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Wednesday, December 29, 2010

el paraíso del cine


Tengo que contarlo antes de morirme o me iré atragantada buscando a esa señora la virgen y a su precioso Hijo de los que espero misericordia, compasión piedad no se qué quiero pero sí que la busco a ella y a su precioso Hijo son los únicos que en el silencio entenderán de las idas y vueltas de mentirme y mentir de ser cínica y de querer parecer sincera, tengo que decirlo de alguna manera para ver de buscar clemencia de ellos antes de ir hacia ellos es lo único que me queda contar los hechos como ocurrieron sino todo seguirá siendo como nada será como parece sino parecerá que nada lo es porque fue para mí porque al final desde que empezó estuve sola y seguí sola y continúo sola en la soledad en el llanto en la náusea en la recuperación como una larga pesadilla que no se termina que tal vez se termine con alguna indulgencia, de ellos porque de los demás no me importa de los que fueron y ahora se hacen los desentendidos de los que no fueron y también se desentienden de decirlo de los que hacen negocio con esto de los que quieren quedar en la letra mentirosa de nuestros libros de historia, como una larga contrariedad que comenzó como si fuera una selecta de un domingo cualquiera de todos los domingos que fuimos al cine con mis hermanos chicos inquietos como fuimos contando las monedas que papá sacaba a duras penas de su salario de ayudante de maestro azucarero, comenzó como si fuera una selecta con las luces apagándose lentamente como se apagan cuando una función comienza aunque esta vez no fueran las luces del cine sino las de todo el pueblo manera ampulosa de llamar al caserío de unas dos mil familias de los que vivimos por esos días en Palmeritas una de las fincas del ingenio, comenzó con el silencio de nuestras expectativas con el silencio de nuestros silencios consentidos mutismos acordados en función del efecto sorpresa con la atención que da la presunción que se va a conocer lo desconocido de aventurarse en la vida de los otros encerrada en la pantalla inmensa, salvo que esta vez la pantalla fuera el caserío disperso en torno de la iglesia de las fiestas patronales la delegación municipal y los cuatro negocios más importantes de los turcos propios, comenzó con el frío filtrándose por las rendijas de las puertas y helando irremediablemente nuestros pies y las rodillas como es el frío de cualquier invierno trasportado por el viento suave que se filtra por las butacas del cine, comenzó con el presentimiento acelerado el pulso y el corazón por la parte de la historia desconocida qué estaba pasando por la pregunta qué era lo que se venía en esos días de sindicalistas iracundo puteando a testaferros de la empresa empleados mandamases diciendo que hay que dejar el zurdaje y ponerse a trabajar como siempre que con las ideas no se come, comenzó con los ruidos conocidos y desconocidos algunos de las camionetas de la empresa atestadas de matones patrullando las calles de tierras de todo el pueblo calles de ripio y de aguas servidas, comenzó con el vuelo de un pájaro de mal agüero que se perfilaba en el espacio oscuro de esa noche de invierno del setenta y seis pájaro de malas noticias confundido con las lechuzas asustadas en su vuelo a lo mejor huyendo de duendes y de brujas invisibles y de esos tipos que se desplazaban con los sonidos de un silencio de patoteros, comenzó cuando se hizo la luz de nuevo como si fuera el intervalo de golpe después de minutos o de horas quién lo habrá registrado o sabido de ir sabiendo en el desenlace de un argumento que ya se vino conociendo aunque no se dice en el murmullo que corre como reguero de pólvora que los comunistas andan detrás de quienes presumen de la propiedad privada, tengo que contarlo o me iré atorada al infierno creo que eso me merezco después de aquello, de eso que comenzó como en una selecta con intervalo y todo, con luces que se encendieron de nuevo que se apagaron de nuevo que se fueron encendiendo y apagando de nuevo por todas las casas de todas las calles de todo el pueblo, tengo que decir que cuando me tocó que patearan las puertas y una media docena de tipos alcoholizados me explicaran a los gritos que andaban detrás de Lucifer mismo pedí piedad para mi pequeño al que se llevaron como a otros muchachos y no tan muchachos minas y tipos maestros y obreros, tengo que decir que además lo pensé y que además se los dije a los que estaban cerca de los vecinos a los que vinieron en los días que después pasaron a los amigos a los que quedaron a los que se alejaron, algo habrá hecho mejor que vaya y les explique y pueda volver a su trabajo en el ingenio, debo decir que hablé compungida ungida por el vínculo contrita y que ellos me dijeron que nada más era por averiguación de antecedentes como los otros como todos los que daban explicaciones por esos días averiguación de antecedentes que tardaban días claro que no había computadoras que tardaban meses que tardaron toda mi vida, en todo eso que fue como en una selecta de un domingo cualquiera de todos los domingos que fuimos al cine con mis hermanos, tengo que decir que sentí ganas de correr y buscarla a esa famosa profesora de literatura que él contó le hablaba de revoluciones y de justicia, escupirle la cara decirle que en su nombre se lo llevaron putarraca malcojida, comenzó como con los milicos o los de la empresa porque esa fue la segunda película que no terminé de ver como algunas de las películas que me perdí de los tantos selecta de un domingo cualquiera de todos los domingos que fuimos al cine con mis hermanos, siguió con los mismo milicos y la misma gente de todos los días que comenzaron a ser allegados o sospechosos de un rato para otros pasando de una condición a otra una y otra vez, comenzó como en una selecta de un domingo cualquiera de todos los domingos, él se fue entre luces y apagones y yo me quedé sin mi pequeño maldiciendo a los milicos a la puta de la profesora al marido un cornudo y diciendo a quien me quiera escuchar que a los de la empresa los deben haber obligado los milicos a poner las camionetas a punta de pistola y los deben haber obligado a ponerle hombres de refuerzo, porque los patroncitos son muy buenos ellos mandan a pedir cada quince días como diez docenas de empanadas que van en avión hasta Buenos Aires, tengo que contarlo antes de morirme que en el final de esa selecta me anoté como madre damnificada y cobré una indemnización suculenta, el lo hubiera querido después de todo fue para educación de su hermana.

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