Desplantes. La Mary era como la mina de todos los de la barra una docena de adolescentes sin destinos como fuimos por esos días audaces juglares despechados por las mujeres que los preferían mayorcitos que recorríamos las pistas de los bailes de carnaval en Boca o Belgrano y por las tardes en algunos de los lotes como Florencia Paulina o Prediliana, la más linda de ojos verdes y rulos castaños claros que llegaban hasta sus hombros la más simpática con su sonrisa aunque de pocos y blancos dientes, la mayor de cuatro hermanas que vivían de toda la vida en el pueblo con Michel un sirio viudo que se dedicaba a colocar metros y metros de telas de todas las texturas y colores para que las damas se vieran hermosas las dos o tres noches de festejos comunales en el año de bailes de gala en los salones del club recreativo o en los salones recientemente inaugurados del sindicato de obreros y empleados, una hermosa turca que simpática conversaba con todos nosotros sin distinción si fuéramos lindos o feos ricos o pobres quedados o avanzados, que por esos días con la imaginación fuera de nuestras bordas porque éramos niños tirando para grandes y en realidad aunque quisiéramos no llegábamos nunca a nada, ya todo eso la Mary lo sabía muy bien y entonces se dedicaba a presumir hacernos sentir los efluvios de su celo de adolescente y hermosa y a que nosotros jugáramos apuestas impagables para saber cuál de todos al final se quedaría con ella con todos sus atributos, el turco Michel con imprudencia de viudez había hecho correr la voz que el caballero que pretendiera a la niña debía hacerlo con casamiento de por medio. Pero como pasa cuando se trata de jóvenes tanto nos quería y compartía con nosotros que teníamos descontado todo el tiempo de este mundo para tomar las decisiones, ella era de nosotros y como era de nosotros como si fuera nuestra propiedad creímos que siempre estaría ahí a la simple mímica de alguno de los de su barra porque fue nuestra barra y fue la de ella por lo que la quisimos. Hasta el domingo que apareció Turi un rubio pintón de dos o tres años mayor que nosotros pero diferente en una cosa, el tipo se apareció en un relumbrante torino cuando habrá sido el cuarto o quinto auto de ese lujo en el pueblo, y la prendó a la Mary que nunca más se acordó siquiera de saludarnos, porque en el poco tiempo que pasó desde entonces el tipo se casó con ella y se la llevó lejos. Mientras el talco caldeaba el aire olor a albahaca verde que corría y mezclado con el agua nos producía unos chuchos descomunales en se carnaval del sesenta y ocho un viejo dijo como si fuera una cargada de esas bromas que se hacen porque sí sin razón porqué se hacen sin razón para quién y supongo que sabiendo que habíamos perdido con la Mary para siempre, más vale pájaro en mano que cien volando, y los de la barra todos sin excepción y sin tener idea de lo que dijo o quiso decir seguimos al momento divirtiéndonos con el tiburón tiburón de los Wawancó.
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Monday, April 26, 2010
desconsideraciones
Desplantes. La Mary era como la mina de todos los de la barra una docena de adolescentes sin destinos como fuimos por esos días audaces juglares despechados por las mujeres que los preferían mayorcitos que recorríamos las pistas de los bailes de carnaval en Boca o Belgrano y por las tardes en algunos de los lotes como Florencia Paulina o Prediliana, la más linda de ojos verdes y rulos castaños claros que llegaban hasta sus hombros la más simpática con su sonrisa aunque de pocos y blancos dientes, la mayor de cuatro hermanas que vivían de toda la vida en el pueblo con Michel un sirio viudo que se dedicaba a colocar metros y metros de telas de todas las texturas y colores para que las damas se vieran hermosas las dos o tres noches de festejos comunales en el año de bailes de gala en los salones del club recreativo o en los salones recientemente inaugurados del sindicato de obreros y empleados, una hermosa turca que simpática conversaba con todos nosotros sin distinción si fuéramos lindos o feos ricos o pobres quedados o avanzados, que por esos días con la imaginación fuera de nuestras bordas porque éramos niños tirando para grandes y en realidad aunque quisiéramos no llegábamos nunca a nada, ya todo eso la Mary lo sabía muy bien y entonces se dedicaba a presumir hacernos sentir los efluvios de su celo de adolescente y hermosa y a que nosotros jugáramos apuestas impagables para saber cuál de todos al final se quedaría con ella con todos sus atributos, el turco Michel con imprudencia de viudez había hecho correr la voz que el caballero que pretendiera a la niña debía hacerlo con casamiento de por medio. Pero como pasa cuando se trata de jóvenes tanto nos quería y compartía con nosotros que teníamos descontado todo el tiempo de este mundo para tomar las decisiones, ella era de nosotros y como era de nosotros como si fuera nuestra propiedad creímos que siempre estaría ahí a la simple mímica de alguno de los de su barra porque fue nuestra barra y fue la de ella por lo que la quisimos. Hasta el domingo que apareció Turi un rubio pintón de dos o tres años mayor que nosotros pero diferente en una cosa, el tipo se apareció en un relumbrante torino cuando habrá sido el cuarto o quinto auto de ese lujo en el pueblo, y la prendó a la Mary que nunca más se acordó siquiera de saludarnos, porque en el poco tiempo que pasó desde entonces el tipo se casó con ella y se la llevó lejos. Mientras el talco caldeaba el aire olor a albahaca verde que corría y mezclado con el agua nos producía unos chuchos descomunales en se carnaval del sesenta y ocho un viejo dijo como si fuera una cargada de esas bromas que se hacen porque sí sin razón porqué se hacen sin razón para quién y supongo que sabiendo que habíamos perdido con la Mary para siempre, más vale pájaro en mano que cien volando, y los de la barra todos sin excepción y sin tener idea de lo que dijo o quiso decir seguimos al momento divirtiéndonos con el tiburón tiburón de los Wawancó.
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