Pages

Saturday, March 19, 2011

cronopio cualquiera escribiendo con cronopio obligado

Leyenda de la mula ánima, escribiendo con Rafael Obligado, segunda parte, era blanca como las nieves eternas esas nieves que se transitaron varias veces para vencer al enemigo o volver destrozados milicia desarticulada y maloliente, era blanca como los capullos de las flores de las calas que se sacan de los pantanos para tirar por donde fuera que estén recordando a los que quedaron en tumbas improvisadas en las montañas donde están esas nieves eternas, era blanca y rubia o colorida como esos cardos que dan flor en primavera, se enamoró de un soldado de la santa independencia que con Dávila fue a Chile a luchar por su bandera, se enamoró de un parsimonioso conscripto reclutado como otros a puro grito y aura en pulperías y en la pampa, y como era tejedora de las pocas y las buenas guapa la moza para hacer desde cobertores a uniformes, le hizo un poncho de vicuña más liviano que hoja seca liviano pero abrigado como para no aflojar por el frío, el buen joven se marchó a libertar nuestra América o para intentarlo al menos porque de tanto andar anduvo viendo que mientras ellos iban poniendo el pellejos otros en las capitales peleaban con la pluma y la palabra despareja guerra para unos despareja guerra para otros, andar luchando para otros cuando no se terminó de luchar para uno mismo aunque si los capitanes lo aseguran ansina nomás han de ser las cosas, partió el varón como partiera bajo fe de su palabra de casamiento a la vuelta, y ella dama mentirosa y fornicadora, dos años corridos desde la última vez que lo viera, fue tan loca y sinvergüenza que se enredo con un cura para curarse de ausencias como mujercitas abrazadas habrán andado con sotana polleras y enaguas, valga alguna ausencia con alguna presencia pero no valió vicio por virtud alguna y Dios, el gran Dios, la maldijo hiriéndola con su diestra sangre y fuego se escapó de sus entrañas vértigos y cimbras eternas acidez desconocida retorcijones imparables, y echó, su ánima a penar por las quebradas desiertas su alma de ingrata a vagar perdida por infiernos y médanos arenosos y montañas empinadas, convertida en esa mula que en la noche se pasea, mulánima mulánima gritan los paisanos cuando logran verla perfilada en las noches como una sombra, mulánima mulánima disparan en sentido contrario, en esa mula con alma de mujer infiel que se aparece también en las siestas despobladas en los aireados amaneceres o en los pesados ocasos esa mula con cuerpo lascivo puro tendones y músculos que de ojos boca y narices arroja llamas siniestras, un estigma que solamente podrá suspender el soldado valiente varón y macho leal a hembra y bandera varón y macho disciplinado y sumiso a capitanes y generales, por un decreto divino lleva colgando las riendas pasta la embocadura calzados los filetes por ahí algún bocado y la cadenilla y la brida así no se olvida que cambió una ausencia por una presencia la distancia por la cercanía un hombre por otro hombre que después pueden ser otros hombres, para que no se olvide que la extensión nunca es igual a la intención y son dos cuestiones diferentes, que la lealtad es lealtad hasta en la distancia y la traición felonía hasta en la inmediación y hasta que un hombre muy hombre duro el pellejo curtido en docenas de combates, por redimirle la pena como intermediación de diosito para librarla de la condena, con fuerte brazo y fe santa la refrene en su carrera, ciega carrera la de su muerte interminable y espantada hacia la oscuridad y la nada, iba cayendo la noche al terminar la conseja la confirmación de la fábula la resolución de la condena, y conmovido el soldado por unas ansias secretas, mudo besó, al despedirse, a los niños y a la abuela, y, cabalgando en su mula, se echó a vagar por la sierra., mula distinta a la mula que ahora buscaba, era una noche sombría fúnebre noche cuando los hombres se duermen y las almas se despiertan para jugar con las corsuelas cuando los espíritus se divierten con las vizcachas, oscuridades de aquellas en que los genios medrosos salen de grutas y cuevas de galerías secretas en los cerros y de socavones profundos en las montañas, cabalgando el soldado de la santa independencia que con Dávila fue a Chile a luchar por su bandera hasta en que una mano asomada de algún recodo hace señas como hacen los baquianos para avisar de novedades; montando el soldado de la santa independencia que con Dávila fue a Chile a luchar por su bandera sumiso con su milicia el viejo adivina en que ahí está oculto un misterio que hace temblar las tinieblas, y hasta el rumor del torrente es como un rodar de cadenas, de ataderos que no se ven de ataduras que vienen de la condena, el noble viejo marchaba por la sinuosa vereda ayer de la cordillera y ahora del poblado más cercano, cuando unas luces rojizas como refucilos azulados rayos como arco iris, hiriendo a saltos las peñas lo que no lo hieren gracias al guardamonte, le iluminaron un arria de pardas mulas cargueras hay más de un alma en pena hay más de una angustia deambulando por los infiernos más de una zozobra corriendo por el averno, bestias cegadas bestias por las luces y los colores, quietas las bestias quietas paralizadas, bufando bajo las vivas centellas como en las tormentas cuando el cielo se viene abajo, y a los arrieros postrados asustados carreteros, la faz oculta en las piedras, luego, por boca y narices echando ardientes culebras reptiles brillosos y negros blancos dientes fina y larga lengua de rojo vivo que, sierpes retorcidas los muros suben y en lo alto chispean las sabandijas amenazan zancudos y arañas por todos lados, se apareció la Mula ánima, mulánima mulánima grita el varón amante y asustado al aire flojas las riendas, aflojando el paisano él nunca se olvidó aunque ella lo olvidara muy rápido, con el corazón no se ausentó aunque ella en la ausencia lo cambiara, echó pie a tierra el soldado de las batallas homéricas victoriosas batallas y batallas de derrotados, y se avanzó a recibirla con toda el alma en la empresa aun con todo era su china, hizo a la Virgen del Valle, como a sus jefes la venia, soldado disciplinado y cristiano renegado y redimido y cuando estaba ya encima la mula, en llamas envuelta, la refrenó por sus bridas tirando para mover las embocadura y ajustar los bocados, y a su pecho vino a estrellarse, ya muerta, pero en mujer convertida y era su novia nomás la prenda, esa mujer que dejo en el tiempo pero que nunca dejó de quererla, el soldado de la santa independencia se echó a llorar como un niño el de las lides de América, llanto atrasado que tenía después de los padecimientos mientras la Virgen del Valle bajó ceñida de estrellas luz blanca centella azulada fogata y arco iris él le tendió como alfombra su rico poncho de hojuelas, y ella posada un instante para aceptar la promesa, volvióse al cielo llevando purificada en su esencia, un alma mísera de mujer indigna una alma triste de mujer solitaria, pero que ha amado en la tierra.

No comments:

Post a Comment