En Babia anda el cronopio bisbiseando, susurros son de pasados años chismes que se van perdiendo.Él anda siempre en Babia armando sus relatos como si fuera un arquitecto palabra por palabra, desde niño Domingo escribe y escribe desde que partió a Sevilla, siempre se lo ve trabajando como si fueran ladrillos las palabras de sus fábulas, no sabe bien cuántos las leen en el telégrafo mercantil, el periódico de más tirada, pero él se divierte buscando referencias similitudes entre la vida instintiva de los animales y la vida un poco más racional de esa gente que lo rodea.
Este Azcuénaga no es amigo de lo que hace su hermano metiéndose con esos de la primera junta, no entiende demasiado bien lo que quieren hacer adónde quieren llegar, si lo mismo se puede hacer sin clavarse con tantas peleas, no se mete con lo que hace Clarita de Núñez y Chavarría esa dama engreída y tan movediza que ha desposado, se creerá que puede todo porque su padre es el escribano del cabildo si él también es letrado, le molesta aunque no se lo dice, le duele que ella no acepte sus encomiendas de no meterse con los problemas de la política que se mezclan siempre con los de alcoba y de guerras intestinas, que ande apañando rebeldes realistas en días de revueltas, no se mete con ella y desaprueba todo lo que ella organiza como reuniones sociales que son la comidilla en toda la aldea hay malignos que dicen que lo engaña con algunos de esos gringos matreros soldados.
No se mete con su hermano ni su mujer con eso logra que ella tampoco se meta con su trabajo de escritor que anda dejando testimonio, Domingo es un poeta y además un patriota como su hermano y prefiere a los criollos sean paisanos o generales como el vivo de San Martín que dio parte de enfermo para no andar por Sipe – Sipe y se fue como dicen que se retiró Guemes volviendo a su Salta, no es cuestión de andar perdiendo el Cuzco ni nada, no es amigo de muchas de estas cuestiones pero sin embargo las deja registradas como esa batalla en la que Rondeau dejó definitivamente el alto Perú en manos de los realistas aunque tuvo oficiales valientes en sus filas, pues si son ingratas, para reprehenderlas las Cotorras bastan.
Que nuestra causa es santa y muy sagrada, Ios prensistas lo escriben á porfía, Y si no hace milagros todavía. Depende de no estar canonizada: Si paramos la vista en la jomada De Sipe-Sipe, que se lee en el día, Veremos la congoja que tenía El Gobierno en su mente recatada: Los refuerzos que envía son muy buenos. Mas ya van tarde, porque está el sistema Sino en las agonías, cuando menos Aparejado con su unión extrema; Con que digamos con angustia tanta. Que, el diablo se llevó la Causa Santa, escribió el abogado.
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