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Tuesday, December 28, 2010

rayuelas

Como en las docenas de rayuelas que con tiza pintamos vivimos la docenas de inicios las docenas de principios del sexo que fuimos descubriendo entre todos en la docena de veredas baldías baldíos y plazas donde jugamos docenas de veces jugando averiguando sigilosamente lo que no nos contaron examinando a duras penas durante esas docenas de días igual que como en las docenas de rayuelas con docenas de tierras y de cielos con las escalas que inventamos, el sexo entre iguales el sexo entre diferentes el sexo solitario y el compartido sexo en docenas de oportunidades que comenzaron alguna vez y nunca más faltaron en nuestros juegos en nuestras indagaciones de párvulos calientes comprimidos fluyentes como saltamos pasando esas mismas escalas en caminos de ida y de vuelta a esos cielos a esas tierras a esos obstáculos a esas recompensas a los que nunca llegamos alejándonos de esas tierras que nunca dejamos de pisar como podemos, como eso fueron los juegos de nuestras inocencias y malicias y astucias de nuestra virginidades perdidas en cámara lenta de nuestras impurezas inconscientes virtuales reales, elaboraciones inconclusas en nuestras cabezas con razonamientos y con información incompleta, juegos de manos de besos de caricias con tres hermanas predispuestas que fueron enseñando sobre manejar los enviones las acudidas las sacudidas de energías intactas cada una con su forma de calentura las hermanas en sus escalas como las escalas de las rayuelas dobles escalas simples pero con valores dobles apoyaron sus tibiezas en las tibiezas que encontraron buscando descomprimir las emociones la tensiones los escalofríos confortables los líquidos que sin resolución se deslizaron en entrepiernas que protegieron a medias virginidades que se fueron terminando, masculinas y femeninas, como en la docena de rayuela que jugamos muy bien no supimos entonces ni ellas ni nosotros, nosotros sintiendo que sí nos calentaban situaciones que nos entraron primero por la vista imaginando cuerpos debajo de las ropas ellas probablemente también porque a pesar de esquivarnos de hacernos saber de los rechazos de las imputaciones lo mismo se afirmaron en nosotros refregándose en locos franeleos que invariablemente nos llevaron a docenas de orgasmos que impregnaron nuestros calzones como probablemente se impregnaron los de ellas, docenas de espasmos docenas de convulsiones docenas de eyaculaciones sin sexo gratas no violentas solamente refriegas con esas hermanas en docenas de rincones y carpas de juguetes y zaguanes como jugando las docenas de rayuelas que con tiza pintamos en la docenas de veredas donde juntos saltamos de escala en escala buscando nuestras tierras y por qué no nuestros cielos.

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