Entre palomas y cuervos – III –
La una animada todavía, bella y confiada en un porvenir de venturas y aventuras como las que tuvo de niña en su pueblo, y la otra con el toque que adoptara para aparecer como intelectual aunque no lo fuera porque ni sabe lo que eso es o porque eso depende de otros que a su vez se califican a sí mismos calificación que por esos carece de substancia, por donde anduviera con estos interrogantes pero bella también aunque disimulando sus bellezas detrás de unos anteojos ordinarios y pasados de moda, y encima desencantada de un mañana distinto a sus mañanas anteriores en la ciudad de calles peligrosas y oscuras donde alguna vez tuvo posibilidades de jugar como cualquiera pero a medias.
Aún cuando entradas en razón y después de los apuros se sintieran muy felices, se lo decían compartiendo, la misma residencia las mismas tristezas los mismos entusiasmos, los días del calendario los festivos los religiosos los días de fiestas cívicas, los meses y los años que se pasaron enseñando en las escuelas, los fracasos las salvaguardias y el alborozo, remando como decían con los mismos niños que llegaban y pasaban por las aulas frías a las que ellas les imprimían el calor de sus cariños de su magisterio de su apostolado, plasmados en guirnaldas y cadenas en azul y blanco mal pegadas en las paredes mal pintadas y en las pizarras descoloridas, ternezas distintas en la forma tal vez pero en el fondo muy iguales, de la una acentuando sus ganas de vivir esta existencia, de la otra apegándose a teorías copiadas de los libros en muchas noches de insomnio y de paráfrasis confusas de la vida, del darse y del despegarse de tanto sentimientos de emociones que van y que vienen.
Nada repararon de sus pasados cruzados ni se les ocurrió detenerse en el detalle de esos mismos pasados pisados, en sus retrocesos en sus transferencias en sus pecados, y encima nunca llegaron a decírselo con sinceridad menos que menos en el umbral de andar sus inviernos y el pasmo sórdido de la estación de la inclemencia, cuando la muerte ya no es más una posibilidad remota y se disminuyen demasiado los interlocutores que se tienen, así las alcahuetas eso que el diablo sabe por diablo pero más sabe por viejo, alegoría que apoyaría cualquier indolente repelente que se pueda apreciar de inmortal, lo que no son ni Penélope ni Noelia.
El comunicárselo les habría servido para limar las asperezas que algunas vez tuvieron, sus parquedades sus sorpresas, para resolver las diferencias que eran muchas como las certidumbres como las incertidumbres comunes, como sus peleas cuando comenzaron a ponerse quisquillosas e intolerables y además a notarlo lo que no fue poca cosa, a renegar de las contingencias y a rezongar por cualquier cosa y a mascullar con razón y sin razón de todo.
La una asegurando que había que darse sin dobleces imponiendo con temple y paciencia los conocimientos y las ideas, la otra a la defensiva e inflexible privilegiando la conducta estricta la justicia y la equidad en todo si las hubiera, la mesura y la prudencia como emblemas de las virtudes de una vida proba.
En especial cuando trataban los temas de las palomas, tórtolas crías y madres, alumnos y maestros que todos los años colmaban aulas y patios disponibles, torcazas bulliciosas que dejaban sus huellas en garabatos sobre la madera ennegrecida y reseca de los pupitres o en un libro de temas, que sin esperar la llegada del descanso estival gastaban por anticipado su ansiedad para volar a otros espacios quizás más acogedores, volviendo después y remontando de nuevo una y otra vez el planeo en cada apertura y cierre de lo que oficialmente llamaban el ciclo lectivo.
Respecto a cómo tratarlas con el cumplimiento de obligaciones y la disciplina tenían criterios diferentes, la una asegurando que había que había que comprender los errores que son tropezones y los aciertos que son ponerse nuevamente de pié más recargados, la otra en cambio defendiendo las actitudes directas de control y corrección inmediatas y poco retorcidas, al revés de esos hierros que recordaba eran el soporte principal de los edificios en su ciudad sin cielo en su jaula.
En los pareceres diferentes se manifestaban también sus juicios y sus prejuicios distintos y las acaloradas discusiones cuando tocaban el tema de los cuervos, la calificación del único y común acuerdo que tuvieron para ubicar y calificar a las mujeres de la luz verde, el recóndito cabaret del lugar que funcionaba en turnos y períodos diferentes en los que funcionaba la escuela.
Cuervos cría y cuervos madres, casi anónimas para algunos de los habitantes del pueblo hembras poco comunicativas que matriculaban a sus niños y les causaban algunos problemas con eso, a la una que como directora de la escuela condenaba el comportamiento superficial y hedonista de las mujeres a las que llamaba infelices sin saber si eran felices, y a la otra que se desesperaba diciendo que son cosas que ocurren en la vida que se deben aceptar como se aceptan todas las otras llamadas normales aunque no lo sean.
Así que sobre palomas y cuervos sus charlas fueron siempre conversaciones de sordos y belicosos y odiosos contendientes, una lástima, porque por poco que se hubieran escuchado podrán haberse dado una mano mutuamente cuando la necesitaron.
La una a Penélope que en los meses de receso cambiaba el blanco guardapolvo por un vestido de negras lentejuelas, llamativo como el que se puso la vez que la dejaron plantada, y ésta a Noelia que hasta el cansancio continuó insistiendo angustiada y protestando por el olvido y la indiferencia de los demás, por quienes están solos aún sabiendo que alguien la rastreaba sin encontrarla.
De verdad una pena, porque a la una ese invierno se le presentó muy tibio, y la otra sintió mucho frío.
Y en el final la una quedó en una tumba donde se posan cuervos y palomas, y la otra en un nicho que no visitan ni los parientes ni conocidos, ni curiosos ni comedidos.
Tuesday, May 24, 2011
Sunday, May 22, 2011
PyC - II -
Entre palomas y cuervos.
Tampoco supieron ni nunca ni nada sobre sus veranos y la belleza lasciva de la estación del impulso, del inicio análogo de sus reglas que se dieron desbordando previsiones y provisiones de sus vidas, manantiales de agua roja brotando una vez por mes o algo parecido con agitaciones y temblores íntimos que se van anunciando con erupciones, con muchas preguntas con pocas respuestas, curiosidades, zozobras y a veces como a cualquiera con la cara picada por un acné mal curado, de virginidades encubiertas y descubiertas posibles de perder en un accidente o en un descuido, que como dicen las matronas fuera de época y algún majadero imprudente, se disimulan con alumbre a la hora de buscar marido como ambas los buscaron queriendo tenerlo sin conseguirlo Penélope y Noelia.
Ni la una supo que la otra pasó buena parte de su juventud sin un amigo, ocultando la revelación de su soledad leyendo siempre con avidez y a cuenta las historias tristes del Corín tellado o cada manual del alumno que tuvo entre sus manos y a mano, de punta a punta, desde el índice hasta esa última página donde siempre vienen las líneas indicando lugares y direcciones donde se hicieron los libros, ni esta llegó a conocer que aquella superó obstáculos con apariencias de insalvables gracias a la disposición de quienes están sin que se note a la mismísima hora en que se les tiende la mano para pedir ayuda en cuestiones pueriles o más importantes que el propio dinero, y que la disponibilidad de espacios para los otros en su agenda fue mucho como muy poco para asuntos de estudios y capacitaciones para los que dispuso de tiempos escasos y en tanto.
Y que por eso las reuniones, las timbas compartidas jugando a la loba a las damas o a la oca, las fiestas y las farras, fueron para ella el sustituto elegido de los libros, y la llevaron a repetirse con frecuencia que lo que enseña la calle no está escrito en ningún tratado ni en el tesoro de la juventud ni en la enciclopedia británica por perfecto que sea el conocimiento que se busque, algo que la otra rechazara en sus recorridos de estolidez y de fuerza, de contriciones desmesuradas por culpa de tantas opiniones ajenas escuchadas y reputaciones llevadas a la práctica con una versatilidad forjada y a prueba de todo en largas tardes de encierro y aislamiento y de resoluciones exitosas del juego del solitario.
Nada supieron por tanto nunca se lo contaron mutuamente, cuando tuvieron oportunidad de hacerlo ni se imaginaron de sus otoños y el realce soberbio de la estación de la sabiduría, del trajinar severo y adusto que llega justo cuando el pelo comienza a caerse, justo cuando se descubren las primeras arrugas a la luz del día y justo cuando entra la preocupación por la dentera que se va cayendo progresivamente en cada degustación de los manjares que más gustan o gustaron y que se deben ir descartando, el escalofrío al decir del especialista que al primer descuido se le escapa aquello de una sonrisa dibujada porque sabe bien que son los síntomas de las primeras novedades serias en el vagón comedor del tren de la gula y d las mayores culpas, pero jaleos que llegan también con la desenvoltura para andar de parpadeo en desparpajo, de desvergüenza en vergüenza, de aquello que callan las añejas y algún zonzo sorprendido con su propio deterioro, no previsto solamente de necedad, como el decaimiento de ellas Penélope y Noelia.
Aún cuando a la sazón se conocieran, simpatizaran entre sí y se sintieran bien y se cayeran bien desde que se cruzaron por primera vez en la coincidencia de sus últimas designaciones en zonas desfavorables, o favorables, según se viera porque la una pasaba ya los treinta y en realidad le andaba escapando a las secuelas de un desengaño amoroso, y la otra con los veintiocho bien cumplidos optó por pedir un destino de trabajo que le permitiera resguardar el secreto de una primera, tardía y única evasión para no comprometerse con alguien que todavía la estará buscando en algún lugar y de puro enamorado.
Tampoco supieron ni nunca ni nada sobre sus veranos y la belleza lasciva de la estación del impulso, del inicio análogo de sus reglas que se dieron desbordando previsiones y provisiones de sus vidas, manantiales de agua roja brotando una vez por mes o algo parecido con agitaciones y temblores íntimos que se van anunciando con erupciones, con muchas preguntas con pocas respuestas, curiosidades, zozobras y a veces como a cualquiera con la cara picada por un acné mal curado, de virginidades encubiertas y descubiertas posibles de perder en un accidente o en un descuido, que como dicen las matronas fuera de época y algún majadero imprudente, se disimulan con alumbre a la hora de buscar marido como ambas los buscaron queriendo tenerlo sin conseguirlo Penélope y Noelia.
Ni la una supo que la otra pasó buena parte de su juventud sin un amigo, ocultando la revelación de su soledad leyendo siempre con avidez y a cuenta las historias tristes del Corín tellado o cada manual del alumno que tuvo entre sus manos y a mano, de punta a punta, desde el índice hasta esa última página donde siempre vienen las líneas indicando lugares y direcciones donde se hicieron los libros, ni esta llegó a conocer que aquella superó obstáculos con apariencias de insalvables gracias a la disposición de quienes están sin que se note a la mismísima hora en que se les tiende la mano para pedir ayuda en cuestiones pueriles o más importantes que el propio dinero, y que la disponibilidad de espacios para los otros en su agenda fue mucho como muy poco para asuntos de estudios y capacitaciones para los que dispuso de tiempos escasos y en tanto.
Y que por eso las reuniones, las timbas compartidas jugando a la loba a las damas o a la oca, las fiestas y las farras, fueron para ella el sustituto elegido de los libros, y la llevaron a repetirse con frecuencia que lo que enseña la calle no está escrito en ningún tratado ni en el tesoro de la juventud ni en la enciclopedia británica por perfecto que sea el conocimiento que se busque, algo que la otra rechazara en sus recorridos de estolidez y de fuerza, de contriciones desmesuradas por culpa de tantas opiniones ajenas escuchadas y reputaciones llevadas a la práctica con una versatilidad forjada y a prueba de todo en largas tardes de encierro y aislamiento y de resoluciones exitosas del juego del solitario.
Nada supieron por tanto nunca se lo contaron mutuamente, cuando tuvieron oportunidad de hacerlo ni se imaginaron de sus otoños y el realce soberbio de la estación de la sabiduría, del trajinar severo y adusto que llega justo cuando el pelo comienza a caerse, justo cuando se descubren las primeras arrugas a la luz del día y justo cuando entra la preocupación por la dentera que se va cayendo progresivamente en cada degustación de los manjares que más gustan o gustaron y que se deben ir descartando, el escalofrío al decir del especialista que al primer descuido se le escapa aquello de una sonrisa dibujada porque sabe bien que son los síntomas de las primeras novedades serias en el vagón comedor del tren de la gula y d las mayores culpas, pero jaleos que llegan también con la desenvoltura para andar de parpadeo en desparpajo, de desvergüenza en vergüenza, de aquello que callan las añejas y algún zonzo sorprendido con su propio deterioro, no previsto solamente de necedad, como el decaimiento de ellas Penélope y Noelia.
Aún cuando a la sazón se conocieran, simpatizaran entre sí y se sintieran bien y se cayeran bien desde que se cruzaron por primera vez en la coincidencia de sus últimas designaciones en zonas desfavorables, o favorables, según se viera porque la una pasaba ya los treinta y en realidad le andaba escapando a las secuelas de un desengaño amoroso, y la otra con los veintiocho bien cumplidos optó por pedir un destino de trabajo que le permitiera resguardar el secreto de una primera, tardía y única evasión para no comprometerse con alguien que todavía la estará buscando en algún lugar y de puro enamorado.
Saturday, May 21, 2011
PyC - I -
Entre palomas y cuervos.
Nunca supieron nada sobre sus primaveras y el vigor enjundioso de la estación del equilibrio por lo menos visto así, de las primeras señales ciertas o inciertas que les llegaron con la amalgama y con el pasar de las hojas resecas de almanaques que pasaban un año tras otro, del almanaque maestro de sus vidas germinando sin menguantes cerca que fueran una amenaza, de esos días pasados que como dicen las viejas y cualquier zopenco confundido fueron de un tiempo mejor, como el de ellas mismas Penélope y Noelia.
No supo la una que la otra había nacido y crecido en una ciudad pequeña, ni esta que aquella había pasado sus primeros años en una urbe de calles y de casas todas amontonadas con mucho cemento y argamasa compactada, y compactándose en resquicios de perfiles de hierros retorcido e invisibles y demasiado duros como para encerrar millones de sueños u afanes de tantos que pasaron soñando y afanándose en la vida como cualquiera de los que sueñan o se afanan para ser mejores aunque no lo sean.
No supo la una que la otra había crecido con las atenciones, los mimos los mismos arrojos a rro rós, las mismas intenciones las mismas contenciones que aseguran una casa según se dice bien aunque esté mal constituida y todo lo que eso significa y no significa que es lo mismo que significa, ni esta que aquella estuvo siempre supeditada al favor ajeno por su condición de súbita huérfana de todo, de personas de afectos de consentimientos y especialmente de gente que ella quisiera, privada hasta el colmo propio de esos medio hermanos que tuviera de la misma madre con distintos padres que otros tienen porque no fuera la última ni la primera, esos mismo que en las malas son incondicionales y se hacen solidarios en las rachas adversas.
Y que por esas ausencias esta había andado a los tumbos por varias geografías, en sacudidas intensas para ella como fuerte fue la nostalgia de la otra cuando llegó el momento de andar envuelta en vuelos propios, cuando la rayuela y el juego de las lavanderas de Avignon fueron solo malos recuerdos de no haberse dado el gusto o de no haberse sacado el gusto esas ganas reprimidas cuando llegaron los momentos, o la chifladura de la reminiscencia de haber tardado en aceptar la congoja por lo que se dejó de hacer por algún estúpido motivo o no se hizo, como para la otra fueron buenas las evocaciones de los recurridos concurridos juegos del martín pescador y de saltar la piola y pautar las escondidas jugadas n tanto espacio vacío disponible, de senderos anchos y arbolados y acequias con aguas cristalinas que eran patrimonio de su pueblo y casi de su propiedad privada.
Nunca supieron nada sobre sus primaveras y el vigor enjundioso de la estación del equilibrio por lo menos visto así, de las primeras señales ciertas o inciertas que les llegaron con la amalgama y con el pasar de las hojas resecas de almanaques que pasaban un año tras otro, del almanaque maestro de sus vidas germinando sin menguantes cerca que fueran una amenaza, de esos días pasados que como dicen las viejas y cualquier zopenco confundido fueron de un tiempo mejor, como el de ellas mismas Penélope y Noelia.
No supo la una que la otra había nacido y crecido en una ciudad pequeña, ni esta que aquella había pasado sus primeros años en una urbe de calles y de casas todas amontonadas con mucho cemento y argamasa compactada, y compactándose en resquicios de perfiles de hierros retorcido e invisibles y demasiado duros como para encerrar millones de sueños u afanes de tantos que pasaron soñando y afanándose en la vida como cualquiera de los que sueñan o se afanan para ser mejores aunque no lo sean.
No supo la una que la otra había crecido con las atenciones, los mimos los mismos arrojos a rro rós, las mismas intenciones las mismas contenciones que aseguran una casa según se dice bien aunque esté mal constituida y todo lo que eso significa y no significa que es lo mismo que significa, ni esta que aquella estuvo siempre supeditada al favor ajeno por su condición de súbita huérfana de todo, de personas de afectos de consentimientos y especialmente de gente que ella quisiera, privada hasta el colmo propio de esos medio hermanos que tuviera de la misma madre con distintos padres que otros tienen porque no fuera la última ni la primera, esos mismo que en las malas son incondicionales y se hacen solidarios en las rachas adversas.
Y que por esas ausencias esta había andado a los tumbos por varias geografías, en sacudidas intensas para ella como fuerte fue la nostalgia de la otra cuando llegó el momento de andar envuelta en vuelos propios, cuando la rayuela y el juego de las lavanderas de Avignon fueron solo malos recuerdos de no haberse dado el gusto o de no haberse sacado el gusto esas ganas reprimidas cuando llegaron los momentos, o la chifladura de la reminiscencia de haber tardado en aceptar la congoja por lo que se dejó de hacer por algún estúpido motivo o no se hizo, como para la otra fueron buenas las evocaciones de los recurridos concurridos juegos del martín pescador y de saltar la piola y pautar las escondidas jugadas n tanto espacio vacío disponible, de senderos anchos y arbolados y acequias con aguas cristalinas que eran patrimonio de su pueblo y casi de su propiedad privada.
Friday, May 20, 2011
LC - IV
El hilo blanco de la luna negra – IV -
Juan Sanfasón fanfarrón tembló por sus dudas de no poder asegurar si se trataba de cosas que le estaban ocurriendo de despierto jugando con sus sueños o de dormido soñando despierto, si no conocía ninguno de los paseos solitarios entre los que estuviera de golpe y supiera de antemano lo que sabía y no sabía de la imágenes difusas que se le amontonaban angustiándolo, se trataba de vacilaciones embromadas, de sospechar que no estaba en su mundo en el mundo conocido, y si era desconocido se encontraba en el dilema de la muerte de su muerte de una muerte cualquiera de cualquiera porque es justo ahí donde todos los hombres se hacen iguales tal cual rasando sus igualdades, ese estado que mucho conocía por los relatos escuchados en montones de anocheceres de velar y de desveles de desveladas en conjeturas de curdas, en cuentos fantásticos de fanáticos comunes, diferentes algunos o iguales o indiferentes, recordados por aquellos que cuestionaban su manera todas estas cuestiones para las que ninguno tenía una respuesta, esas otras muertes que todos pasan a su manera, que hasta ahí y a él le significaban haber desaprovechado tiempos y oportunidades de ser mejor de los que fuera, no haber tirado como lo hizo la vida como la casa por la ventana.
Si estaba muerto los bulevares eran el cielo y el infierno y él estaba por decirlo aparado en el purgatorio, o sentado en todo caso inmovilizado impelido a movilizarse por esas máculas sobrias umbrías movedizas que lo llevaban ahora a preguntarse porqué toda esa miríada deambulando a su alrededor y junta toda junta, si salvo raros accidentes las defunciones de la gente nunca son simultáneas salvo en las catástrofes y él no había vivido ninguna, los decesos de los que se quiere con el óbito de los que no se quiere y de aquellos que fueran parte de su desinterés o de su abulia no pueden ser al mismo tiempo, lo que puede ser es que sea un repaso de los pecados propios y de los pecados de los otros, la recapitulación de las equivocaciones y con quienes se las tuvo en la vida, y se las está teniendo en el edén y en el borde del abismo o en el mismo abismo, el caos y las tinieblas de los que antes y desde siempre presumió no fueran parte de sus miedos de sus temores de sus desconfianzas, asegurando que un macho o un gaucho se aguanta la mezcla de placeres y fuegos eternos, cayendo una y otra vez en el doble error de no advertir la diferencia entre hacerse el varón iracundo o el varón pacificador cuando se está seguro o cuando no se está inseguro con el miedo qu trae todo a equivocación pisar en falso andar en falsa escuadra, en craso error de se iletrado como para no tener noción del paso del tiempo, de los días y de los vientos y de la quietudes que descuentan años de años y de daños que resecan la piel y la arrugan, como para no saber que justamente con el paso de los años se acumulan arrepentimientos, cortas o largas expiraciones permanentes o que se interrumpen.
El cielo a la derecha y el infierno a la izquierda o al revés nunca estaba seguro de nada pero sí de que era el momento de elegir o al menos el instante de que alguien le dijera para donde caminar, seguir el curso de sus impulsos, de resolver por fin el instante sin resolver los de antes sin resolver tampoco lo de después, de sus obsesiones de sus caprichos de sus ganas, de antes y de ahora y de mañana, pero nada, la disposición la exposición y la historia en el escenario que los involucraba y lo excluía no se modificaban con sus ganas.
Juan Sanfasón con razón respiró aliviado cuando descubrió algo nuevo en el tablado intocable profuso copioso, una luna negra o azul una luna oscura inmensa allá lejos bien lejos y encima de su cabeza, y una hebra casi un filamento un hilo blanco que de esa luna bajaba hasta muy el alcance de su mano, dos elementos que le daban la posibilidad de salir del lugar donde estaba o tal vez se tratara del ofrecimiento de alguien desconocido para un escape también ignorado y de ignotos rumbos o paraderos.
Con desconfianza, con temor a que el hilo blanco se cortara al influjo de su presión o de su fuerza, lo agarró lo mismo para no perder la tercera vía posible para decidir el final de su inesperada aventura aún no iniciada porque no le había pasado nada, una aventura que no reconocía.
Y Juan Sanfasón subió, ascendió todo lo que pudo, alzándose desahogado de aquel ambiente indeseable en el que estuvo parado y atónito.
Y cuando la luna había aumentado su tamaño por la proximidad en la que él se encontraba, esa cosa redonda y oscura que nada le deparaba se fue transformando en la cara de Liborio, devolviéndole todo el infortunio de sus vidas y a ese amigo tan cándido y tan denostado por sus zonceras que lo zarandeaba y lo retaba como lo reta en la ocasión de cada borrachera.
Y fue comprobando de a poco que se había quedado dormido sobre uno de sus codos apoyado sobre un salivadero de la estación de la ciudad a la que no iba seguido pero era la suya, y recordó que unas horas antes habían llegado con su compañero para despachar unas botas y unas monturas a Buenos Aires.
El centenario de la revolución estaba cerca, y no era cosa que esa infanta colorada, gorda y atrevida según contaban llegada desde la madre patria para esta fiesta, se burlara de sus fachas de fieras de gauchos temerarios, aunque ella no supiera de ellos ni le interesara nada, aunque siguiera creyendo que el país es nada más que lo que rodeaba al puerto al cual arribara y no la suma de las provincias entre las que está la de él y el pueblo enterrado de Esteco carajo.
Cuando cumplieron con la diligencia y se tuvieron que ir, Juan Sanfasón muy cabrón sacó fuerzas desde adentro, y pensó de nuevo en aquel sueño que tuvo del hilo blanco de la luna negra que lo devolvió al mundo que le gustaba y disfrutaba, en esa siesta de tartufo de la que salió asiendo la hebra y escapando por el hilo blanco de la luna negra, el hilo blanco como blancas son sus penas de la luna negra como negras son sus muertes.
Juan Sanfasón fanfarrón tembló por sus dudas de no poder asegurar si se trataba de cosas que le estaban ocurriendo de despierto jugando con sus sueños o de dormido soñando despierto, si no conocía ninguno de los paseos solitarios entre los que estuviera de golpe y supiera de antemano lo que sabía y no sabía de la imágenes difusas que se le amontonaban angustiándolo, se trataba de vacilaciones embromadas, de sospechar que no estaba en su mundo en el mundo conocido, y si era desconocido se encontraba en el dilema de la muerte de su muerte de una muerte cualquiera de cualquiera porque es justo ahí donde todos los hombres se hacen iguales tal cual rasando sus igualdades, ese estado que mucho conocía por los relatos escuchados en montones de anocheceres de velar y de desveles de desveladas en conjeturas de curdas, en cuentos fantásticos de fanáticos comunes, diferentes algunos o iguales o indiferentes, recordados por aquellos que cuestionaban su manera todas estas cuestiones para las que ninguno tenía una respuesta, esas otras muertes que todos pasan a su manera, que hasta ahí y a él le significaban haber desaprovechado tiempos y oportunidades de ser mejor de los que fuera, no haber tirado como lo hizo la vida como la casa por la ventana.
Si estaba muerto los bulevares eran el cielo y el infierno y él estaba por decirlo aparado en el purgatorio, o sentado en todo caso inmovilizado impelido a movilizarse por esas máculas sobrias umbrías movedizas que lo llevaban ahora a preguntarse porqué toda esa miríada deambulando a su alrededor y junta toda junta, si salvo raros accidentes las defunciones de la gente nunca son simultáneas salvo en las catástrofes y él no había vivido ninguna, los decesos de los que se quiere con el óbito de los que no se quiere y de aquellos que fueran parte de su desinterés o de su abulia no pueden ser al mismo tiempo, lo que puede ser es que sea un repaso de los pecados propios y de los pecados de los otros, la recapitulación de las equivocaciones y con quienes se las tuvo en la vida, y se las está teniendo en el edén y en el borde del abismo o en el mismo abismo, el caos y las tinieblas de los que antes y desde siempre presumió no fueran parte de sus miedos de sus temores de sus desconfianzas, asegurando que un macho o un gaucho se aguanta la mezcla de placeres y fuegos eternos, cayendo una y otra vez en el doble error de no advertir la diferencia entre hacerse el varón iracundo o el varón pacificador cuando se está seguro o cuando no se está inseguro con el miedo qu trae todo a equivocación pisar en falso andar en falsa escuadra, en craso error de se iletrado como para no tener noción del paso del tiempo, de los días y de los vientos y de la quietudes que descuentan años de años y de daños que resecan la piel y la arrugan, como para no saber que justamente con el paso de los años se acumulan arrepentimientos, cortas o largas expiraciones permanentes o que se interrumpen.
El cielo a la derecha y el infierno a la izquierda o al revés nunca estaba seguro de nada pero sí de que era el momento de elegir o al menos el instante de que alguien le dijera para donde caminar, seguir el curso de sus impulsos, de resolver por fin el instante sin resolver los de antes sin resolver tampoco lo de después, de sus obsesiones de sus caprichos de sus ganas, de antes y de ahora y de mañana, pero nada, la disposición la exposición y la historia en el escenario que los involucraba y lo excluía no se modificaban con sus ganas.
