cordillera, y Manuel Belgrano el creador de la bandera a la vera del Juramento.

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