Siempre nos tuvo paciencia y además impaciencia el cura Martínez, a nosotros nada menos que éramos, siempre nos aprobó por encima de todo nunca las llevamos previas a la materias que tuvo a su cargo pero al mismo tiempo siempre nos amenazó y al final nos aplazó en todos los diciembres para que supiéramos que los chismes de pasillo que lo tuvieron como uno de los profesores condescendientes de esos días eran todos calumnias e infidencias del demonio personificados en nosotros los varones del curso y tal vez de otros cursos porque a las niñas nunca las tocó ni las tocaría eso lo supimos de toda la vida, eso sí estuvimos por esos días diciendo materia pava por todos los pasillos, y al final después de aplazarnos siempre nos aprobó en los mismos diciembre después de hacernos conocer el plantón del examen oral y transpirar la gota gorda a nosotros nada menos que éramos, siempre apeló el cura Martínez a su caridad de cura párroco en épocas de andar haciendo patria por pequeñas ciudades del vasto territorio lo que no era ninguna joda, con gente llorando por sus penurias y un enjambre de pecadores que se conocían todos sus pecados porque como siempre dijo él pueblo chico infierno grande, escuchando sin ayuda en el confesionario desde pelotudeces hasta cosas gordas como las cuestiones de asesinatos y cuernos, había que aguantarse las mañanas calurosas de noviembre y diciembre la intolerancia que pareció brotarle cada vez con el calor por el cuello blanco y duro que coronó esa sotana que le encerró todos esos días los más de cien kilos que el cura tuvo por muchos años, había que aguantarse esos inviernos crudos en las primeras horas porque lo del él fue la educación democrática cuarta en el ranking de materias para elegir horarios, siempre nos tuvo tolerancia y además intolerancia el cura Martínez siempre nos aguantó y nos tiró todos los guiños del mundo, hasta el día que uno le dijo que era un pollerudo que se pasa mirando los calzones y los culos de las minas que de saberlo siempre se los muestran, siempre nos tuvo paciencia y además impaciencia el cura Martínez pero esa vez para aprobar tuvimos que ir a una junta de las autoridades del colegio con nuestros padres y fue la última vez que el cura Martínez nos enseñó, a nosotros nada más que éramos de buenos modales próceres y comportamientos cívicos.
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Thursday, December 30, 2010
pedofilias subliminales y antiguas
Siempre nos tuvo paciencia y además impaciencia el cura Martínez, a nosotros nada menos que éramos, siempre nos aprobó por encima de todo nunca las llevamos previas a la materias que tuvo a su cargo pero al mismo tiempo siempre nos amenazó y al final nos aplazó en todos los diciembres para que supiéramos que los chismes de pasillo que lo tuvieron como uno de los profesores condescendientes de esos días eran todos calumnias e infidencias del demonio personificados en nosotros los varones del curso y tal vez de otros cursos porque a las niñas nunca las tocó ni las tocaría eso lo supimos de toda la vida, eso sí estuvimos por esos días diciendo materia pava por todos los pasillos, y al final después de aplazarnos siempre nos aprobó en los mismos diciembre después de hacernos conocer el plantón del examen oral y transpirar la gota gorda a nosotros nada menos que éramos, siempre apeló el cura Martínez a su caridad de cura párroco en épocas de andar haciendo patria por pequeñas ciudades del vasto territorio lo que no era ninguna joda, con gente llorando por sus penurias y un enjambre de pecadores que se conocían todos sus pecados porque como siempre dijo él pueblo chico infierno grande, escuchando sin ayuda en el confesionario desde pelotudeces hasta cosas gordas como las cuestiones de asesinatos y cuernos, había que aguantarse las mañanas calurosas de noviembre y diciembre la intolerancia que pareció brotarle cada vez con el calor por el cuello blanco y duro que coronó esa sotana que le encerró todos esos días los más de cien kilos que el cura tuvo por muchos años, había que aguantarse esos inviernos crudos en las primeras horas porque lo del él fue la educación democrática cuarta en el ranking de materias para elegir horarios, siempre nos tuvo tolerancia y además intolerancia el cura Martínez siempre nos aguantó y nos tiró todos los guiños del mundo, hasta el día que uno le dijo que era un pollerudo que se pasa mirando los calzones y los culos de las minas que de saberlo siempre se los muestran, siempre nos tuvo paciencia y además impaciencia el cura Martínez pero esa vez para aprobar tuvimos que ir a una junta de las autoridades del colegio con nuestros padres y fue la última vez que el cura Martínez nos enseñó, a nosotros nada más que éramos de buenos modales próceres y comportamientos cívicos.
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