Juan Sanfasón con razón respiró aliviado cuando descubrió algo nuevo en el tablado intocable profuso copioso, una luna negra o azul una luna oscura inmensa allá lejos bien lejos y encima de su cabeza, y una hebra casi un filamento un hilo blanco que de esa luna bajaba hasta muy el alcance de su mano, dos elementos que le daban la posibilidad de salir del lugar donde estaba o tal vez se tratara del ofrecimiento de alguien desconocido para un escape también ignorado y de ignotos rumbos o paraderos.
Con desconfianza, con temor a que el hilo blanco se cortara al influjo de su presión o de su fuerza, lo agarró lo mismo para no perder la tercera vía posible para decidir el final de su inesperada aventura aún no iniciada porque no le había pasado nada, una aventura que no reconocía.
Y Juan Sanfasón subió, ascendió todo lo que pudo, alzándose desahogado de aquel ambiente indeseable en el que estuvo parado y atónito.
Y cuando la luna había aumentado su tamaño por la proximidad en la que él se encontraba, esa cosa redonda y oscura que nada le deparaba se fue transformando en la cara de Liborio, devolviéndole todo el infortunio de sus vidas y a ese amigo tan cándido y tan denostado por sus zonceras que lo zarandeaba y lo retaba como lo reta en la ocasión de cada borrachera.
Y fue comprobando de a poco que se había quedado dormido sobre uno de sus codos apoyado sobre un salivadero de la estación de la ciudad a la que no iba seguido pero era la suya, y recordó que unas horas antes habían llegado con su compañero para despachar unas botas y unas monturas a Buenos Aires.
El centenario de la revolución estaba cerca, y no era cosa que esa infanta colorada, gorda y atrevida según contaban llegada desde la madre patria para esta fiesta, se burlara de sus fachas de fieras de gauchos temerarios, aunque ella no supiera de ellos ni le interesara nada, aunque siguiera creyendo que el país es nada más que lo que rodeaba al puerto al cual arribara y no la suma de las provincias entre las que está la de él y el pueblo enterrado de Esteco carajo.
Cuando cumplieron con la diligencia y se tuvieron que ir, Juan Sanfasón muy cabrón sacó fuerzas desde adentro, y pensó de nuevo en aquel sueño que tuvo del hilo blanco de la luna negra que lo devolvió al mundo que le gustaba y disfrutaba, en esa siesta de tartufo de la que salió asiendo la hebra y escapando por el hilo blanco de la luna negra, el hilo blanco como blancas son sus penas de la luna negra como negras son sus muertes.
Thursday, May 19, 2011
LC - III -
El hilo blanco de la luna negra – III –
En un horizonte que ahora se le poblaba de proyecciones oscuras como figuras blancas o negras que se hacen con luces sombras y lienzos en los teatros, de cuerpos desconocidos y reconocidos, cuerpos que filtrándose por todos lados lo molestaban lo fastidiaban, materias ingrávidas ánimas insondables que le hacían presentir que se burlaban de él, que lo ignoraban que le reclamaban que jugaban entre sí con él entre todos que mortificaban, sombras que parecían entrar y salir de las casas sin cesar que lo llevaban a suponer que esos otros intangibles acusaban su presencia y cómo la acusaban.
Su llegada tal vez la parsimonia del espanto, sentía que le saltaban alrededor que corrían que se iban que volvían, mezclándose con la neblina espesa como sus conjeturas sin respuestas, sin revueltas ni apuestas momentáneas.
Y los minutos pasaban y su transpiración lo mojaba demasiado, él lo notaba en las gotas de sabor amargo que le caían de la cabeza a los labios, y el crepúsculo lo privaba de fisonomías y de los perfiles de las figuras desplazándose cerca como si fueran neblina visible apenas de gases o fluidos, difícil como para que dijera conozco y no se movían ni lejos ni cerca lo que lo complicaba para afirmar lo contrario como para decir desconozco, se trataba más bien de sensaciones de contactos etéreos de contactos aéreos de perturbaciones, aprensiones al suponer que la barahúnda parecía estar armada, para recordarle actitudes acciones pasadas para mezclarlo en despelotes que conocía y de los que sabía defenderse a capa y espada.
Juan Sanfasón renegón se enfrentaba a una agresión desconocida que no requería de puños ni de cuchillos qué raro, de presentimientos que lo atormentaban de proximidades que le marcaban errores, dobles errores como el de la injuria y el de la lujuria, crasos errores como el de la avaricia o la envidia, la gula o la indolencia que lo mataban, y se le venían en cascadas de hechos ciertos e inciertos, de su vida corta o larga no lo sabía todavía.
Ni era el momento para fijarse en ello, aún en su ignorancia de no saber de esas imágenes de las palabras que le llegaban con ellas de los gritos ecos irreconocibles se daba cuenta de sus desaciertos, cerrando los ojos sus errores en sus pensamientos, eran personas de carne y hueso con nombre y apellido, algunas a las que hizo daños en distintas formas, un largo desfile y pasar de individuos varones o mujeres de su vida cotidiana, amigos allegados y no tanto con los que alguna vez tuvo alguna historia pasada pesada, objetos, solo cosas, Juan Sanfasón calentón de sus arrepentimientos tardíos, de las purgas que se mandaba en alguna comilona adobada con vino, picante y mondongo que con los amigos se metía, al fin y al cabo protagonistas directos e indirectos de las defensas que hacía de sí mismo cuando a cualquiera le decía que era bueno, justificándose sin asentimientos sin consentimientos de quienes lo escuchaban, esos mismos seres que en el instante se le ocurrían en blanco y negro, apenas un garabato de sombras tal cual le iban apareciendo como estaban en los daguerrotipos que adornaban cómodas y mesas de las sala en la casa de los patrones, sus padres o sus tutores no lo sabía tampoco y todavía y de eso no se hablaba.
En un horizonte que ahora se le poblaba de proyecciones oscuras como figuras blancas o negras que se hacen con luces sombras y lienzos en los teatros, de cuerpos desconocidos y reconocidos, cuerpos que filtrándose por todos lados lo molestaban lo fastidiaban, materias ingrávidas ánimas insondables que le hacían presentir que se burlaban de él, que lo ignoraban que le reclamaban que jugaban entre sí con él entre todos que mortificaban, sombras que parecían entrar y salir de las casas sin cesar que lo llevaban a suponer que esos otros intangibles acusaban su presencia y cómo la acusaban.
Su llegada tal vez la parsimonia del espanto, sentía que le saltaban alrededor que corrían que se iban que volvían, mezclándose con la neblina espesa como sus conjeturas sin respuestas, sin revueltas ni apuestas momentáneas.
Y los minutos pasaban y su transpiración lo mojaba demasiado, él lo notaba en las gotas de sabor amargo que le caían de la cabeza a los labios, y el crepúsculo lo privaba de fisonomías y de los perfiles de las figuras desplazándose cerca como si fueran neblina visible apenas de gases o fluidos, difícil como para que dijera conozco y no se movían ni lejos ni cerca lo que lo complicaba para afirmar lo contrario como para decir desconozco, se trataba más bien de sensaciones de contactos etéreos de contactos aéreos de perturbaciones, aprensiones al suponer que la barahúnda parecía estar armada, para recordarle actitudes acciones pasadas para mezclarlo en despelotes que conocía y de los que sabía defenderse a capa y espada.
Juan Sanfasón renegón se enfrentaba a una agresión desconocida que no requería de puños ni de cuchillos qué raro, de presentimientos que lo atormentaban de proximidades que le marcaban errores, dobles errores como el de la injuria y el de la lujuria, crasos errores como el de la avaricia o la envidia, la gula o la indolencia que lo mataban, y se le venían en cascadas de hechos ciertos e inciertos, de su vida corta o larga no lo sabía todavía.
Ni era el momento para fijarse en ello, aún en su ignorancia de no saber de esas imágenes de las palabras que le llegaban con ellas de los gritos ecos irreconocibles se daba cuenta de sus desaciertos, cerrando los ojos sus errores en sus pensamientos, eran personas de carne y hueso con nombre y apellido, algunas a las que hizo daños en distintas formas, un largo desfile y pasar de individuos varones o mujeres de su vida cotidiana, amigos allegados y no tanto con los que alguna vez tuvo alguna historia pasada pesada, objetos, solo cosas, Juan Sanfasón calentón de sus arrepentimientos tardíos, de las purgas que se mandaba en alguna comilona adobada con vino, picante y mondongo que con los amigos se metía, al fin y al cabo protagonistas directos e indirectos de las defensas que hacía de sí mismo cuando a cualquiera le decía que era bueno, justificándose sin asentimientos sin consentimientos de quienes lo escuchaban, esos mismos seres que en el instante se le ocurrían en blanco y negro, apenas un garabato de sombras tal cual le iban apareciendo como estaban en los daguerrotipos que adornaban cómodas y mesas de las sala en la casa de los patrones, sus padres o sus tutores no lo sabía tampoco y todavía y de eso no se hablaba.
Wednesday, May 18, 2011
LC - II -
El hilo blanco de la luna negra – II –
Como si a todo lo que estuviera a su alrededor se lo hubiera tragado la tierra, Juan Sanfasón sinrazón apeló igual que siempre al despropósito de maldecir por eso a nadie en particular a todos en general maldiciones que tiraba sin colocaciones, de largar la injuria sin destino y sin destinatario, de endilgar improperios a la diestra y a la siniestra de nadie de todos, insulto que soltó como si nada mientras un escalofrío se le iba de los pies a la cabeza, con la sensación que estos otros tantos y nuevos embrollos juntos además de los suyos tenían que ver con las muchas ganas de orinar que le venían cuando se ponía nervioso, lapsos sin lugar para pensamientos apacibles o tranquilos, nervioso igual que ahora, afligido fregado confundido, por eso se palpó y se recorrió entero despacio, tocándose buena parte de su contextura huesuda y venosa, probando si lo que le pasaba no era nada más que una parte de los sueños alborotados que últimamente había tenido gracias a los chismes de los demás, por el cambio de siglos que ya se diera sin catástrofes, o preocupado como andaba él mismo por determinar su edad para lo que unos cuantos lo ayudaban, esas profecías del fin del mundo que se le mezclaban con las referencias que le habían dado sobre que nació como en el ochenta y dos y que por lo tanto andaba por los veinticuatro años, confusiones nomás conjeturas de sucesos que no pasan crónicas de sueños que no se tuvieron resultados que suman en sus sopores y asonadas.
A Juan Sanfasón el corazón se le aceleró por sus sorpresas con los entornos por sus suposiciones de que debe avanzar, que es mejor avanzar y caminar por esas calles también desconocidas y elegir entre direcciones y sentidos, asustado sin saber porqué ni por disposición de quién hay que escoger entre izquierda y derecha entre una de las dos bifurcaciones iguales a tantas bifurcaciones que tiene la vida, ir para adelante o volver como en un laberinto encerrado, Juan Sanfasón se sintió eslabón de una cadena de recuerdos difundidos antes y que se interrumpen pero que siguen dando vueltas y vueltas en su cabeza, como chispazos de carbón encerrado en salamancas, como chispazos de carbón explotando, de asociaciones cotidianas que no se pueden comprimir en un instante, cabos sueltos que tal vez permitirían acomodar el de dónde se viene con el de adónde se va, atar cabos entre presencias no confirmadas y ausencias que se presienten, como la de su compinche Liborio, el entrañable amigo que no aparece en el paisaje para aclarar la incertidumbre de un golpe, para dar vuelta esa perplejidad que trae no saber adónde se está parado ni sentado, qué son estos paseos, estas vías tan limpias de basura y ornamentadas con vegetación abundante, estas avenidas sin bullanga ni gente recordaba, cuando no hace más de dos días, estuvieron juntos con el negro toda una noche en vela tratando de ubicar en el firmamento al cometa Halley de cabeza luminosa y cola iridiscente y larga, divirtiéndose gratis igual que todas las veces acostumbrados como estaban a no tener un peso en el bolsillo, disfrutando del paso del cometa por el cielo un espectáculo de luz y decolores, sin ligar nada de las compras y de las ventas, de las donaciones o cesiones que se hicieron muchos de los que creyeron con desesperación o con miedo, igual que cuando cambió el siglo, que era la última vuelta de ese meteorito de tamaño pasando cerca, muy cerca del planeta, casi para chocar como lo repitieron otras veces los conspicuos astrónomos que por suerte se equivocaron.
Un chucho más le apareció y otros chuchos, y otros, él también se impacientaba y era asustadizo como cualquiera ante lo desconocido, contemplando impávido ese paisaje de desolación perfecta de esos bulevares que turbaban.
Como si a todo lo que estuviera a su alrededor se lo hubiera tragado la tierra, Juan Sanfasón sinrazón apeló igual que siempre al despropósito de maldecir por eso a nadie en particular a todos en general maldiciones que tiraba sin colocaciones, de largar la injuria sin destino y sin destinatario, de endilgar improperios a la diestra y a la siniestra de nadie de todos, insulto que soltó como si nada mientras un escalofrío se le iba de los pies a la cabeza, con la sensación que estos otros tantos y nuevos embrollos juntos además de los suyos tenían que ver con las muchas ganas de orinar que le venían cuando se ponía nervioso, lapsos sin lugar para pensamientos apacibles o tranquilos, nervioso igual que ahora, afligido fregado confundido, por eso se palpó y se recorrió entero despacio, tocándose buena parte de su contextura huesuda y venosa, probando si lo que le pasaba no era nada más que una parte de los sueños alborotados que últimamente había tenido gracias a los chismes de los demás, por el cambio de siglos que ya se diera sin catástrofes, o preocupado como andaba él mismo por determinar su edad para lo que unos cuantos lo ayudaban, esas profecías del fin del mundo que se le mezclaban con las referencias que le habían dado sobre que nació como en el ochenta y dos y que por lo tanto andaba por los veinticuatro años, confusiones nomás conjeturas de sucesos que no pasan crónicas de sueños que no se tuvieron resultados que suman en sus sopores y asonadas.
A Juan Sanfasón el corazón se le aceleró por sus sorpresas con los entornos por sus suposiciones de que debe avanzar, que es mejor avanzar y caminar por esas calles también desconocidas y elegir entre direcciones y sentidos, asustado sin saber porqué ni por disposición de quién hay que escoger entre izquierda y derecha entre una de las dos bifurcaciones iguales a tantas bifurcaciones que tiene la vida, ir para adelante o volver como en un laberinto encerrado, Juan Sanfasón se sintió eslabón de una cadena de recuerdos difundidos antes y que se interrumpen pero que siguen dando vueltas y vueltas en su cabeza, como chispazos de carbón encerrado en salamancas, como chispazos de carbón explotando, de asociaciones cotidianas que no se pueden comprimir en un instante, cabos sueltos que tal vez permitirían acomodar el de dónde se viene con el de adónde se va, atar cabos entre presencias no confirmadas y ausencias que se presienten, como la de su compinche Liborio, el entrañable amigo que no aparece en el paisaje para aclarar la incertidumbre de un golpe, para dar vuelta esa perplejidad que trae no saber adónde se está parado ni sentado, qué son estos paseos, estas vías tan limpias de basura y ornamentadas con vegetación abundante, estas avenidas sin bullanga ni gente recordaba, cuando no hace más de dos días, estuvieron juntos con el negro toda una noche en vela tratando de ubicar en el firmamento al cometa Halley de cabeza luminosa y cola iridiscente y larga, divirtiéndose gratis igual que todas las veces acostumbrados como estaban a no tener un peso en el bolsillo, disfrutando del paso del cometa por el cielo un espectáculo de luz y decolores, sin ligar nada de las compras y de las ventas, de las donaciones o cesiones que se hicieron muchos de los que creyeron con desesperación o con miedo, igual que cuando cambió el siglo, que era la última vuelta de ese meteorito de tamaño pasando cerca, muy cerca del planeta, casi para chocar como lo repitieron otras veces los conspicuos astrónomos que por suerte se equivocaron.
Un chucho más le apareció y otros chuchos, y otros, él también se impacientaba y era asustadizo como cualquiera ante lo desconocido, contemplando impávido ese paisaje de desolación perfecta de esos bulevares que turbaban.
Tuesday, May 17, 2011
LC - I -
El hilo blanco de la luna negra.
Orbitas en la órbita de Liborio – I –
En un abrir y cerrar de ojos Juan Sanfasón se despertó sin razón, sin ninguno de los tantos motivos que le llenaban los días cualquier día de todos sus días, se despabiló sin ninguna de las repetidas órdenes del capataz, órdenes que se escuchaban desde la madrugada al atardecer de cada de cada jornada de jornales mal pagados aún para él en su condición de entenado.
Y le extrañó bastante que nadie lo apurara para decirle que hay que ayudar con el ordeñe, con alimentar a los chanchos y a las gallinas, con recoger los huevos o cosechar las verduras que refuerzan los guisos de los almuerzos o los suculentos pucheros, con el trabajo de limpiar los potreros o de ensillar los caballos de los que tienen otras tareas, socorriendo hasta el cansancio o la oración en todo y a todos, los complementos los acompañamientos de él como criado o peón consentido que es, lidiando por instrucciones del patrón como el peor de los sirvientes.
Le sorprendió encontrarse entre los dos bulevares que tenía a su vista, no sabía reconocerlos ni sabía porqué se encontraba allí, en medio de canteros y de fachadas de casas desconocidas, de esos canteros de arcilla reseca y de barro cocido y apelmazado, picapedreros llenos de flores de estación de adorno y multicolores, esas calles en perspectivas que se cerraban llenas de botijos largos y angostos y muy bien cuidados, paredes canteros vegetación verde y de otros colores, parado sobre un empedrado que apenas reconocía muy poco con su forma y porque a los permisos para llegarse hasta el centro los ligaba muy de vez en cuando así que no estaba en el centro, más familiar le eran otros espacios y más acostumbrado estaba al espacio y a los ruidos de la finca, más acostumbrado a eso que al trajinar de la ciudad cercana, al bullicio de la taberna a la que caía a tomar con los amigos en las orillas del pueblo en las orillas del río que bordaba el pueblo, más acostumbrado a todo eso que a los ruidos del centro, que al ruido del trote de los caballos que tiraban los mateos que transportaban a los caballeros importantes de aquí para allá por toda la ciudad desde sus casas a los palacios públicos, los coches de paseo con los que los cocheros llegaban hasta la calle Caseros frente al panzero yendo y viniendo con las damas de aquellos caballeros de los domicilios de las señoras y a los propios caballeros para arrimarlos hasta los clubes sociales, lugares donde se juntaban para las tertulias o en los que organizaban los bailes de carnaval o de máscaras, bailes sociales los otros para presentar en sociedad a las señoritas y a los señorcitos atildados.
Lo conmovió comprobar que los bulevares se notaban ahí, justo a los costados de donde estaba parado, justo ahí donde no está seguro de haber llegado, imponentes y sin otras portadas que le confirmaran al frente o atrás, que fueran partes o partes de la ciudad a la que no iba muy seguido pero que era la ciudad que conoció toda su vida.
Orbitas en la órbita de Liborio – I –
En un abrir y cerrar de ojos Juan Sanfasón se despertó sin razón, sin ninguno de los tantos motivos que le llenaban los días cualquier día de todos sus días, se despabiló sin ninguna de las repetidas órdenes del capataz, órdenes que se escuchaban desde la madrugada al atardecer de cada de cada jornada de jornales mal pagados aún para él en su condición de entenado.
Y le extrañó bastante que nadie lo apurara para decirle que hay que ayudar con el ordeñe, con alimentar a los chanchos y a las gallinas, con recoger los huevos o cosechar las verduras que refuerzan los guisos de los almuerzos o los suculentos pucheros, con el trabajo de limpiar los potreros o de ensillar los caballos de los que tienen otras tareas, socorriendo hasta el cansancio o la oración en todo y a todos, los complementos los acompañamientos de él como criado o peón consentido que es, lidiando por instrucciones del patrón como el peor de los sirvientes.
Le sorprendió encontrarse entre los dos bulevares que tenía a su vista, no sabía reconocerlos ni sabía porqué se encontraba allí, en medio de canteros y de fachadas de casas desconocidas, de esos canteros de arcilla reseca y de barro cocido y apelmazado, picapedreros llenos de flores de estación de adorno y multicolores, esas calles en perspectivas que se cerraban llenas de botijos largos y angostos y muy bien cuidados, paredes canteros vegetación verde y de otros colores, parado sobre un empedrado que apenas reconocía muy poco con su forma y porque a los permisos para llegarse hasta el centro los ligaba muy de vez en cuando así que no estaba en el centro, más familiar le eran otros espacios y más acostumbrado estaba al espacio y a los ruidos de la finca, más acostumbrado a eso que al trajinar de la ciudad cercana, al bullicio de la taberna a la que caía a tomar con los amigos en las orillas del pueblo en las orillas del río que bordaba el pueblo, más acostumbrado a todo eso que a los ruidos del centro, que al ruido del trote de los caballos que tiraban los mateos que transportaban a los caballeros importantes de aquí para allá por toda la ciudad desde sus casas a los palacios públicos, los coches de paseo con los que los cocheros llegaban hasta la calle Caseros frente al panzero yendo y viniendo con las damas de aquellos caballeros de los domicilios de las señoras y a los propios caballeros para arrimarlos hasta los clubes sociales, lugares donde se juntaban para las tertulias o en los que organizaban los bailes de carnaval o de máscaras, bailes sociales los otros para presentar en sociedad a las señoritas y a los señorcitos atildados.
Lo conmovió comprobar que los bulevares se notaban ahí, justo a los costados de donde estaba parado, justo ahí donde no está seguro de haber llegado, imponentes y sin otras portadas que le confirmaran al frente o atrás, que fueran partes o partes de la ciudad a la que no iba muy seguido pero que era la ciudad que conoció toda su vida.
Monday, May 16, 2011
cronopio navegando desde hace mucho
Llegadas y salidas de don Liborio.
Lo recuerda siempre en noches de guapos gauchos en rondas que se arman para contar las historias, de personajes de fantasmas de duendes que llegan y salen de la imaginación de las conversaciones que se arman, aunque él poco las cuenta y le guste más escucharlas y aprender lo que le enseñan, de las penas y muy de vez en cuando de las alegrías del día, cuando las caminatas en los surcos de la plantaciones de la chacra o cuando es de andar evitando a los salto pisar los excrementos de los chanchos o las gallinas que pasean por todos lados, de las condenas y de los júbilos de la vida, y se acuerda con tanto detalle que cuando habla los asombra, el contó cada madrugada acurrucado en su catre casi adolescente conteniendo sus lágrimas por una orfandad de toda la vida de personas de opiniones o no más de alguien que lo escuchara en sus razones, tal vez de analfabeto porque nunca fue a la escuela, pero sí de varón común preguntándose sobre presunciones que tiene cualquiera, haciéndose preguntas que aparecen cada día a medida que se hace más viejo, del cuerpo que crece del alma que aunque no se ve también va teniendo su tiempo, envejeciendo como envejece el espíritu, él contó en cada una de esas madrugadas los sollozos contenidos, las lágrimas secadas en solitario para que nadie cayera en la cuenta del gimoteo, regando los ojos con el agua del aljibe para que nadie notara la irritación en los ojos.
A cambio de esos inventarios pocas veces repara en sus tiempos de mozo, que la soledad de los otros es parecida a su propia soledad, que aunque se pasen muchos tiempos con las personas en algún momento se vuelve a estar solo.
Va aprendiendo que aunque muy acompañado hay siempre soledad, que cuando se llega se llega solo que cuando se parte se parte solo también, naciendo y muriendo cada día hace sus inventarios.
Lo recuerda siempre en noches de guapos gauchos en rondas que se arman para contar las historias, de personajes de fantasmas de duendes que llegan y salen de la imaginación de las conversaciones que se arman, aunque él poco las cuenta y le guste más escucharlas y aprender lo que le enseñan, de las penas y muy de vez en cuando de las alegrías del día, cuando las caminatas en los surcos de la plantaciones de la chacra o cuando es de andar evitando a los salto pisar los excrementos de los chanchos o las gallinas que pasean por todos lados, de las condenas y de los júbilos de la vida, y se acuerda con tanto detalle que cuando habla los asombra, el contó cada madrugada acurrucado en su catre casi adolescente conteniendo sus lágrimas por una orfandad de toda la vida de personas de opiniones o no más de alguien que lo escuchara en sus razones, tal vez de analfabeto porque nunca fue a la escuela, pero sí de varón común preguntándose sobre presunciones que tiene cualquiera, haciéndose preguntas que aparecen cada día a medida que se hace más viejo, del cuerpo que crece del alma que aunque no se ve también va teniendo su tiempo, envejeciendo como envejece el espíritu, él contó en cada una de esas madrugadas los sollozos contenidos, las lágrimas secadas en solitario para que nadie cayera en la cuenta del gimoteo, regando los ojos con el agua del aljibe para que nadie notara la irritación en los ojos.
A cambio de esos inventarios pocas veces repara en sus tiempos de mozo, que la soledad de los otros es parecida a su propia soledad, que aunque se pasen muchos tiempos con las personas en algún momento se vuelve a estar solo.
Va aprendiendo que aunque muy acompañado hay siempre soledad, que cuando se llega se llega solo que cuando se parte se parte solo también, naciendo y muriendo cada día hace sus inventarios.
Sunday, May 15, 2011
historias de Don Liborio
Inventarios fuera de órbitas inventarios de don Liborio.
Conserva el conteo de cada una de las tardes tristes que una a una alguna vez lo fueron conduciendo inexorablemente a darse cuenta de su soledad prematura, de grande supo que algunas cosas le faltaron, como una madre arropándolo o cobijándolo en el frío, alguien que le cantara el arrorró en esas noches de intemperies puras fueran de verano o de invierno, durmiendo en un catre más de la docena de catres que se disponían en aquel galpón de paredes blanqueadas y trenzas trabajadas de palmeras como un techo seguro contra tempestades, alguna vez se dio cuenta que esa docena de personas eran en realidad su familia aunque no tuvieran gestos que él fuera viendo a medida que crecía y que eran propios de familiares que se quieren, como un brazo sobre el hombro, como un abrazo aunque no se tratara de demostraciones efusivas en tiempos en que la gente no hablaba mucho de sentimientos.
Conserva intacto ese conteo de tardes partidas, alegres en momentos tempranos después de los almuerzos corriendo entre los más viejos que jugaban partidas de bochas o de sapos interminables pero que cortaban no más de las siete de la tarde que era la hora cuando comenzaban con sus vinitos y sus nostalgias, tardes de taciturnos de tácitos tragos amargos de preguntas sin respuestas, de ausencias reales de personas que se ocuparan de lo que a él le interesaba o al menos de personas que absorbieran sus protestas sus rebeldías sin causas, sus enojos, sus logros.
De tanto que los conserva, de tanto que guarda esos conteos, no es que vaya por la vida más vivo que muerto, esas veces anda desahuciado.
