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Monday, May 24, 2010

contrariedades

Juana Gorriti Zuviría. Ahora sí que lo tiene sólo para ella dama mimada por los suyos de familia patricia sólo para ella como lo tuvo nada más que media docena de veces en la cama abierto su corazón como sus piernas bien abiertas rendida a los pies de él autoritario y majadero hasta en eso comandando en la alcoba tal vez una docena de veces cuando mucho de las cuales después de dos de ellas nacieron las niñas las dos bolivianas no de rosario en la frontera con Tucumán de donde son con su noble familia allá donde los de su casta residen sufriendo al restaurador aún a miles de kilómetros, ahora sí que lo tiene al inquieto y movedizo miliciano al impetuoso capitán que eligió las luces del poder supremo, que eligió andar corriendo detrás de las luces que iluminan al pueblo de ese pueblo que ahora lo custodia para que a Melgarejo no se le ocurra ni siquiera acercarse esa yunta de paisanos inconstante que ama y odia con la misma intensidad con que adopta y deja a sus conductores, sean capitanes o generales indigentes o presidentes en estos años difíciles de andar luchando por cuestiones de la libertad de algunos vivos y la independencia de los reinos de Europa que merodean buscando riqueza que después despachan en sus barcos y que no les importan ni los indios ni los criollos, ahora es el momento aunque sea un momento de recogimiento y él no pueda ni contestar ni contar de sus opiniones una pizca de penumbras instantes de vigilia a las luces de la familia de una prole preclara iluminada que cuida a sus peones en las zafras a sus criados en lo tambos o mataderos de un linaje que no se une que no se unió nunca, siempre separados siempre hablando a la distancia por medio de cartas o mensajes cifrados de boca en boca porque él no lo ha querido no quiso saber nada de radicaciones ni compromisos de ricos y probablemente tampoco ella que vive el vértigo del instante el vértigo de la lujuria de espasmódicos momentos que se acaban no bien empiezan, encargos que se acaban antes que se realicen como esas luchas entre los del puerto y los que están en las provincias, de la sombras de las familias que aparecen cuando se encienden las luces y sombras de las luchas intestinas que son luchas por los patrimonios de algunas familias que otros tiempos con menos beligerancias sirvieron a las coronas por las fortunas que se acumularon por más de dos siglos llevando los registros de los contables escribiendo las ordenanzas administrando para la nobleza sombras de las luces de las conspiraciones que se hacen para adentro del territorio apoyando a los congresales que están de acuerdo con mantener los negocios con centro en el puerto de Buenos Aires para ganar en metales y equiparar algo de las ganancias y de las pérdidas de las guerras, de los armisticios que se firman sin medir las consecuencias saciar las furias tremendas de esas pléyades que persiguieron a Orestes como ahora la muerte al escurridizo cabecilla que no puede escaparse afuera lejos pero bien lejos de los límites imprecisos de esas naciones que por años parecen una unidad como la que quieren Sucre el general Santa Cruz o Bolívar, y por otros años parecen varias naciones o pueblos o regiones distintas cuando se discuten intereses de las gobernaciones, en el interior de las provincias de las ciudades grandes donde viven caballeros que disponen por los ciudadanos de los pueblos pequeños que se forman alrededor de las fincas con tambos y saladeros cercanos en Chuquisaca o en Salta, brutos que no escarmientan aunque se dejen vidas de soldados que son jóvenes de jóvenes que son niños en niños que se inmolan en las batallas una tras otra, se destruya el comercio de mulas de carbón y de provisiones y se destruyan ejércitos que son pesada carga para el erario luchando por la vida o la muerte por la dicha o el dolor, mensajes silenciosos de ese valiente que se ha muerto negando el trabajo de oficinas y eligiendo el trabajo arriesgado en los campos de batallas como ese capitán con las sienes perforadas que ahora obedece a su musa sin ofrecer resistencias, que habrá querido primero la independencia y después el servilismo, ahora sí que lo tiene para ella, ahora sí que lo acostó y que lo limpia y que lo arropa como a ella se le da la gana por fin lo tiene todo y solo para ella mandando ella como a ella le gusta lista para tenerlo listo para entregarse a una lujuria que hace mucho que no existe en ese lecho nupcial donde lo ha esperado muchas veces solitaria especialmente en las noches frías de invierno abrazando los cojines envuelta en su camisón enredada en su bata de dormir atrapada en la calidez de sus cobijas apretando sus manos entre las piernas en esa zona que se enciende con el mismo fuego que apareció en otros tiempos más felices bajo otras formas en medio de las piernas del capitán que la hizo gozar bien pero muy pocas veces y siendo una niña de pensamientos calientes pobre mujer que pedía más de lo que tuvo ahora a él que no podrá decir nada, el presumido ese negro engreído que corrió detrás de las cuestiones del pueblo antes de ocuparse de ella que aunque no se haya dado cuenta es una bella mujer hembra obediente porque le gusta y más un miembro importante de una de las familias salteñas distinguidas en estos años de la federación sangrienta, ahora sí estará horas limpiando la sangre sin que el otro no le diga nada ni le marque los movimientos más tranquilo de lo que anduvo ahora que está más herido que nunca en el mismo lecho que se amaron y que ahora es el lecho de su muerte sin honores, un camastro donde no hay ni siquiera flores ni siquiera a sus costados floreros con ramos de esas flores que son diferentes, flores que llaman al juego del amor a pedir más y más a recibir menos y menos o flores que indican el juego de la muerte, diferentes a los azahares de otros tiempos cuando la doncella pedía y el capitán se los daba a todos los gustos a los caprichos de su dama ahora antes de lo que estará siendo una presa del sepulcro en su corazón a pesar que le esté dando interminables vueltas a la vida habrá dicho esa Juan Manuela, limpiando el cadáver acariciándolo en el mismo lecho en que otrora la abrazara, habrá andado pensando que en esa cama nupcial su matrimonio su alegría su vida misma fueran como cuando se nace como la muerte un santiamén de tiempos de conciencias y de inconciencias, un soplo la muerte un hálito la vida un resuello irremediable, impermeable, instantes aunque se hayan tomado y fueran perpetuidades.

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