Más vale pájaro en mano que cien
o ciento volando, tal vez lo que vuela sí importa y lo que no vuela no importa o
tal vez lo que vuela no importa y lo que queda sí importa, pero por ahí andamos
y quedamos conformes con lo de menos desconociendo lo que pueda haber de más en
lo que tenemos en lo que no tenemos criaturas embromadas si las hay como somos,
por lo pronto la percepción está en el ADN de la nacionalidad en las hilachas
que mostramos cuando aceptamos sin quejarnos la propina, lo que sobra, el resto
de la abundancia de los escasos que abundan, por eso estamos como estamos
contentos, reclinados repicando con lo que no falta nunca con lo que nos sobra y
salpica que es para unos pocos olvidados de los que son muchos alienados sin
futuros ni esperanzas ni semblanzas ni remembranzas, exiliados que pasamos de
genuflexión en genuflexión ante esos inoperantes que nos aprietan con
gesticulaciones de amables, ordinarias resignaciones que involucran a los que
se conforman con poco o nada en las imjustas subastas cotidianas en las que
pierden los que pierden siempre y ganan los que están acostumbrados a ganar en
todo, con ese otro cuento que no se muerde la mano del que da de comer cuando
no es precisamente la filantropía la virtud más sobresaliente que tenemos.

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