Conserva el conteo de cada una de las tardes tristes que una a una alguna vez lo fueron conduciendo inexorablemente a darse cuenta de su soledad prematura, de grande supo que algunas cosas le faltaron, como una madre arropándolo o cobijándolo en el frío, alguien que le cantara el arrorró en esas noches de intemperies puras fueran de verano o de invierno, durmiendo en un catre más de la docena de catres que se disponían en aquel galpón de paredes blanqueadas y trenzas trabajadas de palmeras como un techo seguro contra tempestades, alguna vez se dio cuenta que esa docena de personas eran en realidad su familia aunque no tuvieran gestos que él fuera viendo a medida que crecía y que eran propios de familiares que se quieren, como un brazo sobre el hombro, como un abrazo aunque no se tratara de demostraciones efusivas en tiempos en que la gente no hablaba mucho de sentimientos.
Conserva intacto ese conteo de tardes partidas, alegres en momentos tempranos después de los almuerzos corriendo entre los más viejos que jugaban partidas de bochas o de sapos interminables pero que cortaban no más de las siete de la tarde que era la hora cuando comenzaban con sus vinitos y sus nostalgias, tardes de taciturnos de tácitos tragos amargos de preguntas sin respuestas, de ausencias reales de personas que se ocuparan de lo que a él le interesaba o al menos de personas que absorbieran sus protestas sus rebeldías sin causas, sus enojos, sus logros.
De tanto que los conserva, de tanto que guarda esos conteos, no es que vaya por la vida más vivo que muerto, esas veces anda desahuciado.
Saturday, May 14, 2011
crónicas de crónicas que no fueron
Órbitas de las órbitas de Liborionauta.
Hay pedazos de su vida que no pudo inventariar aunque le hubiera gustado hacerlo, pasajes de su vida de los que nunca tuvo noticias ni memoria, desde el día en que comenzó a tener recuerdos, cuando en el descanso de la merienda alguna tarde remota cuando debe haber tenido unos cinco años, un obrero en una ronda de obreros y trabajadores de la finca, le alcanzó un pedazo humeante de pan recién horneado, al mismo tiempo que esbozó unas palabras de aliento y probar con una caricia tosca que no fue más que una ruda mano pasando dos o tres veces sobre su pelo desordenado, mano de un hombre de ojos en vidriados por penas que no se olvidan que le dijo unas palabras que no se acuerda pero que en ese día le sirvieron para seguir con su trabajo de ayudante de cosecha mientras veía que los hijos del patrón jugaban cerca.
No pudo inventariar una madre, un papá como otros niños lo tuvieron, nadie le supo explicar de los hermanos, si los tuvo alguna vez si no los tuvo, cerca no había ni hubo nunca tíos, tías o primos otros parientes cercanos aunque más no sea para juntarse los domingos o los días de las fiestas patronales, no se acordaba tampoco de haberlos necesitado en fiebres que haya tenido en accesos de tos convulsa como después fue viendo que les pasa a los otros niños, pero definitivamente no los tuvo.
Como consecuencia no pudo inventariar descansos, intervalos de tiempo que recordara haber estado sin cumplir con un mandado, sin cumplir con alguna tarea encomendada por adultos que sin excepción las pedían, no se acordaba de tarde de sábado corriendo libre sin un encargo con los niños amigos, hondeando gorriones los domingos temprano en la mañana, de la sensación de correr patapilas carreras sobre la tierra reseca y caliente de aquel lugar cerca del trópico donde vivió desde siempre.
Hay pedazos de su vida que no pudo inventariar aunque le hubiera gustado hacerlo, pasajes de su vida de los que nunca tuvo noticias ni memoria, desde el día en que comenzó a tener recuerdos, cuando en el descanso de la merienda alguna tarde remota cuando debe haber tenido unos cinco años, un obrero en una ronda de obreros y trabajadores de la finca, le alcanzó un pedazo humeante de pan recién horneado, al mismo tiempo que esbozó unas palabras de aliento y probar con una caricia tosca que no fue más que una ruda mano pasando dos o tres veces sobre su pelo desordenado, mano de un hombre de ojos en vidriados por penas que no se olvidan que le dijo unas palabras que no se acuerda pero que en ese día le sirvieron para seguir con su trabajo de ayudante de cosecha mientras veía que los hijos del patrón jugaban cerca.
No pudo inventariar una madre, un papá como otros niños lo tuvieron, nadie le supo explicar de los hermanos, si los tuvo alguna vez si no los tuvo, cerca no había ni hubo nunca tíos, tías o primos otros parientes cercanos aunque más no sea para juntarse los domingos o los días de las fiestas patronales, no se acordaba tampoco de haberlos necesitado en fiebres que haya tenido en accesos de tos convulsa como después fue viendo que les pasa a los otros niños, pero definitivamente no los tuvo.
Como consecuencia no pudo inventariar descansos, intervalos de tiempo que recordara haber estado sin cumplir con un mandado, sin cumplir con alguna tarea encomendada por adultos que sin excepción las pedían, no se acordaba de tarde de sábado corriendo libre sin un encargo con los niños amigos, hondeando gorriones los domingos temprano en la mañana, de la sensación de correr patapilas carreras sobre la tierra reseca y caliente de aquel lugar cerca del trópico donde vivió desde siempre.
cronopios y famas casi animales de la industria nacional
Topos industria nacional de tipos incorregibles según la jerga legada por el fama Borges en un paréntesis abierto o entre comillas.
Como topos dorados escindidos de sus contornos ecológicos, ciegos y sordos los intelectuales de estas costas pasamos por esta vida sin penas ni glorias, en el anodino grupo en la trivial muchedumbre mediática y no mediática que somos padecemos de dos de esas discapacidades y no hacemos de mudos por el amor que les tenemos a las ciencias y a las artes a las que presuntamente servimos con nuestra labia o con nuestra pluma, no pocas veces sus difusiones demandan de nosotros titánicos esfuerzos y no poco bicarbonato de sodio para ayudar con digestiones que aún siendo virtuales nos causan acidez y arideces de antología en nuestra gran panza de trogloditas de letras números tesis monografías, o esfuerzos menos titánicos pero igualmente estresantes cuando difundimos nuestros conocimientos y limitaciones en auditorios congestionados de gente llevada a la fuerza y que no tiene interés en escucharnos.
Es que todo lo actuamos antes que vivirlo.
Es que preferimos lo confortable del reconocimiento dirigido a la incomodidad de la honestidad y rigurosidad intelectual.
Entre nosotros funcionan muchos vicios como la portación de apellido o de rango o de cara o de lo que fuera se porta y sirve más allá de los méritos propios, entre nosotros funcionan los privilegios por proclamación, los estados corporativos uniones defensivas que armamos para preservar fuentes de trabajo en forma vitalicia, el absoluto desconocimiento del sentido de la oportunidad.
Ejemplo emblemático:
Se toma al profesional de la UBA como un sinónimo de profesional con solvencia, aunque el 50% de los receptores no sepan ni siquiera el significado de la sigla.
El turco contestaba el otro día una pregunta durante una entrevista que por acá somos todos fácilmente descalificables, y cuanta razón tiene, somos descalificables porque somos los primeros en descalificar y en descalificarnos y la forma en que nos descalificamos es que entre nosotros mismos ni nos escuchamos ni nos hablamos, descalificamos primero desde arriba para abajo, después de nosotros nada el abismo, y también desde abajo para arriba cuando queremos establecer comparaciones con intelectuales de otras latitudes que nos llevan centurias de ventajas y además de comunicación entre ellos, y como esos topos del principio de día circulamos bajo el manto de la arena suave y de noche salimos al aire de la superficie, huyendo del calor sin ver nunca la luz presintiéndola solamente por ese propio calor y solamente con los sensores de nuestro lomo o de nuestras pieles sensaciones que a veces nos llegan por el tacto.
Las referencias son muchas y meritorias y comienzan con el comienzo de nuestra historia, a Luis Pardo ni se le habrá ocurrido ni leer ni escuchar a Bernal Díaz del Castillo si hubiera contado con la oportunidad de hacerlos y él mismo no habrá escuchado ni leído a Ulrico Schmith que seguro que no leyó ni escuchó a Esteban Echeverría que a la vez ni leyó ni escuchó a Leopoldo Lugones que tampoco habrá leído ni escuchado a Miguel Cané que tampoco ni leyó ni escuchó a Borges que todos saben ni leía ni escuchaba a Cortázar que tampoco lo leía o escuchaba, como estos no leyeron ni escucharon a Puig que a la vez ni leyó ni escuchó al propio turco y algunos que él nombra en la misma entrevista como Kovadloff, Aguinis, Abraham, Rozitchner y Horacio González.
Ninguno leyó ni escuchó lo del otro como lo de Sarlo que en estos días publicó un libro, por no discontinuar las menciones en el rango más literario que científico que por ahora no se despliega pero que sin duda lo hay en el espectro intelectual.
Y Raúl Galán y Héctor Tizón y los muchos que me olvidé de listar y que habrá en nuestro interior tan “simpático”.
Y yo, topo sin duda como ellos, a los que ni leo ni escucho, pero estoy reivindicado porque ellos ni me leen ni me escuchan, además ellos se viven mirando en espejos de afuera, yo también.
Como topos dorados escindidos de sus contornos ecológicos, ciegos y sordos los intelectuales de estas costas pasamos por esta vida sin penas ni glorias, en el anodino grupo en la trivial muchedumbre mediática y no mediática que somos padecemos de dos de esas discapacidades y no hacemos de mudos por el amor que les tenemos a las ciencias y a las artes a las que presuntamente servimos con nuestra labia o con nuestra pluma, no pocas veces sus difusiones demandan de nosotros titánicos esfuerzos y no poco bicarbonato de sodio para ayudar con digestiones que aún siendo virtuales nos causan acidez y arideces de antología en nuestra gran panza de trogloditas de letras números tesis monografías, o esfuerzos menos titánicos pero igualmente estresantes cuando difundimos nuestros conocimientos y limitaciones en auditorios congestionados de gente llevada a la fuerza y que no tiene interés en escucharnos.
Es que todo lo actuamos antes que vivirlo.
Es que preferimos lo confortable del reconocimiento dirigido a la incomodidad de la honestidad y rigurosidad intelectual.
Entre nosotros funcionan muchos vicios como la portación de apellido o de rango o de cara o de lo que fuera se porta y sirve más allá de los méritos propios, entre nosotros funcionan los privilegios por proclamación, los estados corporativos uniones defensivas que armamos para preservar fuentes de trabajo en forma vitalicia, el absoluto desconocimiento del sentido de la oportunidad.
Ejemplo emblemático:
Se toma al profesional de la UBA como un sinónimo de profesional con solvencia, aunque el 50% de los receptores no sepan ni siquiera el significado de la sigla.
El turco contestaba el otro día una pregunta durante una entrevista que por acá somos todos fácilmente descalificables, y cuanta razón tiene, somos descalificables porque somos los primeros en descalificar y en descalificarnos y la forma en que nos descalificamos es que entre nosotros mismos ni nos escuchamos ni nos hablamos, descalificamos primero desde arriba para abajo, después de nosotros nada el abismo, y también desde abajo para arriba cuando queremos establecer comparaciones con intelectuales de otras latitudes que nos llevan centurias de ventajas y además de comunicación entre ellos, y como esos topos del principio de día circulamos bajo el manto de la arena suave y de noche salimos al aire de la superficie, huyendo del calor sin ver nunca la luz presintiéndola solamente por ese propio calor y solamente con los sensores de nuestro lomo o de nuestras pieles sensaciones que a veces nos llegan por el tacto.
Las referencias son muchas y meritorias y comienzan con el comienzo de nuestra historia, a Luis Pardo ni se le habrá ocurrido ni leer ni escuchar a Bernal Díaz del Castillo si hubiera contado con la oportunidad de hacerlos y él mismo no habrá escuchado ni leído a Ulrico Schmith que seguro que no leyó ni escuchó a Esteban Echeverría que a la vez ni leyó ni escuchó a Leopoldo Lugones que tampoco habrá leído ni escuchado a Miguel Cané que tampoco ni leyó ni escuchó a Borges que todos saben ni leía ni escuchaba a Cortázar que tampoco lo leía o escuchaba, como estos no leyeron ni escucharon a Puig que a la vez ni leyó ni escuchó al propio turco y algunos que él nombra en la misma entrevista como Kovadloff, Aguinis, Abraham, Rozitchner y Horacio González.
Ninguno leyó ni escuchó lo del otro como lo de Sarlo que en estos días publicó un libro, por no discontinuar las menciones en el rango más literario que científico que por ahora no se despliega pero que sin duda lo hay en el espectro intelectual.
Y Raúl Galán y Héctor Tizón y los muchos que me olvidé de listar y que habrá en nuestro interior tan “simpático”.
Y yo, topo sin duda como ellos, a los que ni leo ni escucho, pero estoy reivindicado porque ellos ni me leen ni me escuchan, además ellos se viven mirando en espejos de afuera, yo también.
Thursday, May 12, 2011
liborionauta en el mercado
Órbitas en la órbita de Liborionauta.
Los primeros ruidos comenzaban a las cuatro de la mañana cuando se escuchaban los trotes de los caballos sobre el empedrado, esos clap clap que para quienes dormían en las casas al paso hacían las veces de seguros despertadores, los primeros ruidos comenzaban con el canto anticipado de algunos gorriones o cotorritas enjaulados que iban y volvían con sus abnegados dueños, con esos ruidos que se distinguían por la cadencia y la puntualidad con la que iban llegando las bestias a los lugares de descarga, a esos recodos con desniveles para que los estibadores que ya estaban pudieran proceder a la descarga, los primeros ruidos comenzaban cuando se escuchaban los trotes de esos animales de carga y el ruido desparejo de la tracción de esas ruedas de madera que se gastaban con el paso de los días como se iban gastando todos los mecanismos provocando el giro fuera de eje de esas mismas ruedas que chirriaban como si se tratara de lamentos de un coro de lloronas en funerales, los ruidos comenzaban con esos ruidos y el silencio sonoro y momentáneo en la somnolencia de los vendedores mayoristas que llegaban desde las fincas o granjas para liquidar sus productos, sonidos casi guturales que salían exagerados de sus gargantas entre bostezos y suspiros de madrugadas, los siguientes ruidos comenzaban a ser mas frecuentes e intensos justamente con los primeros gritos que pegaban los minoristas levantando o bajando sus ofrecimientos de precios por unidades que eran o cajones o bultos o directamente las cargas enteras.
Como a las siete de la mañana los ruidos comenzaban a multiplicarse por todos los rincones del mercado, aunque los primeros compradores o clientes comenzaban a llegar recién después de las nueve, pero terminado el trámite de la compra y de la venta de las frutas y hortalizas comenzaba el trabajo de los carniceros o de quienes regenteaban las pescaderías para acomodar la carne o sus productos en los mostradores, colgar medias reses en los ganchos o dedicarse a faenas menores, entonces los murmullos superpuestos la anécdotas reales o imaginadas entre puesteros distintos, iban conformando las informaciones y las fábulas de toda esa gente que todavía medio dormida o totalmente despierta, desayunaba sin abandonar las tareas esperando a los compradores, y a los inspectores de las rentas y a los coimeros enviados por funcionarios y legisladores.
Después de las nueve todos los ruidos se completaban, se escuchaban todos pero salvo los interesados no se escuchaban particularmente las conversaciones de nadie, empezaban los murmullos sostenidos de toda la gente que caminaba por los pasillos más anchos o por los pasillos mas estrechos del inmenso mercado, cuyas paredes de blancos azulejos blancos impecables y limpiados terminaban en pisos de concreto cruzados de cunetas en todas las direcciones, zanjas por la que iban los líquidos de los desechos que los últimos faenadores provocaban como si fueran docenas de pequeños ríos de agua turbia y sangre colorada.
Liborio era un inventariador de ruidos nunca de silencios absolutos, los ruidos son la vida los silencios la muerte.
Los primeros ruidos comenzaban a las cuatro de la mañana cuando se escuchaban los trotes de los caballos sobre el empedrado, esos clap clap que para quienes dormían en las casas al paso hacían las veces de seguros despertadores, los primeros ruidos comenzaban con el canto anticipado de algunos gorriones o cotorritas enjaulados que iban y volvían con sus abnegados dueños, con esos ruidos que se distinguían por la cadencia y la puntualidad con la que iban llegando las bestias a los lugares de descarga, a esos recodos con desniveles para que los estibadores que ya estaban pudieran proceder a la descarga, los primeros ruidos comenzaban cuando se escuchaban los trotes de esos animales de carga y el ruido desparejo de la tracción de esas ruedas de madera que se gastaban con el paso de los días como se iban gastando todos los mecanismos provocando el giro fuera de eje de esas mismas ruedas que chirriaban como si se tratara de lamentos de un coro de lloronas en funerales, los ruidos comenzaban con esos ruidos y el silencio sonoro y momentáneo en la somnolencia de los vendedores mayoristas que llegaban desde las fincas o granjas para liquidar sus productos, sonidos casi guturales que salían exagerados de sus gargantas entre bostezos y suspiros de madrugadas, los siguientes ruidos comenzaban a ser mas frecuentes e intensos justamente con los primeros gritos que pegaban los minoristas levantando o bajando sus ofrecimientos de precios por unidades que eran o cajones o bultos o directamente las cargas enteras.
Como a las siete de la mañana los ruidos comenzaban a multiplicarse por todos los rincones del mercado, aunque los primeros compradores o clientes comenzaban a llegar recién después de las nueve, pero terminado el trámite de la compra y de la venta de las frutas y hortalizas comenzaba el trabajo de los carniceros o de quienes regenteaban las pescaderías para acomodar la carne o sus productos en los mostradores, colgar medias reses en los ganchos o dedicarse a faenas menores, entonces los murmullos superpuestos la anécdotas reales o imaginadas entre puesteros distintos, iban conformando las informaciones y las fábulas de toda esa gente que todavía medio dormida o totalmente despierta, desayunaba sin abandonar las tareas esperando a los compradores, y a los inspectores de las rentas y a los coimeros enviados por funcionarios y legisladores.
Después de las nueve todos los ruidos se completaban, se escuchaban todos pero salvo los interesados no se escuchaban particularmente las conversaciones de nadie, empezaban los murmullos sostenidos de toda la gente que caminaba por los pasillos más anchos o por los pasillos mas estrechos del inmenso mercado, cuyas paredes de blancos azulejos blancos impecables y limpiados terminaban en pisos de concreto cruzados de cunetas en todas las direcciones, zanjas por la que iban los líquidos de los desechos que los últimos faenadores provocaban como si fueran docenas de pequeños ríos de agua turbia y sangre colorada.
Liborio era un inventariador de ruidos nunca de silencios absolutos, los ruidos son la vida los silencios la muerte.
Wednesday, May 11, 2011
el universo los universos de liborio
Orbitas en la orbita de Liborionauta.
Casi un inventariador serial, eso era, inventariador autodidacta de las cosas que desfrutaba, tenía más de auditor que del policía que fue persiguiendo rateros asesinos y mal vivientes en general toda su vida en la comisaría, testigo silencioso de todo aquello que pasaba al alcance de su vista de sus oídos de su nariz de sus manos de su boca, escapando de aquellos que no quería contar aún sin negarlo porque para eso trabajaba para que una caterva de mujeres y de niños comieran cada día.
El olor de la fritura al punto máximo mientras la grasa se convertía en chicharrón para el pan o para el bollo que ahí nomás se estaban horneando, el aroma desprendiéndose de cientos de ollas donde hervían queperís y chorizos colorados para terminar con otros cientos pucheros a la española completos en medio de los garbanzos y el mal olor de los repollos mientras hervían, el tufo característicos de las otras frituras que aseguraban las jugosas empanadas que se consumían como el pan caliente, la pestilencia agradable del tratamiento que daban a las tripas los carniceros para convertirlas en chinchulines o tripa rellena, o la emanación del propio olor de los pescados frescos acomodados en fuentones con barras de hielo al lado de los huevos de granja, el del vaho de las pizzas con muzarella derretida.
Los gritos de los camioneros avivados vendiéndoles al por mayor las verduras a los bolivianos, los gritos de los verduleros bolivianos ofreciendo frutas de estación y frescas, los gritos de los carniceros compitiendo ofreciendo sus mejores o peores costillares, los de los grandotes de las pescaderías bigotudos igual que los puesteros de la pizzas, o lo criollos ofreciendo los locros calientes o los tamales o las huiditas todo a los gritos en una competencia que se abría y cerraba cada día, las palabras repetidas de un par de loros de algunos en algunos de los puestos, el canto apreciable de los canarios que se vendían en algunos de los otros puestos, gritos todos al final de una oferta y una demanda que se daba a cada rato con la gente que pasaba y la propia gente del mercado.
Olía horas se pasaba oliendo Liborio, ora ubicaba cada ruido en ese persistente y elevado murmullo de la multitud en el mercado, ora probaba como si fuera un catador contratado aunque no hablaba con nadie, ora se pasaba horas acomodando ese mantel raído tal vez pero limpio y geométrico que cada mañana encontraba en la mesa donde se sentaba, cuadro rojos y blancos le gustaban.
Horas se pasaba Liborionauta en el mercado, inventariando los ruidos de la vida y se cuidaba de no andar inventariando los silencios de la muerte.
Casi un inventariador serial, eso era, inventariador autodidacta de las cosas que desfrutaba, tenía más de auditor que del policía que fue persiguiendo rateros asesinos y mal vivientes en general toda su vida en la comisaría, testigo silencioso de todo aquello que pasaba al alcance de su vista de sus oídos de su nariz de sus manos de su boca, escapando de aquellos que no quería contar aún sin negarlo porque para eso trabajaba para que una caterva de mujeres y de niños comieran cada día.
El olor de la fritura al punto máximo mientras la grasa se convertía en chicharrón para el pan o para el bollo que ahí nomás se estaban horneando, el aroma desprendiéndose de cientos de ollas donde hervían queperís y chorizos colorados para terminar con otros cientos pucheros a la española completos en medio de los garbanzos y el mal olor de los repollos mientras hervían, el tufo característicos de las otras frituras que aseguraban las jugosas empanadas que se consumían como el pan caliente, la pestilencia agradable del tratamiento que daban a las tripas los carniceros para convertirlas en chinchulines o tripa rellena, o la emanación del propio olor de los pescados frescos acomodados en fuentones con barras de hielo al lado de los huevos de granja, el del vaho de las pizzas con muzarella derretida.
Los gritos de los camioneros avivados vendiéndoles al por mayor las verduras a los bolivianos, los gritos de los verduleros bolivianos ofreciendo frutas de estación y frescas, los gritos de los carniceros compitiendo ofreciendo sus mejores o peores costillares, los de los grandotes de las pescaderías bigotudos igual que los puesteros de la pizzas, o lo criollos ofreciendo los locros calientes o los tamales o las huiditas todo a los gritos en una competencia que se abría y cerraba cada día, las palabras repetidas de un par de loros de algunos en algunos de los puestos, el canto apreciable de los canarios que se vendían en algunos de los otros puestos, gritos todos al final de una oferta y una demanda que se daba a cada rato con la gente que pasaba y la propia gente del mercado.
Olía horas se pasaba oliendo Liborio, ora ubicaba cada ruido en ese persistente y elevado murmullo de la multitud en el mercado, ora probaba como si fuera un catador contratado aunque no hablaba con nadie, ora se pasaba horas acomodando ese mantel raído tal vez pero limpio y geométrico que cada mañana encontraba en la mesa donde se sentaba, cuadro rojos y blancos le gustaban.
Horas se pasaba Liborionauta en el mercado, inventariando los ruidos de la vida y se cuidaba de no andar inventariando los silencios de la muerte.
Tuesday, May 10, 2011
orbitando por cualquier lado con el cronopio liborionauta
Inventarios de Liborio.
Como hasta los setenta Liborio se las pasó haciendo lo que más le gustaba cambiando de mujeres y engendrando hijos que se fue olvidando de contar casi como con las mujeres, como hasta la misma edad Liborio se las pasó haciendo lo que menos le gustaba cumpliendo horario y misiones encomendadas en docenas de comisarías por las que fue pasando como pasó por los cargos mientras fue trabajando para mantener a las mujeres y a los niños que ni llegó a conocer, de agente auxiliar llegó hasta comisario primero que cuando lo retiraron era el rango más importante al que podía aspirar un entenado venido desde la pueblada a la fuerza, es decir un don nadie, le gustaba mucho enredarse entre sabanas y piernas y no le gustaba nada cumplir largos turnos directamente de media jornada porque para mantener su turba propia de gente no le alcanzaba con el sueldo pero tampoco con lo que le pagaban de horas extras.
Después de los setenta hasta los noventa y cinco cuando murió se las pasó contando sus escasas pertenencias como haciendo inventarios como no los pudo hacer o no los quiso hacer con las decenas de mujeres y de hijos que dejó en su camino, esos últimos veinticinco años los vivió en una pequeña pieza de una vieja casona destruida donde quedó viviendo, compadrito y compadre elegante como era, con una bicicleta inglesa que él mismo arreglaba y mantenía, un traje negro y un sombrero negro también, todo lo que necesitó además de los pocos accesorios como una camisa y corbata para vivir como quería, todas las mañanas temprano se lavaba, se calzaba el traje se acomodaba la corbata y el sombrero y salía pedaleando para el lado del mercado, donde tenía reservada la mesa donde todos los días, sin falta, tomaba su medio litro de tinto con media docena de empanadas, observando el movimiento y escuchando los gritos que escuchó toda su vida, contando inventariando aquellos anónimos deambulando entre negocio y negocio.
Liborionauta, inventariador de zonceras que se quieren cosas que pegan a esta tierra, olvidadizo con las cosas importantes que son las que quedan después de partir de esta tierra.
Como hasta los setenta Liborio se las pasó haciendo lo que más le gustaba cambiando de mujeres y engendrando hijos que se fue olvidando de contar casi como con las mujeres, como hasta la misma edad Liborio se las pasó haciendo lo que menos le gustaba cumpliendo horario y misiones encomendadas en docenas de comisarías por las que fue pasando como pasó por los cargos mientras fue trabajando para mantener a las mujeres y a los niños que ni llegó a conocer, de agente auxiliar llegó hasta comisario primero que cuando lo retiraron era el rango más importante al que podía aspirar un entenado venido desde la pueblada a la fuerza, es decir un don nadie, le gustaba mucho enredarse entre sabanas y piernas y no le gustaba nada cumplir largos turnos directamente de media jornada porque para mantener su turba propia de gente no le alcanzaba con el sueldo pero tampoco con lo que le pagaban de horas extras.
Después de los setenta hasta los noventa y cinco cuando murió se las pasó contando sus escasas pertenencias como haciendo inventarios como no los pudo hacer o no los quiso hacer con las decenas de mujeres y de hijos que dejó en su camino, esos últimos veinticinco años los vivió en una pequeña pieza de una vieja casona destruida donde quedó viviendo, compadrito y compadre elegante como era, con una bicicleta inglesa que él mismo arreglaba y mantenía, un traje negro y un sombrero negro también, todo lo que necesitó además de los pocos accesorios como una camisa y corbata para vivir como quería, todas las mañanas temprano se lavaba, se calzaba el traje se acomodaba la corbata y el sombrero y salía pedaleando para el lado del mercado, donde tenía reservada la mesa donde todos los días, sin falta, tomaba su medio litro de tinto con media docena de empanadas, observando el movimiento y escuchando los gritos que escuchó toda su vida, contando inventariando aquellos anónimos deambulando entre negocio y negocio.
Liborionauta, inventariador de zonceras que se quieren cosas que pegan a esta tierra, olvidadizo con las cosas importantes que son las que quedan después de partir de esta tierra.
Monday, May 09, 2011
dibujos de tiempos que fueron
Dibujos de tiempos que fueron de cronopios y famas, Hambre cero.
Cada carancho a su rancho – II -
Contaron que anda diciendo que se trata de un menjunje de una confabulación mal intencionada y armada por quienes lo vienen persiguiendo y fiero desde hace un par de años escribe, que lo que le da bronca es que como le pasó las veces cuando quiso hacerlo, no es muy fácil probar ante quien deba escucharlo ese hostigamiento que siente por parte de una persona, por parte de ese jefe petulante que en la empresa se ocupa de la gente y de los contratos y por parte de la gente que trabaja con él, Emepé prueba un modelo de firma y otro modelo y narra como si se tratara del personaje de un cuento que le hace bien que debe mantenerse con porte medio camisa impecable de hilo pantalón de hilo y medias al tono como es un señorito de la sociedad, comentaron que da y tema con que esa persecución por parte de dos personas de tres personas de algunos de sus colegas de los gerentes o de lo que putas fueran esos tipos que no se termina de saber qué son de la empresa, si empleados soplones o acomodados o los patrones con los cuales podría hablar porque él no habla con cualquiera, no es fácil averiguar muy bien de quien venga pero sí que es fácil ver que se les va la mano y que es una persecución de mierda, esos murmullos de porquería y a sus espaldas esos bisbiseos que se arman cada vez que pasa por alguno de los pasillos del hospital, que pasa a cada rato cuando anda de ronda o está operando, claro que si consiguiera alguien con la voluntad de ayudarlo pero en serio el asunto sería diferente siempre dicen que dice cuando levanta presión anota, así sí se podrían tantear seguramente sus argumentos y los argumentos de los otros y se podrían reconocer y probablemente volcar los comentarios a su favor y ante quien corresponda que alguien habrá que piense como él y para darle la razón por lo que hace, si después de todo se trata de ser humanitario y amable con los que tienen menos no como éstos que quieren todo para ellos, nada más lo que no es ninguna novedad, pero deja que un día pase al otro y ese día al otro pasado al que pasa y al día que vendrá, porque piensa que al final son puteríos que a él no le embroman el trabajo, y menos acostumbrado como está a las peloteras de almas sibilinas desde la época cuando militaba en el centro de estudiantes de la facultad que estaba llena a de renegados acomodados y de déspotas y de anarquistas en todos lados, en los tiempos cuando le decía al que lo quería escuchar que él será de una familia de clase media pero que bien se daba cuenta de lo que es ser pobre y no tener para comer o para curarse, hay que estar en esos cueros o en esas panzas en todo caso para saber cómo es cuando falta.
Cada carancho a su rancho – II -
Contaron que anda diciendo que se trata de un menjunje de una confabulación mal intencionada y armada por quienes lo vienen persiguiendo y fiero desde hace un par de años escribe, que lo que le da bronca es que como le pasó las veces cuando quiso hacerlo, no es muy fácil probar ante quien deba escucharlo ese hostigamiento que siente por parte de una persona, por parte de ese jefe petulante que en la empresa se ocupa de la gente y de los contratos y por parte de la gente que trabaja con él, Emepé prueba un modelo de firma y otro modelo y narra como si se tratara del personaje de un cuento que le hace bien que debe mantenerse con porte medio camisa impecable de hilo pantalón de hilo y medias al tono como es un señorito de la sociedad, comentaron que da y tema con que esa persecución por parte de dos personas de tres personas de algunos de sus colegas de los gerentes o de lo que putas fueran esos tipos que no se termina de saber qué son de la empresa, si empleados soplones o acomodados o los patrones con los cuales podría hablar porque él no habla con cualquiera, no es fácil averiguar muy bien de quien venga pero sí que es fácil ver que se les va la mano y que es una persecución de mierda, esos murmullos de porquería y a sus espaldas esos bisbiseos que se arman cada vez que pasa por alguno de los pasillos del hospital, que pasa a cada rato cuando anda de ronda o está operando, claro que si consiguiera alguien con la voluntad de ayudarlo pero en serio el asunto sería diferente siempre dicen que dice cuando levanta presión anota, así sí se podrían tantear seguramente sus argumentos y los argumentos de los otros y se podrían reconocer y probablemente volcar los comentarios a su favor y ante quien corresponda que alguien habrá que piense como él y para darle la razón por lo que hace, si después de todo se trata de ser humanitario y amable con los que tienen menos no como éstos que quieren todo para ellos, nada más lo que no es ninguna novedad, pero deja que un día pase al otro y ese día al otro pasado al que pasa y al día que vendrá, porque piensa que al final son puteríos que a él no le embroman el trabajo, y menos acostumbrado como está a las peloteras de almas sibilinas desde la época cuando militaba en el centro de estudiantes de la facultad que estaba llena a de renegados acomodados y de déspotas y de anarquistas en todos lados, en los tiempos cuando le decía al que lo quería escuchar que él será de una familia de clase media pero que bien se daba cuenta de lo que es ser pobre y no tener para comer o para curarse, hay que estar en esos cueros o en esas panzas en todo caso para saber cómo es cuando falta.
Sunday, May 08, 2011
dibujos de tiempos que fueron de cronopios y famas
Cada carancho a su rancho - I -
El gringo está inquieto y estornuda a cada rato la descarga nerviosa lo deja de cama, se trastorna cambia y camina de buen humor o reniega, rezonga sin que le salga una palabra tartamudea se alborota no es que vaya a decirlo a nadie pero le molesta y lo escribe está bien, anota que le parece bien que todos hagan manchanchos con los problemas que tengan, pero mientras anda de un lado para otro compaginando los desbarajustes que arman los demás, cuando puede y consigue que alguien lo escuche protesta se lamenta, farfulla murmura llora ríe se acongoja, insulta a todos a nadie a ninguno sin nombrarlos los nombra los deja de nombrar los ignora, porfiando cuando habla con alguno con que así como está bien que él los aguante también estaría bien que alguna vez uno de esos otros de los que se enredan en su red de favores, se dé cuenta que él como cualquier hijo de vecinos tiene unos problemas de esos, así de grandes, importantes y urgentes como los de un perejil más de todos los que viven pidiéndole gauchadas, sería bueno que quien sea se dé cuenta que se percate de ese pequeño gran detalle, que parece que todos quieren y piden lo que se les da la gana y que él no tiene derecho a querer o a pedir ni un mínimo de nada, que parece que él está condenado al cosquilleo en la garganta a que le pique la nariz a que le lagrimeen y se le hinchen los ojos hasta que deja de estornudar y con eso se le pasa la alergia y la bronca. No está bien que uno sea mula burro de carga o cualquier otra cosa, menos cuando uno se hace cargo de un problema que es de los demás y no de uno mismo, menos cuando uno se encarga de organizar desorganizaciones que nadie quiere organizar se divierte armando oraciones rimbombantes que muy seguido son parte de su trabajo de jefe de relaciones laborales contesta de cabeza de las RRLL anota en sus cuadernos juega con las palabras con los dibujos de las palabras con los trazos de las palabras con las formas de las palabras, son partes de sus infinitas tareas responde cuando le preguntan cuál es el tema por el que los patrones depositaron en él su confianza, relaciones laborales que responden a un abanico de temas que se pueden resumir en unas cuantas palabras diciendo que alguien tiene que ocuparse de todas las sinrazones y de todas las razones de los obreros empleados y de cualquier tipo o nivel del personal de la empresa, traveseando con las letras hurgando las palabras eso le gusta, no está bien que uno se arriesgue cuando nadie se arriesga, atravesando las palabras eso le gusta dar con las voces terminantes y en el momento justo conseguir los resultados esperados, los que más le convienen como un cristiano común y corriente, resultados antes de los que espera él y de todo lo que se pueda pensar en poner primero lo que más le conviene a la empresa, no está bien y no es justo estar en la boca de los otros por poco o mucho que sea cuando se es capaz por sí solo de encresparse por solucionar los problemas de ellos, cuando la situación indica que hay que encenderse como un fosforito para que estén bien o mejor, cuando llega la ocasión de enfriar y de enfriarse, cuando el término indica la necesidad de congelarse como un cubito del refrigerador para resolverle la ofuscación a cualquiera, cuando no hay otra salida que negociar con cara de nada en el trabajo en la casa cuando hay que hacerlo, cuando se trata de aguantar caprichos de filtrar pedidos que le llegan como seguidilla, como si uno fuera el dueño de un almacén de Ramos Generales del que salen remates y menjunjes, ungüentos pócimas y menjunjes para todos, escribe y pone Santiago cuando comienza el invierno de 1958.
El gringo está inquieto y estornuda a cada rato la descarga nerviosa lo deja de cama, se trastorna cambia y camina de buen humor o reniega, rezonga sin que le salga una palabra tartamudea se alborota no es que vaya a decirlo a nadie pero le molesta y lo escribe está bien, anota que le parece bien que todos hagan manchanchos con los problemas que tengan, pero mientras anda de un lado para otro compaginando los desbarajustes que arman los demás, cuando puede y consigue que alguien lo escuche protesta se lamenta, farfulla murmura llora ríe se acongoja, insulta a todos a nadie a ninguno sin nombrarlos los nombra los deja de nombrar los ignora, porfiando cuando habla con alguno con que así como está bien que él los aguante también estaría bien que alguna vez uno de esos otros de los que se enredan en su red de favores, se dé cuenta que él como cualquier hijo de vecinos tiene unos problemas de esos, así de grandes, importantes y urgentes como los de un perejil más de todos los que viven pidiéndole gauchadas, sería bueno que quien sea se dé cuenta que se percate de ese pequeño gran detalle, que parece que todos quieren y piden lo que se les da la gana y que él no tiene derecho a querer o a pedir ni un mínimo de nada, que parece que él está condenado al cosquilleo en la garganta a que le pique la nariz a que le lagrimeen y se le hinchen los ojos hasta que deja de estornudar y con eso se le pasa la alergia y la bronca. No está bien que uno sea mula burro de carga o cualquier otra cosa, menos cuando uno se hace cargo de un problema que es de los demás y no de uno mismo, menos cuando uno se encarga de organizar desorganizaciones que nadie quiere organizar se divierte armando oraciones rimbombantes que muy seguido son parte de su trabajo de jefe de relaciones laborales contesta de cabeza de las RRLL anota en sus cuadernos juega con las palabras con los dibujos de las palabras con los trazos de las palabras con las formas de las palabras, son partes de sus infinitas tareas responde cuando le preguntan cuál es el tema por el que los patrones depositaron en él su confianza, relaciones laborales que responden a un abanico de temas que se pueden resumir en unas cuantas palabras diciendo que alguien tiene que ocuparse de todas las sinrazones y de todas las razones de los obreros empleados y de cualquier tipo o nivel del personal de la empresa, traveseando con las letras hurgando las palabras eso le gusta, no está bien que uno se arriesgue cuando nadie se arriesga, atravesando las palabras eso le gusta dar con las voces terminantes y en el momento justo conseguir los resultados esperados, los que más le convienen como un cristiano común y corriente, resultados antes de los que espera él y de todo lo que se pueda pensar en poner primero lo que más le conviene a la empresa, no está bien y no es justo estar en la boca de los otros por poco o mucho que sea cuando se es capaz por sí solo de encresparse por solucionar los problemas de ellos, cuando la situación indica que hay que encenderse como un fosforito para que estén bien o mejor, cuando llega la ocasión de enfriar y de enfriarse, cuando el término indica la necesidad de congelarse como un cubito del refrigerador para resolverle la ofuscación a cualquiera, cuando no hay otra salida que negociar con cara de nada en el trabajo en la casa cuando hay que hacerlo, cuando se trata de aguantar caprichos de filtrar pedidos que le llegan como seguidilla, como si uno fuera el dueño de un almacén de Ramos Generales del que salen remates y menjunjes, ungüentos pócimas y menjunjes para todos, escribe y pone Santiago cuando comienza el invierno de 1958.
Saturday, May 07, 2011
donde el cielo se toca con las manos
Cuento que ni consideraron unos famas que probablemente ni lo leyeron, de todo corazón para los cronopios que entren a este sitio, cuento escrito hace un tiempo y editado ahora porque fue presentado en un concurso.
DONDE EL CIELO SE TOCA CON LAS MANOS. Seudónimo: PANTALEON
Donde sopla el viento del sol, inti huayra la mitad del año de carnavales la otra mitad atendiendo a las niñas, de blanco a negro le dice la monja a la mujer del negro, del rojo al negro le contesta la mujer a la abadesa, no se puede estar bien con dios y con el diablo le dice la hermanita en estas fiestas de fastos y de nefastos y pide que la ayude para hablar con los caciques, y se persigna que es lo mismo que hace cada vez rezando a la virgencita que está en el cielo que está en los cielos para que ellos sepan que les agradece en estas fiestas de faustos y de infaustos que caminan por la tierra allá arriba como a cuatro mil metros de altura, no las fiestas que ella no las quiere sino la alegría del día la paz de la noche el pan de cada día y la salud y todo eso le va contando, cuando les agradece y les agradece que además esas bestias que andan de tranca en tranca como cinco meses esos rústicos chiquititos pero forzudos no la pasen por las armas, porque ellos no le hacen asco a nada wachuy wachuy fornicando lo que encuentran, diga que algo la respetan porque es monjita, y ellos son buenos pero cuando se pierden se pierden allá en la tierra cerca del cielo allá en medio del desierto en los salares entre los médanos en los arenales, brutos y querendones y alzados que la quieren pero a los que ella no les da confianza porque si les da la mano le toman el codo, no se puede estar bien con el dios y con el diablo y con los diablillos y con los diablitos con dios y con los compadres le contesta la chollita de polleras cortitas y tablitas de colores dándose por informada, ropas en alpacas tejidas de lanas y con hilos y trapos del San Antonio, como agregando como sumando ellas bien los conocen como todos conocen a la pachamama chachay pupusa por la apacheta comida y ropa, mitad del año entre el cielo y el infierno mitad del año en esta tierra, esa diosa que bendice y engendra todo al mismo tiempo, le contesta la coya de falditas cortas la coyita de las ushutitas trenzadas como las trenzas de su cabello trenzado como se trenzan los diablos y compadres de porquería que andan empinados con litros y litros de chicha que le meten todo el tiempo, chayando todo el tiempo en estas fiestas mojando al que pasa como si fueran curitas y estuvieran bendiciendo hermanita, salpicando agüita y chicha para todos los costados, cuando saben bien que si están ellas son ellas las que deben hacerlo y las otras hermanitas es porque no hay curas cerca y entonces que no se envalentonen, cantando cholita porque el trabajo es pesado y hay que andar descansando, del arranque de las cosechas que se acaban reponiendo energías para las cosechas que vienen y otras que terminan de ajíes tomates y de papas y de mandiocas y zapallitos caminando en los alfalfares recogiendo el maíz para la olla, porque vienen todos de todos lados en el carnaval este que dura más que en otros lados, turistas autoridades los que vienen de los pueblitos de la puna y cercanos, carnavales desde el primer día de un agosto de sahumadas de olorosas fragancias y de vientos en lo más alto de esos andes ese nevado y las cumbres de navaja y blanca que están cerca, carnavales que van hasta el miércoles de cenizas si no es un poco más que es cuando más estas bestias andan persiguiendo a las chinitas gritando de carne somos de carne seremos, cuando lo somos de polvo cholita de polvo somos y al polvo volvemos dice la hermanita, para pedirle que pare con las angustias y el llanto y los reclamos y que hable con ellos para que paren, que ellas están para esto justo para ayudarlas como las ayudaría un curita en las mismas circunstancias de las misioneras de Jesús verbo y víctima, que la coyita los conoce bien a varios y conoce todo lo de estos calentones que las persiguen a las niñas apenas cumplen doce años por todos los rincones de las casas con el visto bueno de los caciques por todos los rincones posibles del monte en las laderas y en los cardales y les quitan la virginidad como si les quitaran un juguete waxchilas waxchilas para ellas nada cenicientas para ellas todo, y promiscuos se lo hacen una y otra vez se les abalanzan en el pueblo de la pata del gallo en el poblado del duende en el salar del pocito y después ellas, hermanita ellas las cholitas madres muchas de ellas de las mismas mancilladas princesas, tienen unos meses para recuperarlas y otros meses para que las niñas tengan un parto respetable, la mitad del año estando de carnavales la otra mitad atendiendo a las niñas ellas después andarán diciendo que las embaraza el diablo pero ellas bien saben que son estos vivos hijos de sus madres que ni cirviñacus aceptan, pero que son los diablillos los caporales que borrachos las persiguen las corren hasta que se desmayan de beodos mojados y transpirados, mientras pasan las comparsas y se enganchan y se disfrazan, la mitad del año estando de carnavales la otra mitad atendiendo a las niñas, niñas que se asustan consienten les gusta se ponen tristes, de blanco a negro le dice la monja a la mujer del negro, del rojo al negro le contesta la mujer a la abadesa pensando en los dolores en los desangres, meciendo a las niñas que primero allá en esa tierra de desenfrenos en el manantial del silencio donde se espeja el sol y el cielo lloran doloridas y desconsoladas y después andan arreglando sus enaguas cargando a sus guaguas, la hermanita pide y la coyita le agradece y ninguna sabe si la otra hace lo que le pide o hizo lo que la otra agradece, lleno el tráfico en esos carnavales largos en todos esos meses que en el mejor de los casos terminan el día de las cenizas al viento de esos ramos que las hermanitas reparten el domingo de pascuas guardados todo un año, de blanco a negro le dice la monja a la mujer del negro preparadas para lo que viene de atender a las alegres mocitas que habrán sido de lo alegres que habrán de ser con el sonar de las cajas y las coplas del ardiente corazón, no se puede estar bien con dios y con el diablo dice la hermanita a la coyita que ella tiene que hablar con los caciques antisuyo de las comadres entreveradas con las copleras que mire que los turistas vienen y filman y entonces que les pida encarecidamente que sean más buenos menos bestias porque cuando están cuerdos parece que se olvidan, que se comporten mejor allá, justo allá donde el cielo se toca con las manos.
DONDE EL CIELO SE TOCA CON LAS MANOS. Seudónimo: PANTALEON
Donde sopla el viento del sol, inti huayra la mitad del año de carnavales la otra mitad atendiendo a las niñas, de blanco a negro le dice la monja a la mujer del negro, del rojo al negro le contesta la mujer a la abadesa, no se puede estar bien con dios y con el diablo le dice la hermanita en estas fiestas de fastos y de nefastos y pide que la ayude para hablar con los caciques, y se persigna que es lo mismo que hace cada vez rezando a la virgencita que está en el cielo que está en los cielos para que ellos sepan que les agradece en estas fiestas de faustos y de infaustos que caminan por la tierra allá arriba como a cuatro mil metros de altura, no las fiestas que ella no las quiere sino la alegría del día la paz de la noche el pan de cada día y la salud y todo eso le va contando, cuando les agradece y les agradece que además esas bestias que andan de tranca en tranca como cinco meses esos rústicos chiquititos pero forzudos no la pasen por las armas, porque ellos no le hacen asco a nada wachuy wachuy fornicando lo que encuentran, diga que algo la respetan porque es monjita, y ellos son buenos pero cuando se pierden se pierden allá en la tierra cerca del cielo allá en medio del desierto en los salares entre los médanos en los arenales, brutos y querendones y alzados que la quieren pero a los que ella no les da confianza porque si les da la mano le toman el codo, no se puede estar bien con el dios y con el diablo y con los diablillos y con los diablitos con dios y con los compadres le contesta la chollita de polleras cortitas y tablitas de colores dándose por informada, ropas en alpacas tejidas de lanas y con hilos y trapos del San Antonio, como agregando como sumando ellas bien los conocen como todos conocen a la pachamama chachay pupusa por la apacheta comida y ropa, mitad del año entre el cielo y el infierno mitad del año en esta tierra, esa diosa que bendice y engendra todo al mismo tiempo, le contesta la coya de falditas cortas la coyita de las ushutitas trenzadas como las trenzas de su cabello trenzado como se trenzan los diablos y compadres de porquería que andan empinados con litros y litros de chicha que le meten todo el tiempo, chayando todo el tiempo en estas fiestas mojando al que pasa como si fueran curitas y estuvieran bendiciendo hermanita, salpicando agüita y chicha para todos los costados, cuando saben bien que si están ellas son ellas las que deben hacerlo y las otras hermanitas es porque no hay curas cerca y entonces que no se envalentonen, cantando cholita porque el trabajo es pesado y hay que andar descansando, del arranque de las cosechas que se acaban reponiendo energías para las cosechas que vienen y otras que terminan de ajíes tomates y de papas y de mandiocas y zapallitos caminando en los alfalfares recogiendo el maíz para la olla, porque vienen todos de todos lados en el carnaval este que dura más que en otros lados, turistas autoridades los que vienen de los pueblitos de la puna y cercanos, carnavales desde el primer día de un agosto de sahumadas de olorosas fragancias y de vientos en lo más alto de esos andes ese nevado y las cumbres de navaja y blanca que están cerca, carnavales que van hasta el miércoles de cenizas si no es un poco más que es cuando más estas bestias andan persiguiendo a las chinitas gritando de carne somos de carne seremos, cuando lo somos de polvo cholita de polvo somos y al polvo volvemos dice la hermanita, para pedirle que pare con las angustias y el llanto y los reclamos y que hable con ellos para que paren, que ellas están para esto justo para ayudarlas como las ayudaría un curita en las mismas circunstancias de las misioneras de Jesús verbo y víctima, que la coyita los conoce bien a varios y conoce todo lo de estos calentones que las persiguen a las niñas apenas cumplen doce años por todos los rincones de las casas con el visto bueno de los caciques por todos los rincones posibles del monte en las laderas y en los cardales y les quitan la virginidad como si les quitaran un juguete waxchilas waxchilas para ellas nada cenicientas para ellas todo, y promiscuos se lo hacen una y otra vez se les abalanzan en el pueblo de la pata del gallo en el poblado del duende en el salar del pocito y después ellas, hermanita ellas las cholitas madres muchas de ellas de las mismas mancilladas princesas, tienen unos meses para recuperarlas y otros meses para que las niñas tengan un parto respetable, la mitad del año estando de carnavales la otra mitad atendiendo a las niñas ellas después andarán diciendo que las embaraza el diablo pero ellas bien saben que son estos vivos hijos de sus madres que ni cirviñacus aceptan, pero que son los diablillos los caporales que borrachos las persiguen las corren hasta que se desmayan de beodos mojados y transpirados, mientras pasan las comparsas y se enganchan y se disfrazan, la mitad del año estando de carnavales la otra mitad atendiendo a las niñas, niñas que se asustan consienten les gusta se ponen tristes, de blanco a negro le dice la monja a la mujer del negro, del rojo al negro le contesta la mujer a la abadesa pensando en los dolores en los desangres, meciendo a las niñas que primero allá en esa tierra de desenfrenos en el manantial del silencio donde se espeja el sol y el cielo lloran doloridas y desconsoladas y después andan arreglando sus enaguas cargando a sus guaguas, la hermanita pide y la coyita le agradece y ninguna sabe si la otra hace lo que le pide o hizo lo que la otra agradece, lleno el tráfico en esos carnavales largos en todos esos meses que en el mejor de los casos terminan el día de las cenizas al viento de esos ramos que las hermanitas reparten el domingo de pascuas guardados todo un año, de blanco a negro le dice la monja a la mujer del negro preparadas para lo que viene de atender a las alegres mocitas que habrán sido de lo alegres que habrán de ser con el sonar de las cajas y las coplas del ardiente corazón, no se puede estar bien con dios y con el diablo dice la hermanita a la coyita que ella tiene que hablar con los caciques antisuyo de las comadres entreveradas con las copleras que mire que los turistas vienen y filman y entonces que les pida encarecidamente que sean más buenos menos bestias porque cuando están cuerdos parece que se olvidan, que se comporten mejor allá, justo allá donde el cielo se toca con las manos.
Friday, May 06, 2011
trago largo vida corta - VI -
Trago largo – VI –
Supo que se llamaba María como las otras Marías, como la Marías que inspiran millones de canciones, como la virgen que ayuda así el peregrino no vaya a misa desde que tomó su primera comunión, supo de su boca que no pasa los veinticinco la edad del esplendor cuando todas la hormonas andan revolucionadas aunque uno no lo sepa, la edad del esplendor y de los brotes el galán de los galanes sabe de todas esas lecciones aunque de las lecciones de la escuela poco o nada, el padrillo que últimamente tenía poca o ninguna relación con compinches porque tuvo muchas desilusiones, que en realidad amiga no tiene ninguna y que decidió salir a bailar porque esto le encanta por encima de las personas, pocas palabras insignificantes expresiones, de todos modos suficientes para el lince que agudizó su sentido de la solidaridad insinuando que a estas dificultades hay que tomarlas como un buen augurio para el futuro de una relación apenas iniciada, pocas palabras y muchos mensajes contenidos en los contactos esporádicos a través de las manos, en miradas que se repiten de avances continuados y amor a primera vista.
Con la luz del día filtrándose por pequeñas y elevadas ventanas, claraboyas inalcanzables allá bien arriba que no servirían para airear si hubiera incendios, con la luz del día despuntado en la última arena pisada de la trasnoche y de la diversión, el majestuoso tuvo que hacer lugar al pedido de ella para que la acompañara hasta una esquina cercana, lo que al excelso le tocó le trastocó por unos momentos los planes, antes de someterlos a un nuevo e impecable diseño de su parte, él está preparado para todo más cuando se trata de probabilidades de ligar algo de amor o de sexo, los planes y la cronología de nuevos encuentros que prepara ahora más que otras veces por lejos, adecuando a sus nuevas a sus inmediatas obligaciones las otras, las de antes, la continuidad de la jarana masculina del domingo y etcétera y etcétera, en su informalidad radica su formalidad, en su espontaneidad su programación, que para el caso hubiera sido comenzar a incursionar en el mundo de aquella niña por la que a esa altura hasta puede resignar sus libertades sus independencias, quiere acopiar los primeros e importantes datos, da la casa de su familia de su trabajo, de quien en su ilusión de hacedor de la magia como él, lo es como ella que está convertida no en una conquista más del maestro de todos, sino en el objeto de una distinción para él mismo especial y a perdurar en el tiempo.
Decidió el itinerario de la jornada que empieza esquemático como es, de la mega a la casa para avisar a los viejos, de la casa a la casa del compañero donde se hace el aguante con los otros chabones, de esa casa al dique donde además de compartir el asado se hace algo de natación y todas las otras actividades más para impresionar a los otros que por espíritu deportivo porque se transpira la resaca, del dique a casa al atardecer, y de casa a la casa de ella, se lo dijo y lo recuerda, sin que ella lo asintiera cuando la dejó en esa esquina misteriosa, lo recuerda, y la recuerda sin su consentimiento como si no le importara, como si le diera lo mismo que volvieran a verses o no cuando se despidieron, en esa misma esquina oscura con poco tránsito donde la dejó, durante esos instantes en que ella le correspondió a todos menos a algunos de sus requerimientos surgidos de un amor que promete para los dos, cuando compadrito y como demostrando un arrojo que él sabe que no tiene ni conoce, se sacó la campera para ponérsela en los hombros y protegerla del rocío.
Terminado el día que algunos dicen que es el séptimo y otros el primero de la semana, observó mucho a la mujer que lo atendió en la entrada de la casa, y la escudriñó y la miró con la onda de quien piensa esta es mi suegra, el campeón entusiasmado se acelera como acelera su enduro, sensación de momento y de seguridad que le permite explicar, medir y mentir, en una conversación que duró más de lo que hubiera querido, una charla que lo dejó así por dos cuestiones le contó días después al del espejo, primero que la dirección que le diera la deidad era cierta, él estuvo en ese lugar sin resacas lúcido como pocas veces, y segundo que la cenicienta había fallecido hacía como cinco años según el chisme que salió de la boca de la vieja, y que por lo tanto la senil no le entendió ni un pomo de los poco o mucho que el le quiso explicar de su encuentro con la dama que a la otra ni le interesó, que además le dijo que qué tiene que preguntar qué explicar qué averiguar o meterse en cuestiones que no le importan, que debe haberse equivocado y que se fuera con la sanata para otro lado que ella ya tiene bastante con haber perdido a su hija, y que dejara de preguntar porque ella no sabe nada de ninguna campera.
El coloso quedó de tan mal humor que desde ese día se ausentó definitivamente de los lugares frecuentados, por los que pasaba rasante en esos vuelos pegando al asfalto las ruedas de su enduro, y desde ese día poco más poco menos sigue tomando su trago largo en el neuro.
Supo que se llamaba María como las otras Marías, como la Marías que inspiran millones de canciones, como la virgen que ayuda así el peregrino no vaya a misa desde que tomó su primera comunión, supo de su boca que no pasa los veinticinco la edad del esplendor cuando todas la hormonas andan revolucionadas aunque uno no lo sepa, la edad del esplendor y de los brotes el galán de los galanes sabe de todas esas lecciones aunque de las lecciones de la escuela poco o nada, el padrillo que últimamente tenía poca o ninguna relación con compinches porque tuvo muchas desilusiones, que en realidad amiga no tiene ninguna y que decidió salir a bailar porque esto le encanta por encima de las personas, pocas palabras insignificantes expresiones, de todos modos suficientes para el lince que agudizó su sentido de la solidaridad insinuando que a estas dificultades hay que tomarlas como un buen augurio para el futuro de una relación apenas iniciada, pocas palabras y muchos mensajes contenidos en los contactos esporádicos a través de las manos, en miradas que se repiten de avances continuados y amor a primera vista.
Con la luz del día filtrándose por pequeñas y elevadas ventanas, claraboyas inalcanzables allá bien arriba que no servirían para airear si hubiera incendios, con la luz del día despuntado en la última arena pisada de la trasnoche y de la diversión, el majestuoso tuvo que hacer lugar al pedido de ella para que la acompañara hasta una esquina cercana, lo que al excelso le tocó le trastocó por unos momentos los planes, antes de someterlos a un nuevo e impecable diseño de su parte, él está preparado para todo más cuando se trata de probabilidades de ligar algo de amor o de sexo, los planes y la cronología de nuevos encuentros que prepara ahora más que otras veces por lejos, adecuando a sus nuevas a sus inmediatas obligaciones las otras, las de antes, la continuidad de la jarana masculina del domingo y etcétera y etcétera, en su informalidad radica su formalidad, en su espontaneidad su programación, que para el caso hubiera sido comenzar a incursionar en el mundo de aquella niña por la que a esa altura hasta puede resignar sus libertades sus independencias, quiere acopiar los primeros e importantes datos, da la casa de su familia de su trabajo, de quien en su ilusión de hacedor de la magia como él, lo es como ella que está convertida no en una conquista más del maestro de todos, sino en el objeto de una distinción para él mismo especial y a perdurar en el tiempo.
Decidió el itinerario de la jornada que empieza esquemático como es, de la mega a la casa para avisar a los viejos, de la casa a la casa del compañero donde se hace el aguante con los otros chabones, de esa casa al dique donde además de compartir el asado se hace algo de natación y todas las otras actividades más para impresionar a los otros que por espíritu deportivo porque se transpira la resaca, del dique a casa al atardecer, y de casa a la casa de ella, se lo dijo y lo recuerda, sin que ella lo asintiera cuando la dejó en esa esquina misteriosa, lo recuerda, y la recuerda sin su consentimiento como si no le importara, como si le diera lo mismo que volvieran a verses o no cuando se despidieron, en esa misma esquina oscura con poco tránsito donde la dejó, durante esos instantes en que ella le correspondió a todos menos a algunos de sus requerimientos surgidos de un amor que promete para los dos, cuando compadrito y como demostrando un arrojo que él sabe que no tiene ni conoce, se sacó la campera para ponérsela en los hombros y protegerla del rocío.
Terminado el día que algunos dicen que es el séptimo y otros el primero de la semana, observó mucho a la mujer que lo atendió en la entrada de la casa, y la escudriñó y la miró con la onda de quien piensa esta es mi suegra, el campeón entusiasmado se acelera como acelera su enduro, sensación de momento y de seguridad que le permite explicar, medir y mentir, en una conversación que duró más de lo que hubiera querido, una charla que lo dejó así por dos cuestiones le contó días después al del espejo, primero que la dirección que le diera la deidad era cierta, él estuvo en ese lugar sin resacas lúcido como pocas veces, y segundo que la cenicienta había fallecido hacía como cinco años según el chisme que salió de la boca de la vieja, y que por lo tanto la senil no le entendió ni un pomo de los poco o mucho que el le quiso explicar de su encuentro con la dama que a la otra ni le interesó, que además le dijo que qué tiene que preguntar qué explicar qué averiguar o meterse en cuestiones que no le importan, que debe haberse equivocado y que se fuera con la sanata para otro lado que ella ya tiene bastante con haber perdido a su hija, y que dejara de preguntar porque ella no sabe nada de ninguna campera.
El coloso quedó de tan mal humor que desde ese día se ausentó definitivamente de los lugares frecuentados, por los que pasaba rasante en esos vuelos pegando al asfalto las ruedas de su enduro, y desde ese día poco más poco menos sigue tomando su trago largo en el neuro.
Thursday, May 05, 2011
trago largo joda corta - V -
Trago largo – V –
Hablar con ella no fue ni rápido ni fácil, al toque se dio cuenta que la niña tenía condiciones especiales y eso rápido le disparo la imaginación que fueran condiciones reservadas par él y además desconocidas de entrada lo que es todo un desafío, se dio cuenta que a ella le daba lo mismo que se quedara o que se fuera de su lado, que a ella le da lo mismo estar con él que con nadie todo un halago, que sola está bien aunque se nota que ella bien sabe que es el centro de la mayoría de las miradas un desperdicio, que si se despinta en el instante no se conocerán pero que si se conocieran mejor, todo un mensaje, todo pasa por la cabeza sentimientos creencias emociones, que por lo tanto las posibilidades de ganarla son exactamente iguales a las posibilidades de perderla en manos de otros príncipes valientes que merodean.
Los de zás se escuchan perfecto y pega, ya logró estar con ella en una de las pistas sin muchas palabras mediante así que deja que la letra le llegue por las de las canciones que poco se entienden por el barullo cercano y algunos problemas con los amplificadores, pero de todos modos ensaya un esfuerzo personal de conquista cuando viene esa parte de desatándome te abro mi corazón, él busca los ojos de la diosa con los suyos para la mutua consabida mirada, lo mismos cuando llegó obsesión y obsesión, y aunque ella parece no acusar recibo de nada o dar importancia a sus intentos hasta entones fallidos de una conquista más de un puerta más que hay que abrir a golpes, de una conquista que antes era un trámite rápido y efímero en otras ocasiones.
Mensuró con los cinco sentidos el esplendor de la belleza de la dama, casi perfecta casi sublime de formas armónicas, sugeridas en la vestimenta que pega con cada centímetro de una topografía sensual y provocadora, pechos no muy grandes caderas no muy estrecha cintura no muy reducida y cola nada que decir ya la miró ya la midió ya la aprobó, de a ratos fue pudiendo tomar con interrupciones sus manos, en un par de oportunidades pasar sus brazos alrededor de su cintura, sentir la tibieza de la otra en contacto con su cuerpo humedecido a esa altura por todos lados, y percibió como una fragancia de flores en un hermoso campo en una hermosa piedra o lo que fuera, en realidad nunca aprendió a distinguir un perfume de otros pero sí la frescura de un aliento muy cerca, y gracias a esos empujones fortuitos que aparecen como por arte de magia gracias a uno de esos empujones qu arman los desubicados de siempre desubicados que no faltan, sus labios apenas rozaron el cuello de ella que quedó sorprendida, accidente por el que se sintió en la obligación de explicar, por el que tuvo que elevar las disculpas correspondientes, por él de descuidado y por los otros de bruto o de torpes.
Distinguir su voz escuchar sus comentarios en medio del barullo fue lo que más lo demoró, a contrapelo de su gusto el augusto verifica que el ángel habla poco maniático como es de mantener con quien fuera, conversaciones vacías de contenidos, y propenso como es a tertulias sin demasiado sentido, a realizar inventarios verbales de posesiones inventadas, para disimular carencias de patrimonios elementales mínimos para llamar la atención, se convenció sin comentarlo a nadie que se trata de temas que maneja por cierto, pero ni por cerca anzuelos que pudieran ser utilizados en la oportunidad presente, aunque todo mejora con el correr de las horas y en el momento del chocolate con churros, y medialunas y todas las boludeces de madrugada, ya cruzaron algunas palabras y ya hay confianza como para andar paseando de la mano por los senderos marcados por murallas humanas irregulares de la megadisco.
Todo está bien y re bien, mejor que nunca entes sin distorsiones ni mentiras, sin ostentación ni genuflexiones de otros por detrás de las prebendas, privilegios que significan diezmos o limosnas, en nuevas relaciones que dan posibilidades ilusorias solo ilusiones de cazar fortunas o simplemente de granjearse la admiración de los demás o cosas parecidas, como una veleta pasa del sur al norte con un viento, de solo estar cajoneado vuelve a sentirse un divino y un fashion y un banana, la denominación depende de la edad del que lo dice, pero lo cierto es que en la vuelta siente nuevamente el brillo de su abolengo ganado con horas y horas de juerga acumulada con el oblongo sentido, sexto sentido, de sentirse el ombligo del mundo, en el entusiasmo abordado en silencio de acordarse de una frase común de su abuela común, la mina le devolvió el alma al cuerpo aunque él, sabiondo de todos los sabiondos supone que le está poniendo los cuernos al novio o al marido, esclavo de los prejuicios le comentará después al del espejo.
Hablar con ella no fue ni rápido ni fácil, al toque se dio cuenta que la niña tenía condiciones especiales y eso rápido le disparo la imaginación que fueran condiciones reservadas par él y además desconocidas de entrada lo que es todo un desafío, se dio cuenta que a ella le daba lo mismo que se quedara o que se fuera de su lado, que a ella le da lo mismo estar con él que con nadie todo un halago, que sola está bien aunque se nota que ella bien sabe que es el centro de la mayoría de las miradas un desperdicio, que si se despinta en el instante no se conocerán pero que si se conocieran mejor, todo un mensaje, todo pasa por la cabeza sentimientos creencias emociones, que por lo tanto las posibilidades de ganarla son exactamente iguales a las posibilidades de perderla en manos de otros príncipes valientes que merodean.
Los de zás se escuchan perfecto y pega, ya logró estar con ella en una de las pistas sin muchas palabras mediante así que deja que la letra le llegue por las de las canciones que poco se entienden por el barullo cercano y algunos problemas con los amplificadores, pero de todos modos ensaya un esfuerzo personal de conquista cuando viene esa parte de desatándome te abro mi corazón, él busca los ojos de la diosa con los suyos para la mutua consabida mirada, lo mismos cuando llegó obsesión y obsesión, y aunque ella parece no acusar recibo de nada o dar importancia a sus intentos hasta entones fallidos de una conquista más de un puerta más que hay que abrir a golpes, de una conquista que antes era un trámite rápido y efímero en otras ocasiones.
Mensuró con los cinco sentidos el esplendor de la belleza de la dama, casi perfecta casi sublime de formas armónicas, sugeridas en la vestimenta que pega con cada centímetro de una topografía sensual y provocadora, pechos no muy grandes caderas no muy estrecha cintura no muy reducida y cola nada que decir ya la miró ya la midió ya la aprobó, de a ratos fue pudiendo tomar con interrupciones sus manos, en un par de oportunidades pasar sus brazos alrededor de su cintura, sentir la tibieza de la otra en contacto con su cuerpo humedecido a esa altura por todos lados, y percibió como una fragancia de flores en un hermoso campo en una hermosa piedra o lo que fuera, en realidad nunca aprendió a distinguir un perfume de otros pero sí la frescura de un aliento muy cerca, y gracias a esos empujones fortuitos que aparecen como por arte de magia gracias a uno de esos empujones qu arman los desubicados de siempre desubicados que no faltan, sus labios apenas rozaron el cuello de ella que quedó sorprendida, accidente por el que se sintió en la obligación de explicar, por el que tuvo que elevar las disculpas correspondientes, por él de descuidado y por los otros de bruto o de torpes.
Distinguir su voz escuchar sus comentarios en medio del barullo fue lo que más lo demoró, a contrapelo de su gusto el augusto verifica que el ángel habla poco maniático como es de mantener con quien fuera, conversaciones vacías de contenidos, y propenso como es a tertulias sin demasiado sentido, a realizar inventarios verbales de posesiones inventadas, para disimular carencias de patrimonios elementales mínimos para llamar la atención, se convenció sin comentarlo a nadie que se trata de temas que maneja por cierto, pero ni por cerca anzuelos que pudieran ser utilizados en la oportunidad presente, aunque todo mejora con el correr de las horas y en el momento del chocolate con churros, y medialunas y todas las boludeces de madrugada, ya cruzaron algunas palabras y ya hay confianza como para andar paseando de la mano por los senderos marcados por murallas humanas irregulares de la megadisco.
Todo está bien y re bien, mejor que nunca entes sin distorsiones ni mentiras, sin ostentación ni genuflexiones de otros por detrás de las prebendas, privilegios que significan diezmos o limosnas, en nuevas relaciones que dan posibilidades ilusorias solo ilusiones de cazar fortunas o simplemente de granjearse la admiración de los demás o cosas parecidas, como una veleta pasa del sur al norte con un viento, de solo estar cajoneado vuelve a sentirse un divino y un fashion y un banana, la denominación depende de la edad del que lo dice, pero lo cierto es que en la vuelta siente nuevamente el brillo de su abolengo ganado con horas y horas de juerga acumulada con el oblongo sentido, sexto sentido, de sentirse el ombligo del mundo, en el entusiasmo abordado en silencio de acordarse de una frase común de su abuela común, la mina le devolvió el alma al cuerpo aunque él, sabiondo de todos los sabiondos supone que le está poniendo los cuernos al novio o al marido, esclavo de los prejuicios le comentará después al del espejo.
Wednesday, May 04, 2011
trago largo miedo corto - IV -
Trago largo – IV –
A medida que pasa el tiempo comienzan a ser más frecuentes las resignaciones desconocidas, los reconocimientos las mansedumbres que no pegan con nada, que no pegan para nada con sus rebeldías de tanto tiempo viejo rebelde sin causa y con causa que no pegan para nada con sus resistencias trabajadas, la abundancia la inconsistencia, la redundancia y la mentira son por lejos más, que eso que sucede en el balance silencioso en los quebrantos que pasa solitario y apartado, la mentira es más grande que la verdad, lo oculto supera a lo evidente, solitario y evitando y tratando de escaparse de los días que siguen de los días siguientes, que también se dan cada semana de cada mes de cada año, los debe y el haber en hojas que se van quedando amarillas y además quebrando de secas que se ponen, el pasar al final horas de horas con los amigos y no tan amigos, chupeteando y mamándose hasta el cansancio hasta quedar descerebrados, ir y regresar demente de cada fiesta magnífica, repetida a veces aburrida.
Un cúmulo de cosas que hacen que el debe supere por siempre el saldo del haber, esos que se van anotando de tanto conseguir a las hembras predispuestas, la verdad pero la verdad en serio, no todo ese delirio de imaginar cuando la verdad es que de vez en cuando se engancha algún pescado, se levanta una rata o se pesca un gato en el mejor de los casos, el líder ama las alegorías desparejas morbosas y groseras de su zoológico que dando vueltas, como giran igual que calesitas los momentos gloriosos del príncipe, que no son todas pamplinas que no son todos patapúfetes él solamente él lo sabe sin decirlo a nadie, y eso en la intimidad es motivo de desaliento, de acritud de depre en la proximidad de una nueva madrugada que se acerca cada vez más, sombras y oscuridades que le permiten convencerse que para algunas damiselas no tan pocas, no alcanza con ser un buen mozo, no alcanza con el dinero de la billetera que mata el galán ni con ningún otro atributo, que ellas mismas privilegian y publicitan cuando se ponen a chismosear de sus levantes, cuando andan de un lado con frases hechas como esa que el hombre propone y la mujer dispone.
Pero el campeador no se rinde, en todo caso se retira para pensar nuevas estrategias para volver, y con nuevas ínfulas a sus ínsulas poniendo sobre la mesa sus fortalezas, escondiendo sus debilidades que son más dudas que otras cosas, o maldiciones o restricciones obligadas porque los años no pasan en vano, dar un paso al costado nunca, no hacerlo para perder menos, menos ahora cuando ha descubierto a la más hermosa entre las potras, difusas recortadas en el resplandor fosforescente, en medio de ese despliegue de minifaldas, pantalones ajustados y camisas con los que se insinúa de todo, lo que hay y lo que no hay y lo que puede haber debajo de esas blusas y debajo de esas trusas minúsculas que se imagina, están impregnadas de perfumes finos naturales o esencias ordinarias, mezcladas con transpiración perfumada y a lo mejor con otros malos olores.
La descubrió mirándolo, así que la parte inicial de filtreo está resuelta así como resolvió la aceleración de su enduro, falta probar con los complementos en el menor tiempo posible, las horas están jugadas y no es cosa de andar perdiendo posiciones ganadas, así que acostumbrado como con esa moto que conoce al dedillo despegó en milésimas de segundos de los vagos, en segundos hizo el trecho que los separaba y en menos de un minuto estuvo a metros de la niña que entonces miró para otro lado.
A medida que pasa el tiempo comienzan a ser más frecuentes las resignaciones desconocidas, los reconocimientos las mansedumbres que no pegan con nada, que no pegan para nada con sus rebeldías de tanto tiempo viejo rebelde sin causa y con causa que no pegan para nada con sus resistencias trabajadas, la abundancia la inconsistencia, la redundancia y la mentira son por lejos más, que eso que sucede en el balance silencioso en los quebrantos que pasa solitario y apartado, la mentira es más grande que la verdad, lo oculto supera a lo evidente, solitario y evitando y tratando de escaparse de los días que siguen de los días siguientes, que también se dan cada semana de cada mes de cada año, los debe y el haber en hojas que se van quedando amarillas y además quebrando de secas que se ponen, el pasar al final horas de horas con los amigos y no tan amigos, chupeteando y mamándose hasta el cansancio hasta quedar descerebrados, ir y regresar demente de cada fiesta magnífica, repetida a veces aburrida.
Un cúmulo de cosas que hacen que el debe supere por siempre el saldo del haber, esos que se van anotando de tanto conseguir a las hembras predispuestas, la verdad pero la verdad en serio, no todo ese delirio de imaginar cuando la verdad es que de vez en cuando se engancha algún pescado, se levanta una rata o se pesca un gato en el mejor de los casos, el líder ama las alegorías desparejas morbosas y groseras de su zoológico que dando vueltas, como giran igual que calesitas los momentos gloriosos del príncipe, que no son todas pamplinas que no son todos patapúfetes él solamente él lo sabe sin decirlo a nadie, y eso en la intimidad es motivo de desaliento, de acritud de depre en la proximidad de una nueva madrugada que se acerca cada vez más, sombras y oscuridades que le permiten convencerse que para algunas damiselas no tan pocas, no alcanza con ser un buen mozo, no alcanza con el dinero de la billetera que mata el galán ni con ningún otro atributo, que ellas mismas privilegian y publicitan cuando se ponen a chismosear de sus levantes, cuando andan de un lado con frases hechas como esa que el hombre propone y la mujer dispone.
Pero el campeador no se rinde, en todo caso se retira para pensar nuevas estrategias para volver, y con nuevas ínfulas a sus ínsulas poniendo sobre la mesa sus fortalezas, escondiendo sus debilidades que son más dudas que otras cosas, o maldiciones o restricciones obligadas porque los años no pasan en vano, dar un paso al costado nunca, no hacerlo para perder menos, menos ahora cuando ha descubierto a la más hermosa entre las potras, difusas recortadas en el resplandor fosforescente, en medio de ese despliegue de minifaldas, pantalones ajustados y camisas con los que se insinúa de todo, lo que hay y lo que no hay y lo que puede haber debajo de esas blusas y debajo de esas trusas minúsculas que se imagina, están impregnadas de perfumes finos naturales o esencias ordinarias, mezcladas con transpiración perfumada y a lo mejor con otros malos olores.
La descubrió mirándolo, así que la parte inicial de filtreo está resuelta así como resolvió la aceleración de su enduro, falta probar con los complementos en el menor tiempo posible, las horas están jugadas y no es cosa de andar perdiendo posiciones ganadas, así que acostumbrado como con esa moto que conoce al dedillo despegó en milésimas de segundos de los vagos, en segundos hizo el trecho que los separaba y en menos de un minuto estuvo a metros de la niña que entonces miró para otro lado.
Tuesday, May 03, 2011
trago largo euforia corta - III -
Trago largo – III –
Desde el aguante a la cima tres kilómetros, desde la cima a pekas dos kilómetros, de pekas a metrópolis diez kilómetros, todos son puntos de su conocido itinerario de la noche, de ir y de volver por el contorno de una elipse como la que marca la tierra alrededor de vaya a saber qué planetas, dando vueltas a su luna o a sus propias lunas a sus planetas, mientras anda recuerda sus lagunas las partes de la materias no estudiadas no leídas ni rendidas hasta que lo expulsaron del último colegio de todas las expulsiones que el man viene sufriendo como si fuera el único, el único en el recorrido vertiginoso hasta las tres de la mañana o hasta las cuatro o hasta la hora que se necesite que él necesite o necesiten los que se prenden en la joda, en el camino increíble en medio de las luces novedosas con diferentes efectos, de humos de cintas y de serpentinas desprendiéndose de todos lados de arriba de debajo de los costados, papeles y papel picado por las pistas en las paredes, en el techo en el piso de diferentes niveles.
Mirando, marcando mientras se toma el trago largo, un poco más o un poco menos haciendo eco al sabio consejo del viejo versero, no tan versado y partidario del haz lo que yo digo y no lo que yo hago, ese viejo que no duerme hasta que el niño vuelve, el mismo viejo que dijo hay que ser prudente mientras se esté al volante, o al manubrio de un vehículo cualquiera, toda un arma en manos de un borracho, bajando como se pueda el contenido de alcohol en sangre también porque es la forma de estar preparado para lo que viene, evitando el positivo en el dopaje por las dudas, es decir mantenerse lúcido para la parte más interesantes de los laberintos de las calles de la ciudad, disfrutando de sus particularidades de sus adornos peculiares, disfrutando de los laberintos dentro de cada boliche, pasillos o rescoldos donde se rasca sin problemas en cada uno de los boliches frecuentados, para estar preparado para el enganche, para la pesca o el levante.
Depende un poco de quien lo recuerde en medio del ruido y de ese trajinar entre apretadas masas anónimas y gente, mucha gente por todos lados.
La parte sobresaliente, la que marca la menor o mayor duración de la gesta, así sea invierno verano otoño o primavera eso es lo de menos, solamente la categoría de la musa determina la categoría, la calidad de la fortaleza que en cada caso se requiere, en el proceso posterior a los cumplidos después de los chamuyos, la cantidad la calidad la cualidad de las comilonas magras y baratas antes de las bataholas, desbandes desmesurados y caros antes o después de las farras, los artificios libidinosos o sexuales, las decisiones sobre menores o mayores gastos, o inversiones según se vea en cada instancia de esos vertiginosos recorridos, los parámetros con los que se miden las efectividades, los enviones las frenadas las quimeras, lo quimérico de toda la velada, el rango de la mina y el conchabe aportan la unidad de medida con la que se estiman los resultados de la función, y antes los instrumentos necesarios las estrategias, los costos y los beneficios, todo lo que figura en el inventario en la codificación del campeón y de sus allegados, siempre en la exageración en los desbordes, en las alabanzas que se prodigan en las loas que se hacen mutuamente, los cumplidos, las chanzas que reciben él o los suyos, sus patovicas sus trolas sus súbditos.
Atisbó dificultades y se avispó en la madrugada, en el alba que apunta en el horizonte reducido de las claraboyas elevadas del boliche, en el firmamento reducido que se proyecta desde las pequeñas ventanas con vidrios de colores del claustro de pecadores, arenas pecaminosas, el asunto no viene como otras veces de bueno, cuando llega le señalan sus cercanos, su corte propia con algunos que son obsecuentes y reverentes, pero él en su interior sabe que no viene diferente al regular con soda de esas otras y de esas últimas veces después de los treinta, el monarca guarda algunos secretos que no transmite a los de su plebe le dice al del espejo cuando se pone triste.
Desde el aguante a la cima tres kilómetros, desde la cima a pekas dos kilómetros, de pekas a metrópolis diez kilómetros, todos son puntos de su conocido itinerario de la noche, de ir y de volver por el contorno de una elipse como la que marca la tierra alrededor de vaya a saber qué planetas, dando vueltas a su luna o a sus propias lunas a sus planetas, mientras anda recuerda sus lagunas las partes de la materias no estudiadas no leídas ni rendidas hasta que lo expulsaron del último colegio de todas las expulsiones que el man viene sufriendo como si fuera el único, el único en el recorrido vertiginoso hasta las tres de la mañana o hasta las cuatro o hasta la hora que se necesite que él necesite o necesiten los que se prenden en la joda, en el camino increíble en medio de las luces novedosas con diferentes efectos, de humos de cintas y de serpentinas desprendiéndose de todos lados de arriba de debajo de los costados, papeles y papel picado por las pistas en las paredes, en el techo en el piso de diferentes niveles.
Mirando, marcando mientras se toma el trago largo, un poco más o un poco menos haciendo eco al sabio consejo del viejo versero, no tan versado y partidario del haz lo que yo digo y no lo que yo hago, ese viejo que no duerme hasta que el niño vuelve, el mismo viejo que dijo hay que ser prudente mientras se esté al volante, o al manubrio de un vehículo cualquiera, toda un arma en manos de un borracho, bajando como se pueda el contenido de alcohol en sangre también porque es la forma de estar preparado para lo que viene, evitando el positivo en el dopaje por las dudas, es decir mantenerse lúcido para la parte más interesantes de los laberintos de las calles de la ciudad, disfrutando de sus particularidades de sus adornos peculiares, disfrutando de los laberintos dentro de cada boliche, pasillos o rescoldos donde se rasca sin problemas en cada uno de los boliches frecuentados, para estar preparado para el enganche, para la pesca o el levante.
Depende un poco de quien lo recuerde en medio del ruido y de ese trajinar entre apretadas masas anónimas y gente, mucha gente por todos lados.
La parte sobresaliente, la que marca la menor o mayor duración de la gesta, así sea invierno verano otoño o primavera eso es lo de menos, solamente la categoría de la musa determina la categoría, la calidad de la fortaleza que en cada caso se requiere, en el proceso posterior a los cumplidos después de los chamuyos, la cantidad la calidad la cualidad de las comilonas magras y baratas antes de las bataholas, desbandes desmesurados y caros antes o después de las farras, los artificios libidinosos o sexuales, las decisiones sobre menores o mayores gastos, o inversiones según se vea en cada instancia de esos vertiginosos recorridos, los parámetros con los que se miden las efectividades, los enviones las frenadas las quimeras, lo quimérico de toda la velada, el rango de la mina y el conchabe aportan la unidad de medida con la que se estiman los resultados de la función, y antes los instrumentos necesarios las estrategias, los costos y los beneficios, todo lo que figura en el inventario en la codificación del campeón y de sus allegados, siempre en la exageración en los desbordes, en las alabanzas que se prodigan en las loas que se hacen mutuamente, los cumplidos, las chanzas que reciben él o los suyos, sus patovicas sus trolas sus súbditos.
Atisbó dificultades y se avispó en la madrugada, en el alba que apunta en el horizonte reducido de las claraboyas elevadas del boliche, en el firmamento reducido que se proyecta desde las pequeñas ventanas con vidrios de colores del claustro de pecadores, arenas pecaminosas, el asunto no viene como otras veces de bueno, cuando llega le señalan sus cercanos, su corte propia con algunos que son obsecuentes y reverentes, pero él en su interior sabe que no viene diferente al regular con soda de esas otras y de esas últimas veces después de los treinta, el monarca guarda algunos secretos que no transmite a los de su plebe le dice al del espejo cuando se pone triste.
Monday, May 02, 2011
trago largo, mentiras y mentiritas - II -
Trago largo- II –
A sus primeros ritos mundanos ya los cumplió en su casa, rebusques que algunos de los tilingos con los que se verá no entendieron jamás ni entienden ni entenderán cuando trata de explicárselos o más bien cuando apela a que ellos lo entiendan.
De todos los que sin dudas repasa siempre con aplaudidores en su circo escenario propio, hay uno entrañable que por lo general despliega en el baño o en el dormitorio frente al espejo, como si hablara con otro o se trenzara con las sombras en monólogos que no cesan, se concentra para contar su historia fabulosa que como en toda historia fabulosa empieza con un había una vez un príncipe, un delfín corrige la mamá consentidora cuando lo escucha y que entre otras marcas no lo deja tranquilo con eso de perseguirlo para limpiarle con hisopos las orejas por afuera y por adentro y con sacarle de las uñas la roña, un grandote de esos para esos arrumacos exagerados, y un canchero en la parla fuera de onda de papá que entre un guiño de ajitos y otro se lancea seguido con eso de organizar una salida un joda los dos solos, tigre con añoranzas, hijo de tigre continúa su cuento relatándole al que desde el espejo le confirma solo los gestos, y el reflejo de una lozanía que poco a poco que casi no se nota, una lozanía que se va perdiendo, aunque esto no se reconozca o se mira para otro lado del espejo con una imagen que acusa el paso del tiempo.
En la carrera de bacán bacanazo de punta a punta, el infante con más castillos que nadie en el mundo, porque a nadie pero a nadie se le ha ocurrido sino solamente a él, que una forma de ganar feudos y adeptos y mantenerlos, es aquello de estar en uno y en todos lados o no estar en ninguno de los boliches conocidos y concurridos, sus propios castillos con torres y pistas por todos lados, castillos que se inauguran otros que se van fundiendo y otros que vayan a inaugurarse, en los que fueron en los que son y en lo que serán esos antros dicen los viejos y los necios, amargados y olvidados de farras permanentes y ausentes, hay que bancárselas en esas fortalezas dignas de aventuras de camelot en las que es cuestión de tener ascendencia con unas cuantas diosas que encima de estar buenas pueden intercambiarse porque andan predispuestas y calientes, él se repite a cada rato aquello de hazte a la fama y échate a dormir, los demás es apuntar y difusión mucho del boca a boca se dice o se los dice al hombre del espejo, esa difusión tan rápida y eficiente de los chismes nocturnos, justamente esos puteríos por los cuales las locas te marcan y te disputan, afanosas y calentonas, le describe con exageración al otro y se describe a sí mismo con esa arrogancia que es ejercitación para lo que después necesita.
Al del espejo o a cualquiera, sin una pizca de piedad para nadie por las dudas se estén hiriendo susceptibilidades, con pelos y señales a quienes se lo piden, el rey apunta bien cuando apunta, continúa su relato no auténtico como un clon disimulando, resumiendo reduciendo diciendo que hay que tener sabiduría y de la auténtica a la hora de utilizar las estrategias y los cartuchos con la elegida, la beneficiada la afortunada del momento por la acción de sus marcadas infalibles, la dichosa musa de haber sido fichada por él, amante latino dice el papá cuando anda cerca en remembranza del rabito que nadie se acuerda, pinceladas de una larga muy larga larguísima crónica cuyo final depende del control que él tenga de los detalles los innumerables detalles que hay que cubrir para que todo salga ok, al instante o cuando se diera la oportunidad pero con los avatares con los que no se acaba nunca, como si fueran capítulos no cerrados, capítulos vívidos y vividos de una historia con varios the end e inesperados desenlaces mordaces.
La otra costumbre imperdible con ceremoniosas y complejas acciones es también doméstica, y la comparte de hijo de tigre a tigre, con ese animal mañoso y mañero de su padre con el que comienza como a las siete de la tarde de cada día de salida, hablando de libaciones del trago largo del día, trago largo y batido de bacanes con práctica incluida que inician con cerveza pasando al vino y a otras bebidas que confirman ese trago largo en serio, en una progresión que finaliza con alguna mezcolanza rara y con denominaciones que los sorprenden y los divierten como si fueran niños, que traen de cuento de la calle o inventan ellos mismos, como el torpedo, la caipiriña a la que le conocen el origen carioca, el remolino o como calificaran plagiando o sin plagios a esa mezcolanzas de alcohol azúcar y piña colada con chocolate molido y licuado de ananás que les deja el hígado a la miseria o le arruina una salida al mago con una diarrea, pasan horas inventando menjunjes para la parte del show propio que continúa ya en la barahúnda reservada a niñas enamoradizas y acompañantes encolerizados, de poco o nada, si al final de cuentas sus tiempos son limitados como los tiempos de cualquiera, descubrimientos a dúos y complicidades filiales que le permiten al ungido hacer más tarde sugerencias y bromas a los barman profesionales, a los mismo que cada noche de las que anda baten ciento de cubas al ritmo de la música al ritmos de la noche, que sale de los bafles o parlantes según papá a bastante más de setenta decibeles, después de todos se trata de tareas con mucho de insalubre, y el hidalgo en algún momento pide pista para que otros tengan sus oportunidades.
A sus primeros ritos mundanos ya los cumplió en su casa, rebusques que algunos de los tilingos con los que se verá no entendieron jamás ni entienden ni entenderán cuando trata de explicárselos o más bien cuando apela a que ellos lo entiendan.
De todos los que sin dudas repasa siempre con aplaudidores en su circo escenario propio, hay uno entrañable que por lo general despliega en el baño o en el dormitorio frente al espejo, como si hablara con otro o se trenzara con las sombras en monólogos que no cesan, se concentra para contar su historia fabulosa que como en toda historia fabulosa empieza con un había una vez un príncipe, un delfín corrige la mamá consentidora cuando lo escucha y que entre otras marcas no lo deja tranquilo con eso de perseguirlo para limpiarle con hisopos las orejas por afuera y por adentro y con sacarle de las uñas la roña, un grandote de esos para esos arrumacos exagerados, y un canchero en la parla fuera de onda de papá que entre un guiño de ajitos y otro se lancea seguido con eso de organizar una salida un joda los dos solos, tigre con añoranzas, hijo de tigre continúa su cuento relatándole al que desde el espejo le confirma solo los gestos, y el reflejo de una lozanía que poco a poco que casi no se nota, una lozanía que se va perdiendo, aunque esto no se reconozca o se mira para otro lado del espejo con una imagen que acusa el paso del tiempo.
En la carrera de bacán bacanazo de punta a punta, el infante con más castillos que nadie en el mundo, porque a nadie pero a nadie se le ha ocurrido sino solamente a él, que una forma de ganar feudos y adeptos y mantenerlos, es aquello de estar en uno y en todos lados o no estar en ninguno de los boliches conocidos y concurridos, sus propios castillos con torres y pistas por todos lados, castillos que se inauguran otros que se van fundiendo y otros que vayan a inaugurarse, en los que fueron en los que son y en lo que serán esos antros dicen los viejos y los necios, amargados y olvidados de farras permanentes y ausentes, hay que bancárselas en esas fortalezas dignas de aventuras de camelot en las que es cuestión de tener ascendencia con unas cuantas diosas que encima de estar buenas pueden intercambiarse porque andan predispuestas y calientes, él se repite a cada rato aquello de hazte a la fama y échate a dormir, los demás es apuntar y difusión mucho del boca a boca se dice o se los dice al hombre del espejo, esa difusión tan rápida y eficiente de los chismes nocturnos, justamente esos puteríos por los cuales las locas te marcan y te disputan, afanosas y calentonas, le describe con exageración al otro y se describe a sí mismo con esa arrogancia que es ejercitación para lo que después necesita.
Al del espejo o a cualquiera, sin una pizca de piedad para nadie por las dudas se estén hiriendo susceptibilidades, con pelos y señales a quienes se lo piden, el rey apunta bien cuando apunta, continúa su relato no auténtico como un clon disimulando, resumiendo reduciendo diciendo que hay que tener sabiduría y de la auténtica a la hora de utilizar las estrategias y los cartuchos con la elegida, la beneficiada la afortunada del momento por la acción de sus marcadas infalibles, la dichosa musa de haber sido fichada por él, amante latino dice el papá cuando anda cerca en remembranza del rabito que nadie se acuerda, pinceladas de una larga muy larga larguísima crónica cuyo final depende del control que él tenga de los detalles los innumerables detalles que hay que cubrir para que todo salga ok, al instante o cuando se diera la oportunidad pero con los avatares con los que no se acaba nunca, como si fueran capítulos no cerrados, capítulos vívidos y vividos de una historia con varios the end e inesperados desenlaces mordaces.
La otra costumbre imperdible con ceremoniosas y complejas acciones es también doméstica, y la comparte de hijo de tigre a tigre, con ese animal mañoso y mañero de su padre con el que comienza como a las siete de la tarde de cada día de salida, hablando de libaciones del trago largo del día, trago largo y batido de bacanes con práctica incluida que inician con cerveza pasando al vino y a otras bebidas que confirman ese trago largo en serio, en una progresión que finaliza con alguna mezcolanza rara y con denominaciones que los sorprenden y los divierten como si fueran niños, que traen de cuento de la calle o inventan ellos mismos, como el torpedo, la caipiriña a la que le conocen el origen carioca, el remolino o como calificaran plagiando o sin plagios a esa mezcolanzas de alcohol azúcar y piña colada con chocolate molido y licuado de ananás que les deja el hígado a la miseria o le arruina una salida al mago con una diarrea, pasan horas inventando menjunjes para la parte del show propio que continúa ya en la barahúnda reservada a niñas enamoradizas y acompañantes encolerizados, de poco o nada, si al final de cuentas sus tiempos son limitados como los tiempos de cualquiera, descubrimientos a dúos y complicidades filiales que le permiten al ungido hacer más tarde sugerencias y bromas a los barman profesionales, a los mismo que cada noche de las que anda baten ciento de cubas al ritmo de la música al ritmos de la noche, que sale de los bafles o parlantes según papá a bastante más de setenta decibeles, después de todos se trata de tareas con mucho de insalubre, y el hidalgo en algún momento pide pista para que otros tengan sus oportunidades.
Sunday, May 01, 2011
trago largo mentiras de patas cortas - I -
Trago largo- I –
Aceleró para que a su enduro le entrara la tercera, esa tercera automática que da justo la velocidad que lo lleva a unos y otros de los conocidos lugares en los que como siempre habrá gente para mirarlo, fijándose en él las mujeres y emulándolo y diciendo por los bajo miserable los varones, esos tipillos cuya mala leche será neutralizada con sus trampas, con su pinta con su prestancias con su porte con sus estampas, minutos antes casi segundos casi milésimas de segundos, marcó su destreza convalidó su maestría en la salida gloriosa desde su casa, en la parte del espectáculo que es para el público de la cuadra, a lo sumo para el numeroso gentío de la cuadra en los que vive desde que se acuerda, gastando cubiertas que no paga y paga el padre, con el envión inicial y un willi increíble que lo puso de cara al cielo, de cara a la vida que derrocha de cara a la plenitud de todas las plenitudes, y que le valieron de seguro porque lo siente desde hace mucho, dos o tres suspiros profundos de las niñas que lo aman en secreto, dos o tres dicterios de los papás de las niñas que piensan porqué no se va con el ruido a otra parte, o ahí mismo donde él debe suponer cada vez que arma el bochinche, y dos o tres rabietas que pasan de castaño oscuro los novios barriales de las niñas que de seguro piensan si puedes hacerte pomada por ahí lo antes posible, joya.
Una noche del séptimo día de la semana empieza y pinta invariable aunque truene o llueva, preocuparse por eso es cosa de giles, como todas las noches de los sextos y séptimos días de las semanas de todos los meses de todos los últimos años, bomba, dice él mismo, y bien al estilo de los potros, aunque ha empezado a sentir un poco de cansancio y presienta que está un poco pasado de años, pero minga que lo va a demostrar, porque asó marca a los que tienen algunos años de menos y a los otros con unos cuantos abriles de más, a esos que cuando miran una mina ellas mismas los califican de babosos aunque se desesperan porque las mires, babosos, categoría a la que él nunca entrará, a él las mujeres lo escudriñan y hay que verlas y lo hacen con todo un reaseguro por las dudas lo pierdan, se repite vanidoso sabiendo que no solamente lo aman sino que también lo mantienen.
Atravesó avenidas iluminadas con la luz amarilla del gas neón y concurridas calles de gente festiva y noctámbula, sonámbulos en estados de diversos trances, atravesó bulevares y plazas para llegar al lugar del aguante, tipo espléndido fiesta espléndida joda espléndida, se va repitiendo pagado de sí mismo como le repiten sus amigos, cuando se animan a hablarlo y a él no le importa si lo hacen o no lo hacen, tipo rumboso emergiendo de la vulgaridad, así y engreído y excéntrico se apresta a continuar con sus rutinas conocidas y preferidas, por un tris ceremonias lisas y llanas y llenas de formas y formalismos, de informalismos que solo él conoce de palmo a palmo, y bien de memoria, que recita de memoria que no utilizó y como no recitó en los colegios donde fuera, oraciones que son sus oraciones y que repite como si fuera una obligación, y una estricta disciplina apuntalada por sus padres, que lo consienten más de la cuenta con un amor cercano a lo enfermizo, para el hijo que llegó después de varios intentos, esos intentos que a veces agradan y a veces desagradan y a veces desangran y a veces desgarran, el flaco ahora rociado de perfumes de macho, fragancias no convencionales y con nombres estrambóticos como axe o embrujo gitano, elegidos personalmente y con picardía para que nadie dude de su hombría, en una época de tanto maricón y encima andando por la calle.
Aceleró para que a su enduro le entrara la tercera, esa tercera automática que da justo la velocidad que lo lleva a unos y otros de los conocidos lugares en los que como siempre habrá gente para mirarlo, fijándose en él las mujeres y emulándolo y diciendo por los bajo miserable los varones, esos tipillos cuya mala leche será neutralizada con sus trampas, con su pinta con su prestancias con su porte con sus estampas, minutos antes casi segundos casi milésimas de segundos, marcó su destreza convalidó su maestría en la salida gloriosa desde su casa, en la parte del espectáculo que es para el público de la cuadra, a lo sumo para el numeroso gentío de la cuadra en los que vive desde que se acuerda, gastando cubiertas que no paga y paga el padre, con el envión inicial y un willi increíble que lo puso de cara al cielo, de cara a la vida que derrocha de cara a la plenitud de todas las plenitudes, y que le valieron de seguro porque lo siente desde hace mucho, dos o tres suspiros profundos de las niñas que lo aman en secreto, dos o tres dicterios de los papás de las niñas que piensan porqué no se va con el ruido a otra parte, o ahí mismo donde él debe suponer cada vez que arma el bochinche, y dos o tres rabietas que pasan de castaño oscuro los novios barriales de las niñas que de seguro piensan si puedes hacerte pomada por ahí lo antes posible, joya.
Una noche del séptimo día de la semana empieza y pinta invariable aunque truene o llueva, preocuparse por eso es cosa de giles, como todas las noches de los sextos y séptimos días de las semanas de todos los meses de todos los últimos años, bomba, dice él mismo, y bien al estilo de los potros, aunque ha empezado a sentir un poco de cansancio y presienta que está un poco pasado de años, pero minga que lo va a demostrar, porque asó marca a los que tienen algunos años de menos y a los otros con unos cuantos abriles de más, a esos que cuando miran una mina ellas mismas los califican de babosos aunque se desesperan porque las mires, babosos, categoría a la que él nunca entrará, a él las mujeres lo escudriñan y hay que verlas y lo hacen con todo un reaseguro por las dudas lo pierdan, se repite vanidoso sabiendo que no solamente lo aman sino que también lo mantienen.
Atravesó avenidas iluminadas con la luz amarilla del gas neón y concurridas calles de gente festiva y noctámbula, sonámbulos en estados de diversos trances, atravesó bulevares y plazas para llegar al lugar del aguante, tipo espléndido fiesta espléndida joda espléndida, se va repitiendo pagado de sí mismo como le repiten sus amigos, cuando se animan a hablarlo y a él no le importa si lo hacen o no lo hacen, tipo rumboso emergiendo de la vulgaridad, así y engreído y excéntrico se apresta a continuar con sus rutinas conocidas y preferidas, por un tris ceremonias lisas y llanas y llenas de formas y formalismos, de informalismos que solo él conoce de palmo a palmo, y bien de memoria, que recita de memoria que no utilizó y como no recitó en los colegios donde fuera, oraciones que son sus oraciones y que repite como si fuera una obligación, y una estricta disciplina apuntalada por sus padres, que lo consienten más de la cuenta con un amor cercano a lo enfermizo, para el hijo que llegó después de varios intentos, esos intentos que a veces agradan y a veces desagradan y a veces desangran y a veces desgarran, el flaco ahora rociado de perfumes de macho, fragancias no convencionales y con nombres estrambóticos como axe o embrujo gitano, elegidos personalmente y con picardía para que nadie dude de su hombría, en una época de tanto maricón y encima andando por la calle.
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cuentos del abuelo que no son más que cuentos que se van copiando a lo largo del tiempo
MIAMI.- Uno tiende a pensar que las canciones infantiles no son otra cosa que tradición oral de origen incierto, convertida en dominio público y, como consecuencia, creaciones exentas de todo reclamo propietario.
"Sobre el puente de Avignon", por ejemplo, es una canción francesa del siglo XV y alude al famoso puente medieval de Saint-Benézet, que se extendía sobre el Ródano. Y "Mambrú se fue a la guerra" fue compuesta en 1709, tras la Batalla de Malplaquet, donde Gran Bretaña y Francia se enfrentaron para dirimir la sucesión española. El Mambrú en cuestión era el duque de Marlborough, a quien los franceses creían muerto.
Pero nadie conoce la identidad de sus creadores y en algunos casos, como el de Mambrú, se sospecha que se trata de una melodía originalmente árabe, que llegó a Francia con las cruzadas.
No es el caso de "Happy Birthday To You" ("Feliz cumpleaños"), considerada por el libro Guinness de récords la canción más popular del mundo, entonada en los más variados niveles de disonancia y en una multitud de lenguas en aniversarios de bebes, adultos y ancianos, incluida en cajas de música, teléfonos celulares y tarjetas de aniversario, llevada al espacio como uno de los testimonios de la cultura del planeta Tierra y memorablemente cantada por Marilyn Monroe el 19 de mayo de 1962 (78 días antes de su suicidio) a su amante, el presidente John F. Kennedy, en una celebración multitudinaria en el Madison Square Garden.
"Happy Birthday To You" no sólo tiene un origen comprobado, sino que además tiene dueño y copyright, y es objeto de una fascinante batalla legal por lo que podría representar unos 2.000.000 de dólares anuales en concepto de derechos de autor.
La historia comienza en 1893, cuando las hermanas Mildred y Patty Smith Hill, maestras jardineras de Kentucky, confeccionaron un libro titulado Cuentos cantados para el j ardín de infantes, que fue publicado por la editorial Clayton F. Summy Co., de Chicago.
La primera canción del libro se titulaba "Buenos días a todos", pero durante un cumpleaños del que las hermanas participaron, Patty sugirió cambiar la letra de la canción por "Happy Birthday To You", como una manera de homenajear a la niña que ese día celebraba su aniversario.
Esto es, en realidad, lo que se supone, porque no existe documentación que establezca que la letra de "Happy Birthday To You", de apenas cuatro líneas, sea efectivamente autoría de Patty Smith.
En marzo de 1924, un editor llamado Robert H. Coleman publicó una versión de "Buenos días a todos", que incorporaba la letra de "Happy Birthday" como alternativa. Con el advenimiento del cine y de la radio, la canción alcanzó una extraordinaria popularidad.
En 1931, fue incluida en el musical The Band Wagon , de George S. Kaufman y Howard Dietz, que protagonizaron Fred Astaire y su hermana, Adele, y dos años más tarde, cuando la Western Union lanzó su primer telegrama cantado, eligió "Happy Birthday To You" como su primera canción.
Fue, precisamente, en 1933, cuando Irving Berlin volvió a usar la canción en su comedia musical As Thousands Cheer ( Mientras miles vitorean ) que Jessica Hill, la tercera de las hermanas Hill, decidió emprender acciones legales.
Tras demostrar la similitud entre la canción original y "Happy Birthday To You", Jessica Hill logró que una corte la autorizara a registrar la nueva versión, que obtuvo un copyright en 1934.
La compañía Summy de Chicago publicó la canción en 1935. Según la legislación en vigor, los derechos debían expirar en 28 años, pero el acta del derecho de autor sancionada en 1976 los extendió hasta 2010. Y en 1998, a propósito de una disputa en torno de una canción de Sonny Bono, la Corte Suprema norteamericana añadió 20 años más al derecho de autor, lo que prolongó el copyright sobre "Happy Birthday To You" hasta 2030.
Algunos expertos, como Robert Brauneis, de la Universidad George Washington, argumentan que si bien los méritos para registrar una canción popular son válidos, en el caso de "Happy Birthday To You", los argumentos se ven anulados por la inexistencia de pruebas fehacientes acerca de quién escribió la letra de la canción.
Si todo esto hace dudar al lector acerca de la conveniencia de cantar "Happy Birthday" la próxima vez que algún familiar cumpla años, a riesgo de que aparezca alguien de Sadaic a reclamar los royalties, tranquilícese. Las demandas sólo se aplican a la explotación comercial de la canción, no a las fiestas familiares.
(tradición conocida gracias a mario diament en una nación de 2009)
"Sobre el puente de Avignon", por ejemplo, es una canción francesa del siglo XV y alude al famoso puente medieval de Saint-Benézet, que se extendía sobre el Ródano. Y "Mambrú se fue a la guerra" fue compuesta en 1709, tras la Batalla de Malplaquet, donde Gran Bretaña y Francia se enfrentaron para dirimir la sucesión española. El Mambrú en cuestión era el duque de Marlborough, a quien los franceses creían muerto.
Pero nadie conoce la identidad de sus creadores y en algunos casos, como el de Mambrú, se sospecha que se trata de una melodía originalmente árabe, que llegó a Francia con las cruzadas.
No es el caso de "Happy Birthday To You" ("Feliz cumpleaños"), considerada por el libro Guinness de récords la canción más popular del mundo, entonada en los más variados niveles de disonancia y en una multitud de lenguas en aniversarios de bebes, adultos y ancianos, incluida en cajas de música, teléfonos celulares y tarjetas de aniversario, llevada al espacio como uno de los testimonios de la cultura del planeta Tierra y memorablemente cantada por Marilyn Monroe el 19 de mayo de 1962 (78 días antes de su suicidio) a su amante, el presidente John F. Kennedy, en una celebración multitudinaria en el Madison Square Garden.
"Happy Birthday To You" no sólo tiene un origen comprobado, sino que además tiene dueño y copyright, y es objeto de una fascinante batalla legal por lo que podría representar unos 2.000.000 de dólares anuales en concepto de derechos de autor.
La historia comienza en 1893, cuando las hermanas Mildred y Patty Smith Hill, maestras jardineras de Kentucky, confeccionaron un libro titulado Cuentos cantados para el j ardín de infantes, que fue publicado por la editorial Clayton F. Summy Co., de Chicago.
La primera canción del libro se titulaba "Buenos días a todos", pero durante un cumpleaños del que las hermanas participaron, Patty sugirió cambiar la letra de la canción por "Happy Birthday To You", como una manera de homenajear a la niña que ese día celebraba su aniversario.
Esto es, en realidad, lo que se supone, porque no existe documentación que establezca que la letra de "Happy Birthday To You", de apenas cuatro líneas, sea efectivamente autoría de Patty Smith.
En marzo de 1924, un editor llamado Robert H. Coleman publicó una versión de "Buenos días a todos", que incorporaba la letra de "Happy Birthday" como alternativa. Con el advenimiento del cine y de la radio, la canción alcanzó una extraordinaria popularidad.
En 1931, fue incluida en el musical The Band Wagon , de George S. Kaufman y Howard Dietz, que protagonizaron Fred Astaire y su hermana, Adele, y dos años más tarde, cuando la Western Union lanzó su primer telegrama cantado, eligió "Happy Birthday To You" como su primera canción.
Fue, precisamente, en 1933, cuando Irving Berlin volvió a usar la canción en su comedia musical As Thousands Cheer ( Mientras miles vitorean ) que Jessica Hill, la tercera de las hermanas Hill, decidió emprender acciones legales.
Tras demostrar la similitud entre la canción original y "Happy Birthday To You", Jessica Hill logró que una corte la autorizara a registrar la nueva versión, que obtuvo un copyright en 1934.
La compañía Summy de Chicago publicó la canción en 1935. Según la legislación en vigor, los derechos debían expirar en 28 años, pero el acta del derecho de autor sancionada en 1976 los extendió hasta 2010. Y en 1998, a propósito de una disputa en torno de una canción de Sonny Bono, la Corte Suprema norteamericana añadió 20 años más al derecho de autor, lo que prolongó el copyright sobre "Happy Birthday To You" hasta 2030.
Algunos expertos, como Robert Brauneis, de la Universidad George Washington, argumentan que si bien los méritos para registrar una canción popular son válidos, en el caso de "Happy Birthday To You", los argumentos se ven anulados por la inexistencia de pruebas fehacientes acerca de quién escribió la letra de la canción.
Si todo esto hace dudar al lector acerca de la conveniencia de cantar "Happy Birthday" la próxima vez que algún familiar cumpla años, a riesgo de que aparezca alguien de Sadaic a reclamar los royalties, tranquilícese. Las demandas sólo se aplican a la explotación comercial de la canción, no a las fiestas familiares.
(tradición conocida gracias a mario diament en una nación de 2009)
boludeces de humor negro que circulan
por el ciberespacio y por la calle
Hay un tipo gangoso sentado en un banco del Central Park de Nueva York,
en la noche de Nochebuena, cuando de pronto se acerca una dama y se
sienta a su lado. El tipo, que andaba solo, para romper el hielo le dice:
- ¡Ghola!
- ¡Ghola!
- ¿Ghos tanguien shos gangosa...?
- Shi.
- ¿Y haglás Eskañol?
- Shi.
- ¡Lo único que te jaltaria esh sher Arlgentina!
- Shi, shoy Arlgentina.
- ¡Uy! ¡Qué shuerte! ¡Yo tamguien shoy Arlgentino! Yo eskaba solo acá
shentado hoy que esh noche guena y jhusto akareciste vosh que tamguien
shos gangosa y Arlgentina. ¿Que te karece shi hacemos algo...?
- Gueno, ashi ninguno de los dosh she queda sholo.
Entonces se van los dos a cenar. Empiezan a charlar, a conocerse y se van
a pasar la Nochebuena en un Hotel. Se encaman, y luego de unas horas de
sexo, lujuria y placer se produce la siguiente conversación:
- Oguime, le dice la chica, tengho que confesharte algho.
- ¿Qué esh?
- Tengho Sida...
- ¡Ah...! ¡Güenísimo! ¡ ¡Yho tengho Pan Dulce!
Hay un tipo gangoso sentado en un banco del Central Park de Nueva York,
en la noche de Nochebuena, cuando de pronto se acerca una dama y se
sienta a su lado. El tipo, que andaba solo, para romper el hielo le dice:
- ¡Ghola!
- ¡Ghola!
- ¿Ghos tanguien shos gangosa...?
- Shi.
- ¿Y haglás Eskañol?
- Shi.
- ¡Lo único que te jaltaria esh sher Arlgentina!
- Shi, shoy Arlgentina.
- ¡Uy! ¡Qué shuerte! ¡Yo tamguien shoy Arlgentino! Yo eskaba solo acá
shentado hoy que esh noche guena y jhusto akareciste vosh que tamguien
shos gangosa y Arlgentina. ¿Que te karece shi hacemos algo...?
- Gueno, ashi ninguno de los dosh she queda sholo.
Entonces se van los dos a cenar. Empiezan a charlar, a conocerse y se van
a pasar la Nochebuena en un Hotel. Se encaman, y luego de unas horas de
sexo, lujuria y placer se produce la siguiente conversación:
- Oguime, le dice la chica, tengho que confesharte algho.
- ¿Qué esh?
- Tengho Sida...
- ¡Ah...! ¡Güenísimo! ¡ ¡Yho tengho Pan Dulce!
ADN
ADN, los derechos y los ácidos. No sé mucho de los derechos a darse cuenta de que la privacidad es la privacidad y ninguna ley puede cambiar de una entidad de este tipo fuera de la condición humana, o la cosmética o la justificación de un derecho natural e inherente a lo esencial de nuestra más pura naturaleza, y que esto es como un apoyo a la vida antes de que otros principios, si uno trató de construir un sistema o establecer prioridad sobre lo que está aguas arriba o aguas abajo en este autodeterminada, y con independencia de tema o la implicación de otra u otras personas en esta iniciativa. Por supuesto, las líneas que marcan los espacios reales y virtuales en todo esto son muy indefinida ya veces hace que el avance hacia lo que aún no se sabe si se hiciese lo que con la eutanasia, o en un extremo opuesto a incurrir en errores extraordinarios como privar a alguien de libertad no recordar el número de identificación de la memoria o su look hippie de desgracia como lo fue para la Argentina en los años setenta. La intimidad es la intimidad y creo francamente que debemos estar de acuerdo - no palabrería - la mayoría de las personas que habitan este planeta, pero privacidad que no debe confundirse con el privado, como parte de nuestra personalidad es constitutiva, pero no es determinante de nuestra función social se despliega en una amplia gama de posibilidades, y luego sucede que alguien quiere meterse con nuestra privacidad sin una petición o similares , también puede ser individual más o menos dispuestos a compartir nuestra intimidad con uno u otro o directamente a no compartir. El que fue violada, sin duda, es herido en sustancia, sino la sociedad en su sistema como se señaló en ese caso a quien la lesión y, en general condenando la actitud, pero no heridos alivio al que sufre y en todo caso sólo contiene el enigma nunca es recuperada por el individual y así es como entrar en el gran área de gris que existe en esta materia que va del negro al blanco, ya la tercera, que, como grupo lo resolvemos nuestras lesiones socialmente con los que obtenemos asuma que sufrió una lesión en su intimidad somos que no participan, lo hacemos a veces y otras no ?, ¿cómo lo que otros entienden que debemos comprometernos con la privacidad de los demás, especialmente cuando la persona no solicita o cuando lo solicite expresamente, o si la persona no lo hace? ¿Por qué habría de lo que otros quieren ser y no es lo que debería ser? ¿Está bien que otra carga generacional se convierte en uno que pertenece a otra generación? ¿Hay alguien en el sistema con la capacidad de sopesar las decisiones íntimas no es socialmente perjudicial, ¿alguien puede obligar a otro para alterar las decisiones subjetivas? Aunque las costumbres argentinas como nos inclinamos a menudo para tomar el lugar de los dioses intimidad es la intimidad, y aunque se encuentran con la base para los que no se ve bien para obligar a alguien compulsivamente directa o indirectamente a someterse a las pruebas de ADN para determinar su por caso o formular objeciones si hay razones que podrían desencadenar acciones, para asegurarse de que la decisión de convertir esas características cualquiera de los términos de la ecuación esa es nuestra inherente e inviolable espléndida privacidad, o la totalidad de sus términos. En cuanto a la integridad, en su resolución y si las normas que puedan estar en ese sentido la estatura de su propia probidad es primero una decisión individual y la privación y si uno es conjunto y también con su entorno que no es perjudicial, no hay razón alguien puede reclamar el derecho a oponerse, porque de la misma manera que podría desafiar lo que creemos es posiblemente el otro, evidentemente, más de un lío armar estilo argentino con piquete y todo, y razones más legítimos distintos de los que se hicieron sobre si son incompatibles con ellos mismos, y mucho menos si éstos pertenecen al anuncio para la afiliación de uno mismo. ¿Cuántos ejemplos de problemas no resueltos en nuestra sociedad es sólo porque la gente elige para preservar su integridad? Debido a la dignidad, porque la vergüenza y la sobriedad son instintos independientes están en un nivel más alto que la evaluación externa de la honra o deshonra a sí mismo. ¿Es el voluntarismo honor individual una variable dependiente de otra u otras personas? Como el umbral de la identidad, es decir, antes mucho antes de la inexactitud probable de tercero para la medición de índices de audiencia muy personales y también por su forma de elección auto-mal es pre errores por proxy, tanto más si la información, comunicación o conocimiento se impregnan con un ácido rencor del árbitro.
copiando del álbum de belén; casa blanca
About Me
- inca paz
- Inca Paz también puede ser este ¿no?, de mi vida si te interesa preguntá, y sino todo bien
historia argentina contemporánea
Fernando Peña
29.03.2008
Cristina, mucho gusto. Mi nombre es Fernando Peña, soy actor, tengo 45 años y soy uruguayo. Peco de inocente si pienso que usted no me conoce, pero como realmente no lo sé, porque no me cabe duda que debe de estar muy ocupada últimamente trabajando para que este país salga adelante, cometo la formalidad de presentarme. Siempre pienso lo difícil que debe ser manejar un país... Yo seguramente trabajo menos de la mitad que usted y a veces me encuentro aturdido por el estrés y los problemas. Tengo un puñado de empleados, todos me facturan y yo pago IVA, le aclaro por las dudas, y eso a veces no me deja dormir porque ellos están a mi cargo. ¡Me imagino usted! Tantos millones de personas a su cargo, ¡qué lío, qué hastío! La verdad es que no me gustaría estar en sus zapatos. Aunque le confieso que me encanta travestirme, amo los tacos y algunos de sus zapatos son hermosísimos. La felicito por su gusto al vestirse.Mi vida transcurre de una manera bastante normal: trabajo en una radio de siete a diez de la mañana, después generalmente duermo hasta la una y almuerzo en mi casa. Tengo una empleada llamada María, que está conmigo hace quince años y me cocina casero y riquísimo, aunque veces por cuestiones laborales almuerzo afuera. Algunos días se me hacen más pesados porque tengo notas gráficas o televisivas o ensayos, pruebas de ropa, estudio el guión o preparo el programa para el día siguiente, pero por lo general no tengo una vida demasiado agitada. Mi celular suena mucho menos que el suyo, y todavía por suerte tengo uno solo. Pero le quiero contar algo que ocurrió el miércoles pasado. Es que desde entonces mi celular no deja de sonar: Telefe, Canal 13, Canal 26, diarios, revistas, Télam… De pronto todos quieren hablar conmigo. Siempre quieren hablar conmigo cuando soy nota, y soy nota cuando me pasa algo feo, algo malo. Cuando estoy por estrenar una obra de teatro –mañana, por ejemplo– nadie llama. Para eso nadie llama. Llaman cuando estoy por morirme, cuando hago algún “escándalo” o, en este caso, cuando fui palangana para los vómitos de Luis D’Elía. Es que D’Elía se siente mal. Se siente mal porque no es coherente, se siente mal porque no tiene paz. Alguien que verbaliza que quiere matar a todos los blancos, a todos los rubios, a todos los que viven donde él no vive, a todos lo que tienen plata, no puede tener paz, o tiene la paz de Mengele.Le cuento que todo empezó cuando llamé a la casa de D’Elía el miércoles porque quería hablar tranquilo con él por los episodios del martes: el golpe que le pegó a un señor en la plaza. Me atendió su hijo, aparentemente Luis no estaba. Le pregunté sencillamente qué le había parecido lo que pasó. Balbuceó cosas sin contenido ni compromiso y cortó. Al día siguiente insistí, ya que me parecía justo que se descargara el propio Luis. Me saludó con un “¿qué hacés, sorete?” y empezó a descomponerse y a vomitar, pobre Luis, no paraba de vomitar. ¡Vomitó tanto que pensé que se iba a morir! Estaba realmente muy mal, muy descompuesto. Le quise recordar el día en el que en el cine Metro, cuando Lanata presentó su película Deuda, él me quiso dar la mano y fui yo quien se negó. Me negué, Cristina, porque yo no le doy la mano a gente que no está bien parada, no es mi estilo. Para mí, no estar bien parado es no ser consecuente, no ser fiel. Acepto contradicciones, acepto enojos, peleas, puteadas, pero no tolero a las personas que se cruzan de vereda por algunos pesos. No comparto las ganas de matar. El odio profundo y arraigado tampoco. Las ganas de desunir, de embarullar y de confundir a la gente tampoco. Cuando me cortó diciéndome: “Chau, querido…”, enseguida empezaron los llamados, primero de mis amigos que me advertían que me iban a mandar a matar, que yo estaba loco, que cómo me iba a meter con ese tipo que está tan cerca de los Kirchner, que D’Elía tiene muuuucho poder, que es tremendamente peligroso. Entonces, por las dudas hablé con mi abogado. ¡Mi abogado me contestó que no había nada qué hacer porque el jefe de D’Elía es el ministro del Interior! Entonces sentí un poco de miedo. ¿Es así Cristina? Tranquilíceme y dígame que no, que Luis no trabaja para usted o para algún ministro. Pero, aun siendo así, mi miedo no es que D’Elía me mate, Cristina; mi miedo se basa en que lo anterior sea verdad. ¿Puede ser verdad que este hombre esté empleado para reprimir y contramarchar? ¿Para patotear? ¿Puede ser verdad? Ése es mi verdadero miedo. De todos modos lo dudo.Yo soy actor, no político ni periodista, y a veces, aunque no parezca, soy bastante ingenuo y estoy bastante desinformado. Toda la gente que me rodea, incluidos mis oyentes, que no son pocos, me dicen que sí, que es así. Eso me aterra. Vivir en un país de locos, de incoherentes, de patoteros. Me aterra estar en manos de retorcidos maquiavélicos que callan a los que opinamos diferente. Me aterra el subdesarrollo intelectual, el manejo sucio, la falta de democracia, eso me aterra Cristina. De todos modos, le repito, lo dudo.Pero por las dudas le pido que tenga usted mucho cuidado con este señor que odia a los que tienen plata, a los que tienen auto, a los blancos, a los que viven en zona norte. Cuídese usted también, le pido por favor, usted tiene plata, es blanca, tiene auto y vive en Olivos. A ver si este señor cambia de idea como es su costumbre y se le viene encima. Yo que usted me alejaría de él, no lo tendría sentado atrás en sus actos, ni me reuniría tan seguido con él. De todas maneras, usted sabe lo que hace, no tengo dudas. No pierdo las esperanzas, quiero creer que vivo en un país serio donde se respeta al ciudadano y no se lo corre con otros ciudadanos a sueldo; quiero creer que el dinero se está usando bien, que lo del campo se va a solucionar, que podré volver a ir a Córdoba, a Entre Ríos, a cualquier provincia en auto, en avión, a mi país, el Uruguay… por tierra algún día también.Quiero creer que pronto la Argentina, además de los cuatro climas, Fangio, Maradona y Monzón, va a ser una tierra fértil, el granero del mundo que alguna vez supo ser, que funcionará todo como corresponde, que se podrá sacar un DNI y un pasaporte en menos de un mes, que tendremos una policía seria y responsable, que habrá educación, salud, piripipí piripipí piripipí, y todo lo que usted ya sabe que necesita un país serio. No me cabe duda de que usted lo logrará. También quiero creer que la gente, incluso mis oyentes, hablan pavadas y que Luis D’Elía es un señor apasionado, sanguíneo, al que a veces, como dijo en C5N, se le suelta la cadena. Esa nota la vio, ¿no? Quiero creer, Cristina, que Luis es solamente un loco lindo que a veces se va de boca como todos. Quiero creer que es tan justiciero que en su afán por imponer justicia social se desborda y se desboca. Quiero creer que nunca va a matar a alguien y que es un buen hombre. Quiero creer que ni usted ni nadie le pagan un centavo. Quiero creer que usted le perdona todo porque le tiene estima. Quiero creer que somos latinos y por eso un tanto irreverentes, a veces también agresivos y autoritarios. Quiero creer que D’Elía no me odia y que, la próxima vez que me lo cruce en un cine o donde sea, me haya demostrado que es un hombre coherente, trabajador decente con sueldo en blanco y buenas intenciones.Cuando todo eso suceda, le daré la mano a D’Elía y gritaré: “Viva Cristina”… Cuántas ganas tengo de que todo eso suceda. ¿Estaré pecando de inocente e ingenuo otra vez? Espero que no. La saluda cordialmente,Fernando Peña
Inca Paz puede ser éste que nunca pertenecería a carta abierta
para la memoria y la libertad - ni una palabra más
Es habitual en los últimos tiempos encontrarse con intelectuales y artistas (y también con periodistas)que se dicen cansados de un periodismo crítico de los Kirchner. "Todos se han puesto de acuerdo para hablar mal del Gobierno", se escuchó decir hace poco a un reconocido escritor argentino. ¿Por qué no se cansaron cuando los periodistas criticábamos a Carlos Menem, a Fernando de la Rúa, a Eduardo Duhalde y hasta a Raúl Alfonsín mismo, aunque en este último caso prevaleció siempre, es cierto, el natural cuidado de una democracia recién nacida? En realidad, aquellos fatigados confunden cansancio con coincidencia. Ellos están -y es su derecho- muy cerca del discurso del kirchnerismo, aun cuando les sea difícil unir discurso y realidad, a veces tan divorciados.
El problema no pasaría de ser un duelo inconcluso entre extenuados y resistentes si la solución que se ofrece no fuera extremadamente peligrosa. Lo que agota, dicen, es la opinión.
El periodismo debería limitarse a ser un transportador de informaciones asépticas y un comunicador de posiciones antagónicas con preponderancia de las oficiales, porque el Gobierno tiene la responsabilidad de conducir la nación política. Eso es lo que proponen. En castellano simple y directo: lo que buscan es un periodismo pasteurizado, integrado por mecanógrafos o relatores que deberían limitarse a contar una realidad compleja, impetuosa y cambiante. Imposible de digerir fácilmente, por lo tanto, para el ciudadano preocupado por las cosas rutinarias de su vida.
La primera contradicción surge cuando ninguno de aquellos fatigados alude a las opiniones que florecen en los huertos del kirchnerismo. Ministros, legisladores, periodistas amigos y hasta la Presidenta suelen opinar (¡y cómo!) sobre todo lo que les es adverso. Es, entonces, la opinión del periodismo independiente (sí, independiente) lo que cansa y estaría de más.
Resulta, sin embargo, que no hay una fórmula verdadera para el periodismo que no incluya su función crítica del poder. Un periodismo acrítico, esterilizado y descolorido no tiene ninguna razón para existir. Su posición crítica debe incluir, desde ya, a la oposición, en tanto ésta forma parte del poder actual o del poder futuro. Pero su función crítica (desde la opinión o desde la investigación) debe abarcar sobre todo al poder que gobierna la contingencia. La publicidad de los actos de gobierno corre por cuenta de los funcionarios y de los enormes recursos estatales para promocionarlos, distribuidos arbitrariamente en el caso que nos ocupa.
Un medio periodístico debe incluir también en sus páginas o en sus espacios la opinión (con la condición de que sea seria y responsable) de los que no coinciden con el punto de vista de ese medio de comunicación. La Nacion lo ha hecho hasta cuando se dio el debate por la nueva ley de medios: convocó a sus páginas a políticos e intelectuales que no coincidían con la posición editorial del diario. Es la obligación del periodismo. Pero el medio periodístico y los periodistas cuentan con el derecho ?y el deber? de tener una opinión determinada sobre los sucesos de la vida pública del país. ¿Acaso no dejaría de merecer el necesario respeto (y hasta carecería de la conveniente previsibilidad) un medio al que le diera lo mismo el derecho o el revés de las cosas, las políticas de un color o de otro y las buenas o las malas formas?
La opinión es libre, como dijo hace poco Cristina Kirchner, en una de sus pocas oraciones de aceptación de la libertad del otro. Con todo, el periodismo tiene algunos deberes junto con aquellos derechos. La información que sustenta su opinión debe ser veraz. El chequeo de las versiones es una práctica que jamás debe olvidarse y nunca debe prestarse a las detestables operaciones de prensa que el kirchnerismo frecuenta con más constancia que ningún otro grupo político. Honestidad personal y honestidad intelectual son los atributos que deben marcar el límite moral del periodismo. Es necesario también el cultivo de la coherencia: no hay nada más desconcertante para un lector desprevenido que un medio o un periodista que cambian sus opiniones en todas las esquinas de la vida.
En medio de ese debate, es perceptible la existencia de periodistas jóvenes que se preguntan si es conveniente coincidir con las opiniones de "la empresa" periodística en la que trabajan. Esto es nuevo y es viejo, al mismo tiempo. El kirchnerismo tiene una habilidad enorme para resucitar viejos fantasmas del pasado. Ese enredo muy antiguo entre la libertad de prensa y la "libertad de empresa" había dejado de existir hace más de treinta años.
Hagamos un ejercicio. ¿Por qué no cambiamos las preguntas? ¿Qué tiene de raro, por ejemplo, que un periodista concuerde con el medio en el que trabaja? ¿Acaso las empresas periodísticas no existen también gracias a la composición del buen periodismo? ¿Por qué esas empresas deberían tener, en los casos más notables al menos, intereses contradictorios con las mejores prácticas de la profesión? ¿No es preferible para este oficio de libertarios estar de acuerdo con un diario, donde pasamos parte de nuestras vidas, antes que con un gobierno de políticos pasteleros y fugaces?
La Argentina, en efecto, habita en el pasado. Ningún debate de los últimos meses ha llegado siquiera a la década del 80. ¿Qué hacía tal o cual periodista en 1976, 1977 o 1978? No hacíamos nada. Vivíamos bajo una dictadura y cada uno vivía de lo que podía y como podía. Sólo los que vivieron bajo el peso aplastante y gris de una dictadura saben que no había muchas más cosas para defender que pequeñas cuotas de dignidad. Hagamos de nuevo preguntas desde otro lugar: ¿acaso los únicos periodistas dignos fueron los exiliados o los que se comprometieron firmemente con organizaciones insurgentes de la década del 70? Esa sería, si fuera así, una conclusión injusta, discriminatoria e inaceptable. Otra cosa tan inaceptable como aquélla es la decisión política del Gobierno de cambiar la historia de cada uno de los que considera adversarios.
La síntesis ha llegado a la farsa: o se está con Kirchner o se estuvo con la dictadura.
Feas armas se han usado en los últimos tiempos. A muchos periodistas no les gusta ser protagonistas de esas emisiones de maldad que se emiten por canales oficiales o paraoficiales.
Es cierto que es difícil cuando la vida cambia y ya no se puede caminar con tranquilidad por la calle porque se está a la espera de una agresión verbal o física. Y es más arduo aún aguantar en silencio la insistencia de la calumnia y de la falsedad, repetida hasta el cansancio por los portavoces oficiosos del Gobierno.
Lo único bueno de todo esto es que no hay atajos: habrá que armarse de paciencia, sin resignar los derechos ni los deberes del periodismo. Asumamos también el riesgo de solitarios que corremos en la vía pública. Un periodista con custodia a su alrededor abandona automáticamente su condición de periodista. Dejemos las aparatosas custodias para que se pavoneen los funcionarios y algunos políticos.
Una vez le pregunté a Néstor Kirchner, en esos diálogos de los columnistas con los presidentes que son mitad reservados y mitad públicos, en tiempos en que los periodistas éramos como somos ahora y el ex presidente no había desenfundado un revólver permanente contra nosotros (sólo lo hacía de vez en cuando), cómo imaginaba su destino después del poder. No estaba preparado para esa pregunta. Miró el techo, demoró la respuesta y, al cabo de unos segundos largos como la eternidad, contestó: "Quisiera poder caminar tranquilo por la calle y que la gente común me saludara con un «buen día, doctor». No quiero más que eso". Tal vez dijo sólo lo que él creía que el periodista quería escuchar, como acostumbraba hacerlo, pero si entonces fue sincero ha decidido ahora llevarse por delante aquel proyecto, hasta incinerar su propia ilusión.
© LA NACION
El problema no pasaría de ser un duelo inconcluso entre extenuados y resistentes si la solución que se ofrece no fuera extremadamente peligrosa. Lo que agota, dicen, es la opinión.
El periodismo debería limitarse a ser un transportador de informaciones asépticas y un comunicador de posiciones antagónicas con preponderancia de las oficiales, porque el Gobierno tiene la responsabilidad de conducir la nación política. Eso es lo que proponen. En castellano simple y directo: lo que buscan es un periodismo pasteurizado, integrado por mecanógrafos o relatores que deberían limitarse a contar una realidad compleja, impetuosa y cambiante. Imposible de digerir fácilmente, por lo tanto, para el ciudadano preocupado por las cosas rutinarias de su vida.
La primera contradicción surge cuando ninguno de aquellos fatigados alude a las opiniones que florecen en los huertos del kirchnerismo. Ministros, legisladores, periodistas amigos y hasta la Presidenta suelen opinar (¡y cómo!) sobre todo lo que les es adverso. Es, entonces, la opinión del periodismo independiente (sí, independiente) lo que cansa y estaría de más.
Resulta, sin embargo, que no hay una fórmula verdadera para el periodismo que no incluya su función crítica del poder. Un periodismo acrítico, esterilizado y descolorido no tiene ninguna razón para existir. Su posición crítica debe incluir, desde ya, a la oposición, en tanto ésta forma parte del poder actual o del poder futuro. Pero su función crítica (desde la opinión o desde la investigación) debe abarcar sobre todo al poder que gobierna la contingencia. La publicidad de los actos de gobierno corre por cuenta de los funcionarios y de los enormes recursos estatales para promocionarlos, distribuidos arbitrariamente en el caso que nos ocupa.
Un medio periodístico debe incluir también en sus páginas o en sus espacios la opinión (con la condición de que sea seria y responsable) de los que no coinciden con el punto de vista de ese medio de comunicación. La Nacion lo ha hecho hasta cuando se dio el debate por la nueva ley de medios: convocó a sus páginas a políticos e intelectuales que no coincidían con la posición editorial del diario. Es la obligación del periodismo. Pero el medio periodístico y los periodistas cuentan con el derecho ?y el deber? de tener una opinión determinada sobre los sucesos de la vida pública del país. ¿Acaso no dejaría de merecer el necesario respeto (y hasta carecería de la conveniente previsibilidad) un medio al que le diera lo mismo el derecho o el revés de las cosas, las políticas de un color o de otro y las buenas o las malas formas?
La opinión es libre, como dijo hace poco Cristina Kirchner, en una de sus pocas oraciones de aceptación de la libertad del otro. Con todo, el periodismo tiene algunos deberes junto con aquellos derechos. La información que sustenta su opinión debe ser veraz. El chequeo de las versiones es una práctica que jamás debe olvidarse y nunca debe prestarse a las detestables operaciones de prensa que el kirchnerismo frecuenta con más constancia que ningún otro grupo político. Honestidad personal y honestidad intelectual son los atributos que deben marcar el límite moral del periodismo. Es necesario también el cultivo de la coherencia: no hay nada más desconcertante para un lector desprevenido que un medio o un periodista que cambian sus opiniones en todas las esquinas de la vida.
En medio de ese debate, es perceptible la existencia de periodistas jóvenes que se preguntan si es conveniente coincidir con las opiniones de "la empresa" periodística en la que trabajan. Esto es nuevo y es viejo, al mismo tiempo. El kirchnerismo tiene una habilidad enorme para resucitar viejos fantasmas del pasado. Ese enredo muy antiguo entre la libertad de prensa y la "libertad de empresa" había dejado de existir hace más de treinta años.
Hagamos un ejercicio. ¿Por qué no cambiamos las preguntas? ¿Qué tiene de raro, por ejemplo, que un periodista concuerde con el medio en el que trabaja? ¿Acaso las empresas periodísticas no existen también gracias a la composición del buen periodismo? ¿Por qué esas empresas deberían tener, en los casos más notables al menos, intereses contradictorios con las mejores prácticas de la profesión? ¿No es preferible para este oficio de libertarios estar de acuerdo con un diario, donde pasamos parte de nuestras vidas, antes que con un gobierno de políticos pasteleros y fugaces?
La Argentina, en efecto, habita en el pasado. Ningún debate de los últimos meses ha llegado siquiera a la década del 80. ¿Qué hacía tal o cual periodista en 1976, 1977 o 1978? No hacíamos nada. Vivíamos bajo una dictadura y cada uno vivía de lo que podía y como podía. Sólo los que vivieron bajo el peso aplastante y gris de una dictadura saben que no había muchas más cosas para defender que pequeñas cuotas de dignidad. Hagamos de nuevo preguntas desde otro lugar: ¿acaso los únicos periodistas dignos fueron los exiliados o los que se comprometieron firmemente con organizaciones insurgentes de la década del 70? Esa sería, si fuera así, una conclusión injusta, discriminatoria e inaceptable. Otra cosa tan inaceptable como aquélla es la decisión política del Gobierno de cambiar la historia de cada uno de los que considera adversarios.
La síntesis ha llegado a la farsa: o se está con Kirchner o se estuvo con la dictadura.
Feas armas se han usado en los últimos tiempos. A muchos periodistas no les gusta ser protagonistas de esas emisiones de maldad que se emiten por canales oficiales o paraoficiales.
Es cierto que es difícil cuando la vida cambia y ya no se puede caminar con tranquilidad por la calle porque se está a la espera de una agresión verbal o física. Y es más arduo aún aguantar en silencio la insistencia de la calumnia y de la falsedad, repetida hasta el cansancio por los portavoces oficiosos del Gobierno.
Lo único bueno de todo esto es que no hay atajos: habrá que armarse de paciencia, sin resignar los derechos ni los deberes del periodismo. Asumamos también el riesgo de solitarios que corremos en la vía pública. Un periodista con custodia a su alrededor abandona automáticamente su condición de periodista. Dejemos las aparatosas custodias para que se pavoneen los funcionarios y algunos políticos.
Una vez le pregunté a Néstor Kirchner, en esos diálogos de los columnistas con los presidentes que son mitad reservados y mitad públicos, en tiempos en que los periodistas éramos como somos ahora y el ex presidente no había desenfundado un revólver permanente contra nosotros (sólo lo hacía de vez en cuando), cómo imaginaba su destino después del poder. No estaba preparado para esa pregunta. Miró el techo, demoró la respuesta y, al cabo de unos segundos largos como la eternidad, contestó: "Quisiera poder caminar tranquilo por la calle y que la gente común me saludara con un «buen día, doctor». No quiero más que eso". Tal vez dijo sólo lo que él creía que el periodista quería escuchar, como acostumbraba hacerlo, pero si entonces fue sincero ha decidido ahora llevarse por delante aquel proyecto, hasta incinerar su propia ilusión.
© LA NACION
noticias de babel
cuando los hombres dejan de entenderse sobrevienen las guerras
BBC
La última persona que hablaba la lengua Bo en las islas indias de Andamán, murió a la edad de 85 años, dijo a BBC una lingüista.
La profesora Anvita Abbi aseguró que la muerte de la señora Boa Sr es un hecho de importancia porque uno de las lenguas más antiguas había llegado a su fin.
Agregó que India perdió una "irremplazable" parte de su herencia cultural.
Los dialectos que se hablan en las islas Andamán se cree que se originaron en África.
Algunas tienen incluso 70.000 años de antigüedad.
Las islas son llamadas con frecuencia "el sueño de los antropólogos", ya que son una de las zonas del mundo con mayor diversidad lingüística.
Se acabó
La profesora Abbi –directora del portal en internet "Vanishing Voices of the Great Andamanese"- explicó: "Tras la muerte de sus padres, hace treinta o cuarenta años, Boa era la última persona que lo podía hablar".
Agregó que "estaba casi siempre sola y tuvo que aprender una versión de hindi que se habla en las islas para poder comunicarse con otra gente".
"Sin embargo, siempre tuvo muy buen sentido del humor… su sonrisa era muy fresca y sus carcajadas eran contagiosas".
La lingüista dijo que la muerte de Boa Sr es una pérdida para los científicos que quieren investigar más acerca de los orígenes de las lenguas antiguas, ya que perdieron una pieza vital del rompecabezas.
Hay una creencia general de que los idiomas que se hablan en las islas Andaman pudieran ser los últimos representantes de las lenguas que se hablaron en tiempos pre-neolíticos
Profesora Anvita Abbi
"Hay una creencia general de que los dialectos que se hablan en las Islas Andamán pudieran ser los últimos representantes de las lenguas que se hablaron en tiempos pre-neolíticos". Dijo la profesora Abbi.
"Se piensa que en las Islas Andaman estaban nuestros primeros ancestros", agregó.
El caso de Boa Sr fue destacado también por el grupo Survival International (SI).
"La extinción de la lengua Bo significa que una parte única de la sociedad es ahora sólo una memoria", dijo el director de SI, Stephen Corry.
"Enfermedades importadas"
La profesora Abbi dijo que dos dialectos de las Islas Andamán han muerto en los últimos tres meses y que esto es un tema que causa gran inquietud.
Los académicos han dividido a las tribus de Andamán en cuatro grandes grupos: los Gran Andamaneses, los Jarawa, los Onge, y los Sentineleses.
La profesora Anvita Abbi se hizo muy amiga de Boa Sr.
La profesora Abbi explicó que la mayoría de los habitantes de las Islas Andamán –con excepción de los Sentineleses-, han estado en contacto con indígenas "de tierra firme" y que por eso sufren "enfermedades importadas".
Dijo que los integrantes del grupo de los Gran Andamaneses son alrededor de 50, la mayoría niños, y que viven en la isla Strait, cerca de la capital, Port Blair.
Boa Sr formaba parte de esta comunidad, que está conformada por varias subtribus, en donde se hablan al menos cuatro lenguas.
Los Jarawa cuentan con alrededor de 250 miembros, y viven en la selva, en el centro de Andamán.
La comunidad de los Onge se cree que tiene no más de varios cientos.
"Nunca se ha establecido ningún contacto humano con los Sentineleses, y hasta el día de hoy, se han resistido a cualquier intervención foránea", agregó la profesora.
El destino de los Gran Andamaneses es lo que más preocupa a los académicos, porque los miembros de esa tribu dependen del gobierno indio para sus alimentos y alojamiento, y el alcohol se consume en grandes cantidades
BBC
La última persona que hablaba la lengua Bo en las islas indias de Andamán, murió a la edad de 85 años, dijo a BBC una lingüista.
La profesora Anvita Abbi aseguró que la muerte de la señora Boa Sr es un hecho de importancia porque uno de las lenguas más antiguas había llegado a su fin.
Agregó que India perdió una "irremplazable" parte de su herencia cultural.
Los dialectos que se hablan en las islas Andamán se cree que se originaron en África.
Algunas tienen incluso 70.000 años de antigüedad.
Las islas son llamadas con frecuencia "el sueño de los antropólogos", ya que son una de las zonas del mundo con mayor diversidad lingüística.
Se acabó
La profesora Abbi –directora del portal en internet "Vanishing Voices of the Great Andamanese"- explicó: "Tras la muerte de sus padres, hace treinta o cuarenta años, Boa era la última persona que lo podía hablar".
Agregó que "estaba casi siempre sola y tuvo que aprender una versión de hindi que se habla en las islas para poder comunicarse con otra gente".
"Sin embargo, siempre tuvo muy buen sentido del humor… su sonrisa era muy fresca y sus carcajadas eran contagiosas".
La lingüista dijo que la muerte de Boa Sr es una pérdida para los científicos que quieren investigar más acerca de los orígenes de las lenguas antiguas, ya que perdieron una pieza vital del rompecabezas.
Hay una creencia general de que los idiomas que se hablan en las islas Andaman pudieran ser los últimos representantes de las lenguas que se hablaron en tiempos pre-neolíticos
Profesora Anvita Abbi
"Hay una creencia general de que los dialectos que se hablan en las Islas Andamán pudieran ser los últimos representantes de las lenguas que se hablaron en tiempos pre-neolíticos". Dijo la profesora Abbi.
"Se piensa que en las Islas Andaman estaban nuestros primeros ancestros", agregó.
El caso de Boa Sr fue destacado también por el grupo Survival International (SI).
"La extinción de la lengua Bo significa que una parte única de la sociedad es ahora sólo una memoria", dijo el director de SI, Stephen Corry.
"Enfermedades importadas"
La profesora Abbi dijo que dos dialectos de las Islas Andamán han muerto en los últimos tres meses y que esto es un tema que causa gran inquietud.
Los académicos han dividido a las tribus de Andamán en cuatro grandes grupos: los Gran Andamaneses, los Jarawa, los Onge, y los Sentineleses.
La profesora Anvita Abbi se hizo muy amiga de Boa Sr.
La profesora Abbi explicó que la mayoría de los habitantes de las Islas Andamán –con excepción de los Sentineleses-, han estado en contacto con indígenas "de tierra firme" y que por eso sufren "enfermedades importadas".
Dijo que los integrantes del grupo de los Gran Andamaneses son alrededor de 50, la mayoría niños, y que viven en la isla Strait, cerca de la capital, Port Blair.
Boa Sr formaba parte de esta comunidad, que está conformada por varias subtribus, en donde se hablan al menos cuatro lenguas.
Los Jarawa cuentan con alrededor de 250 miembros, y viven en la selva, en el centro de Andamán.
La comunidad de los Onge se cree que tiene no más de varios cientos.
"Nunca se ha establecido ningún contacto humano con los Sentineleses, y hasta el día de hoy, se han resistido a cualquier intervención foránea", agregó la profesora.
El destino de los Gran Andamaneses es lo que más preocupa a los académicos, porque los miembros de esa tribu dependen del gobierno indio para sus alimentos y alojamiento, y el alcohol se consume en grandes cantidades
la canción desesperada
en pedo querido neruda, en pedo
La canción desesperadaEmerge tu recuerdo de la noche en que estoy. El río anuda al mar su lamento obstinado. Abandonado como los muelles en el alba. Es la hora de partir, oh abandonado! Sobre mi corazón llueven frías corolas. Oh sentina de escombros, feroz cueva de náufragos! En ti se acumularon las guerras y los vuelos. De ti alzaron las alas los pájaros del canto. Todo te lo tragaste, como la lejanía. Como el mar, como el tiempo. Todo en ti fue naufragio! Era la alegre hora del asalto y el beso. La hora del estupor que ardía como un faro. Ansiedad de piloto, furia de buzo ciego, turbia embriaguez de amor, todo en ti fue naufragio! En la infancia de niebla mi alma alada y herida. Descubridor perdido, todo en ti fue naufragio! Te ceñiste al dolor, te agarraste al deseo. Te tumbó la tristeza, todo en ti fue naufragio! Hice retroceder la muralla de sombra, anduve más allá del deseo y del acto. Oh carne, carne mía, mujer que amé y perdí, a ti en esta hora húmeda, evoco y hago canto. Como un vaso albergaste la infinita ternura, y el infinito olvido te trizó como a un vaso. Era la negra, negra soledad de las islas, y allí, mujer de amor, me acogieron tus brazos. Era la sed y el hambre, y tú fuiste la fruta. Era el duelo y las ruinas, y tú fuiste el milagro. Ah mujer, no sé cómo pudiste contenerme en la tierra de tu alma, y en la cruz de tus brazos! Mi deseo de ti fue el más terrible y corto, el más revuelto y ebrio, el más tirante y ávido. Cementerio de besos, aún hay fuego en tus tumbas, aún los racimos arden picoteados de pájaros. Oh la boca mordida, oh los besados miembros, oh los hambrientos dientes, oh los cuerpos trenzados. Oh la cópula loca de esperanza y esfuerzo en que nos anudamos y nos desesperamos. Y la ternura, leve como el agua y la harina. Y la palabra apenas comenzada en los labios. Ese fue mi destino y en él viajó mi anhelo, y en él cayó mi anhelo, todo en ti fue naufragio! Oh, sentina de escombros, en ti todo caía, qué dolor no exprimiste, qué olas no te ahogaron! De tumbo en tumbo aún llameaste y cantaste. De pie como un marino en la proa de un barco. Aún floreciste en cantos, aún rompiste en corrientes. Oh sentina de escombros, pozo abierto y amargo. Pálido buzo ciego, desventurado hondero, descubridor perdido, todo en ti fue naufragio! Es la hora de partir, la dura y fría hora que la noche sujeta a todo horario. El cinturón ruidoso del mar ciñe la costa. Surgen frías estrellas, emigran negros pájaros. Abandonado como los muelles en el alba. Sólo la sombra trémula se retuerce en mis manos. Ah más allá de todo. Ah más allá de todo. Es la hora de partir. Oh abandonado!
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La canción desesperadaEmerge tu recuerdo de la noche en que estoy. El río anuda al mar su lamento obstinado. Abandonado como los muelles en el alba. Es la hora de partir, oh abandonado! Sobre mi corazón llueven frías corolas. Oh sentina de escombros, feroz cueva de náufragos! En ti se acumularon las guerras y los vuelos. De ti alzaron las alas los pájaros del canto. Todo te lo tragaste, como la lejanía. Como el mar, como el tiempo. Todo en ti fue naufragio! Era la alegre hora del asalto y el beso. La hora del estupor que ardía como un faro. Ansiedad de piloto, furia de buzo ciego, turbia embriaguez de amor, todo en ti fue naufragio! En la infancia de niebla mi alma alada y herida. Descubridor perdido, todo en ti fue naufragio! Te ceñiste al dolor, te agarraste al deseo. Te tumbó la tristeza, todo en ti fue naufragio! Hice retroceder la muralla de sombra, anduve más allá del deseo y del acto. Oh carne, carne mía, mujer que amé y perdí, a ti en esta hora húmeda, evoco y hago canto. Como un vaso albergaste la infinita ternura, y el infinito olvido te trizó como a un vaso. Era la negra, negra soledad de las islas, y allí, mujer de amor, me acogieron tus brazos. Era la sed y el hambre, y tú fuiste la fruta. Era el duelo y las ruinas, y tú fuiste el milagro. Ah mujer, no sé cómo pudiste contenerme en la tierra de tu alma, y en la cruz de tus brazos! Mi deseo de ti fue el más terrible y corto, el más revuelto y ebrio, el más tirante y ávido. Cementerio de besos, aún hay fuego en tus tumbas, aún los racimos arden picoteados de pájaros. Oh la boca mordida, oh los besados miembros, oh los hambrientos dientes, oh los cuerpos trenzados. Oh la cópula loca de esperanza y esfuerzo en que nos anudamos y nos desesperamos. Y la ternura, leve como el agua y la harina. Y la palabra apenas comenzada en los labios. Ese fue mi destino y en él viajó mi anhelo, y en él cayó mi anhelo, todo en ti fue naufragio! Oh, sentina de escombros, en ti todo caía, qué dolor no exprimiste, qué olas no te ahogaron! De tumbo en tumbo aún llameaste y cantaste. De pie como un marino en la proa de un barco. Aún floreciste en cantos, aún rompiste en corrientes. Oh sentina de escombros, pozo abierto y amargo. Pálido buzo ciego, desventurado hondero, descubridor perdido, todo en ti fue naufragio! Es la hora de partir, la dura y fría hora que la noche sujeta a todo horario. El cinturón ruidoso del mar ciñe la costa. Surgen frías estrellas, emigran negros pájaros. Abandonado como los muelles en el alba. Sólo la sombra trémula se retuerce en mis manos. Ah más allá de todo. Ah más allá de todo. Es la hora de partir. Oh abandonado!
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aunque nunca llegue, parís, aunque nunca mire tus calles
candela y maría belén; blogs
historias de camas
de diament
MIAMI.- Admitámoslo: si Hollywood hubiera tomado la historia del gobernador Mark Sanford y la hubiera llevado a la pantalla con Richard Gere y Julia Roberts, la gente habría necesitado una toalla para secarse las lágrimas.
¿Qué puede ser más conmovedor que una historia de amor alocado? El adusto gobernador de un estado igualmente adusto, casado con una mujer a cuya fortuna le debe su carrera, con cuatro hijos que puestos en fila trazan una perfecta diagonal, inesperadamente flechado por una porteña de ojos verdes.
¿Cómo contener el palpitar del corazón mientras escucha, como un murmullo distante, el parloteo de sus asesores? ¿Cómo desprenderse de las imágenes que obstinadamente se apoderan de su mente, desplazando cualquier otro pensamiento? Ella es el amor imposible, sí, pero también es el amor.
¿Quién puede sobreponerse al intenso aguijoneo de los recuerdos, a la memoria de la tierna sensación de sus besos, de la sensual curva de sus caderas, al contorno de sus pechos resplandeciendo en la penumbra?
¿Qué espíritu romántico podría dejar de admirar la osadía del gobernador de levantarse un buen día del sillón de su despacho, de la mesa cubierta de anteproyectos y decretos a la firma, de pliegos de presupuestos deficitarios e informes sobre seguridad interior, y dejarlo todo para correr hacia ella?
No le dijo nada a nadie. Nadie supo dónde estaba. Uno de sus asesores insinúa que el gobernador, agobiado por la presión de su trabajo, se ha ido a escalar las montañas Apalaches, como solía hacerlo cuando era chico.
Pero él está en otro lado, volando hacia una Buenos Aires invernal, sucia, intoxicada de debates sobre las inminentes elecciones.
Nada de esto lo amilana porque sabe que al final de ese purgatorio están las calles arboladas del barrio de Palermo, la puerta de cristal, la escultura en el vestíbulo de entrada, el portero somnoliento que baldea la vereda, el ascensor demasiado moroso y, finalmente, ella.
La cama retiene aún el calor de la noche y él se pierde en sus brazos, en sus labios, en el revuelo de su pelo y en las medias palabras que se emiten en el ardor de la pasión.
El amor, aunque efímero, ha triunfado. Mañana no importa. No importan la pretenciosa moralina de los periodistas, los desdeñosos comentarios de políticos rivales, el escándalo, la traición, el precipicio que se abre a sus pies. Nada de eso importa. El corazón ha triunfado.
Lástima que la realidad no tenga la armonía de la ficción literaria. Lástima que haya personajes tan perversos que sean capaces de apoderarse de un intercambio íntimo de correos electrónicos entre amigos y pasárselos anónimamente a la prensa. Lástima que hubo un periodista advertido esperándolo en el aeropuerto de Atlanta. Fin del encantamiento
Pero él no tiene derecho a lamentarse. Después de todo, cayó en el mismo error, debe reconocerlo, cuando cuestionó la "legitimidad moral" de Bill Clinton por su affaire con Mónica Lewinsky y reclamó su juicio político, o cuando criticó a un colega con una historia similar a la suya, diciendo que "violó el juramento a su esposa".
En este punto es donde Richard Gere desaparece y Mark Sanford retoma su rol. Aquí es donde el encantamiento se esfuma y lo que reaparece es la descarada institución del arrepentimiento político.
El gobernador hizo su mea culpa , como antes de él hicieron otros políticos. Las mismas palabras, la misma admisión de haber traicionado a todo el mundo. A su mujer, a sus hijos, a sus amigos, al electorado. Las conferencias de prensa son el confesionario de los funcionarios pecadores. Todo fue un desatino, una pérdida temporaria de la razón. El amor no importa. El corazón es un embaucador. Ahora lo comprende. Lo que importa es la misión, la fe religiosa, los deberes del funcionario.
Hubo otras desprolijidades, es cierto. El viaje anterior a la Argentina pagado con fondos públicos, el abandono de su función, el engaño respecto de su paradero. No exactamente la clase de comportamiento que uno esperaría de Richard Gere. Pero él se propone enmendar las faltas, reponer el dinero, ganar la absolución de su esposa, recuperar la confianza del público.
¿Qué pensará María, a solas en el departamento de Palermo, mirando a su amigo pedir perdón por televisión? ¿Pensará también que al amor es lo de menos?
MIAMI.- Admitámoslo: si Hollywood hubiera tomado la historia del gobernador Mark Sanford y la hubiera llevado a la pantalla con Richard Gere y Julia Roberts, la gente habría necesitado una toalla para secarse las lágrimas.
¿Qué puede ser más conmovedor que una historia de amor alocado? El adusto gobernador de un estado igualmente adusto, casado con una mujer a cuya fortuna le debe su carrera, con cuatro hijos que puestos en fila trazan una perfecta diagonal, inesperadamente flechado por una porteña de ojos verdes.
¿Cómo contener el palpitar del corazón mientras escucha, como un murmullo distante, el parloteo de sus asesores? ¿Cómo desprenderse de las imágenes que obstinadamente se apoderan de su mente, desplazando cualquier otro pensamiento? Ella es el amor imposible, sí, pero también es el amor.
¿Quién puede sobreponerse al intenso aguijoneo de los recuerdos, a la memoria de la tierna sensación de sus besos, de la sensual curva de sus caderas, al contorno de sus pechos resplandeciendo en la penumbra?
¿Qué espíritu romántico podría dejar de admirar la osadía del gobernador de levantarse un buen día del sillón de su despacho, de la mesa cubierta de anteproyectos y decretos a la firma, de pliegos de presupuestos deficitarios e informes sobre seguridad interior, y dejarlo todo para correr hacia ella?
No le dijo nada a nadie. Nadie supo dónde estaba. Uno de sus asesores insinúa que el gobernador, agobiado por la presión de su trabajo, se ha ido a escalar las montañas Apalaches, como solía hacerlo cuando era chico.
Pero él está en otro lado, volando hacia una Buenos Aires invernal, sucia, intoxicada de debates sobre las inminentes elecciones.
Nada de esto lo amilana porque sabe que al final de ese purgatorio están las calles arboladas del barrio de Palermo, la puerta de cristal, la escultura en el vestíbulo de entrada, el portero somnoliento que baldea la vereda, el ascensor demasiado moroso y, finalmente, ella.
La cama retiene aún el calor de la noche y él se pierde en sus brazos, en sus labios, en el revuelo de su pelo y en las medias palabras que se emiten en el ardor de la pasión.
El amor, aunque efímero, ha triunfado. Mañana no importa. No importan la pretenciosa moralina de los periodistas, los desdeñosos comentarios de políticos rivales, el escándalo, la traición, el precipicio que se abre a sus pies. Nada de eso importa. El corazón ha triunfado.
Lástima que la realidad no tenga la armonía de la ficción literaria. Lástima que haya personajes tan perversos que sean capaces de apoderarse de un intercambio íntimo de correos electrónicos entre amigos y pasárselos anónimamente a la prensa. Lástima que hubo un periodista advertido esperándolo en el aeropuerto de Atlanta. Fin del encantamiento
Pero él no tiene derecho a lamentarse. Después de todo, cayó en el mismo error, debe reconocerlo, cuando cuestionó la "legitimidad moral" de Bill Clinton por su affaire con Mónica Lewinsky y reclamó su juicio político, o cuando criticó a un colega con una historia similar a la suya, diciendo que "violó el juramento a su esposa".
En este punto es donde Richard Gere desaparece y Mark Sanford retoma su rol. Aquí es donde el encantamiento se esfuma y lo que reaparece es la descarada institución del arrepentimiento político.
El gobernador hizo su mea culpa , como antes de él hicieron otros políticos. Las mismas palabras, la misma admisión de haber traicionado a todo el mundo. A su mujer, a sus hijos, a sus amigos, al electorado. Las conferencias de prensa son el confesionario de los funcionarios pecadores. Todo fue un desatino, una pérdida temporaria de la razón. El amor no importa. El corazón es un embaucador. Ahora lo comprende. Lo que importa es la misión, la fe religiosa, los deberes del funcionario.
Hubo otras desprolijidades, es cierto. El viaje anterior a la Argentina pagado con fondos públicos, el abandono de su función, el engaño respecto de su paradero. No exactamente la clase de comportamiento que uno esperaría de Richard Gere. Pero él se propone enmendar las faltas, reponer el dinero, ganar la absolución de su esposa, recuperar la confianza del público.
¿Qué pensará María, a solas en el departamento de Palermo, mirando a su amigo pedir perdón por televisión? ¿Pensará también que al amor es lo de menos?
antecedentes para la fundación de agharta
ADN, derechos y ácido.
No hay que saber mucho de derechos para darse cuenta que la intimidad es la intimidad y que ninguna ley modificará desde afuera semejante entidad de la condición humana, y que los que no lo tengan claro pueden cometer errores como privar de la libertad a alguien por su aspecto de hippie en desgracia como era para cualquier argentino en la década esa. La intimidad es la intimidad, y no está bueno retrotraer iniciativas parecidas a las de los setenta y obligar a alguien en forma directa o indirecta para averiguar su ADN por caso, porque si no hay lesión a la libertad del otro la intimidad es integridad y la estatura de la propia probidad es primero una decisión individual y privativa no de un tercero por más que se interponga una loable causa, la intimidad es dignidad y la contrición la vergüenza y la sobriedad son instintos independientes y se encuentran en una frecuencia diferente a la apreciación por parte de un tercero del propio honor o del destructivo deshonor, la intimidad es identidad, y en su forma de elección equivocarse por cuenta propia también es anterior a cometer errores por interpósitas personas, más aún más si la averiguación está impregnada de algún ácido rencor del tercero en discordia.
No hay que saber mucho de derechos para darse cuenta que la intimidad es la intimidad y que ninguna ley modificará desde afuera semejante entidad de la condición humana, y que los que no lo tengan claro pueden cometer errores como privar de la libertad a alguien por su aspecto de hippie en desgracia como era para cualquier argentino en la década esa. La intimidad es la intimidad, y no está bueno retrotraer iniciativas parecidas a las de los setenta y obligar a alguien en forma directa o indirecta para averiguar su ADN por caso, porque si no hay lesión a la libertad del otro la intimidad es integridad y la estatura de la propia probidad es primero una decisión individual y privativa no de un tercero por más que se interponga una loable causa, la intimidad es dignidad y la contrición la vergüenza y la sobriedad son instintos independientes y se encuentran en una frecuencia diferente a la apreciación por parte de un tercero del propio honor o del destructivo deshonor, la intimidad es identidad, y en su forma de elección equivocarse por cuenta propia también es anterior a cometer errores por interpósitas personas, más aún más si la averiguación está impregnada de algún ácido rencor del tercero en discordia.


















